Carta al hermano

Copyright 2007






A la memoria
de L. Ron Hubbard Jr.:
maltratado de chico
y desheredado de grande
por un sujeto adorado
por decenas de miles de idiotas




“La gente no quiere pensar. Quieren entregar el mando de sus vidas para que otros tomen las decisiones por ellos.”

—Sara Northrup Hubbard



Hola Germán:

El domingo nos vimos después de un año que no te veía.

Quizá no respondiste mis correos electrónicos a París porque te reproché, de golpe y porrazo, mucho en una sola misiva. Así que en esta carta me dosificaré y no hablaré de tanta cosa. Primero quisiera comentarte algunas experiencias positivas que he tenido con la gente de la Dianética.

Los cienciólogos de Monterrey me invitaron el mes pasado, avión, hotel y viáticos pagados, para que diera una conferencia denunciando a la siquiatría. Aparecí varias veces en un periódico local y una vez en televisión. Además, hace dos meses di una conferencia en el edificio de Cienciología de avenida Cuauhtémoc en la Ciudad de México: mi primera conferencia en la vida. Hablé contra la siquiatría. La conferencia, que impartí yo solo, duró unas dos horas y me dieron un estruendoso aplauso que aún ahora me sabe a una grata experiencia. Ayer mismo fui con unos cienciólogos a la Cámara de Diputados. Están promoviendo una iniciativa de ley para tratar de impedir que controlen a los niños con drogas siquiátricas en la escuela.

Esto fue lo positivo de mis experiencias en Dianética / Cienciología. Por otra parte, en tu ausencia estuve leyendo el libro que tienes, La ciencia de la supervivencia de Ron Hubbard. Hablando de aquello que él llama “la escala de tono 1.1” en la página 118, un estadio mental supuestamente muy bajo, Hubbard dice: “Este es el nivel del pervertido, del homosexual, del chaquetero. Este es el nivel del subversivo”.

Como sabes, Hubbard tuvo siete hijos con tres distintas esposas: Polly Grubb, Sara Northrup y Mary Sue. Lo único que quiero comentar sobre lo que te escribí a París fue mi última línea de mi correo electrónico: ¿Sabías que mucha gente dice que Quentin Hubbard se suicidó porque su padre lo repudió por gay? (“Este es el nivel del homosexual…” decía la escala de tono de su papá). En la siguiente página de tu libro Hubbard dice:

A estas personas se las debe sacar de la sociedad tan rápido como sea posible e internarlos a todas en un hospital para enfermos mentales.

Así que los cienciólogos odian a la siquiatría y pagan mis pasajes y hoteles cuando el fundador de su iglesia aconsejaba internar a algunos “en un hospital para enfermos mentales” según sus propias palabras.

En tu libro Hubbard no sólo se hecha contra los gays, sino contra las mujeres que (digamos porque las violaron) quieren abortar. En el capítulo 18 Hubbard dice: “En 1.1 una madre intentará abortar”. En La ciencia de la supervivencia Hubbard coquetea fantaseando con el genocidio de estas personas. Por ejemplo, en las páginas 205-6 habla de “deshacerse de ellas con calma y sin pesar”, a lo que añade, “eliminar repentina y bruscamente”, y que “sólo es necesario eliminar a los individuos que están de 2.0 hacia abajo”. Hubbard puso esta ilustración:

Un dictador venezolano decidió una vez acabar con la lepra. Se dio cuenta de que la mayor parte de los leprosos de su país también eran mendigos. Con el simple recurso de reunir y destruir a todos los mendigos de Venezuela, se puso fin a la lepra de ese país.

No perdamos de vista que el blanco de Hubbard no eran los leprosos sino los “supresivos”, en que incluye a los gays (como su hijo Quentin), mujeres que abortan e infinidad de otras personas. Pero Hubbard no termina ahí. En muchos pasajes de tu libro de texto aparecen declaraciones similares. Por ejemplo, en la página 212 habla de otro de sus bajos “tonos”, los que “practican el amor libre” (a pesar de que él tuvo relaciones extramatrimoniales). Y dice cosas aun peores. Sobre los casos de gente perturbada mentalmente Hubbard aconseja “no sientas compasión por él” (página 218).

Quizá creas que éstos son pecadillos ocasionales de Hubbard pero que el corpus general de su edificio es básicamente bueno. Hablemos un poco del negocio en esta religión. Cienciología es la iglesia que más dinero les saca a sus fieles. Para alcanzar el grado de lo que en la secta se denomina “claro” o “aclarado” el estudiante ha debido haber desembolsado unos $50,000 dólares: lo que cuesta un departamento decoroso en la ciudad en que nacimos. Y para llegar al nivel de OT 9 (“tetán operativo” noveno nivel) el estudiante ya debió pagar $380,000 dólares, lo que cuesta una buena casa en Estados Unidos. Obviamente, sólo los cienciólogos ricos pueden llegar a ese nivel. Pero incluso en los niveles para gente de clase media se les hace comprar libro tras libro; cinta tras cinta, durante los interminables cursos.

Quizá creas que el gasto para llegar a los niveles avanzados no es importante. Debo entrar pues en materia sobre la llamada “tech” (abreviación de teachings, las enseñanzas de Hubbard), especialmente el área que conozco mejor: la salud mental.

He leído tres voluminosos libros sobre Hubbard y la Iglesia de Cienciología. Dos fueron escritos por cienciólogos que rompieron con esa iglesia, Bent Corydon y Jon Atack; otro por un biógrafo inglés, Russell Miller. Ron Hubbard Jr., el hijo primogénito de Hubbard, colaboró estrechamente con Corydon para escribir su libro. Esta colección provee una imagen muy clara y consistente sobre el fundador de Dianética y Cienciología. De las cosas que más me impresionaron al leerlos llamo tu atención a lo siguiente:

* Hubbard creía ser el resultado de un aborto fallido en 1911: la clave para entender el odio hacia su madre, quien lo maltrataba, y el aborto en general.

* Polly Grubb fue la primera esposa de Hubbard. Ron Hubbard Jr. describió a su padre como un golpeador de Polly, y dice que le daba a él y a su hermana chicles untados con una droga, fenobarbital. En palabras del primogénito de Hubbard:

Mi padre solía pegarle a menudo a mamá. Recuerdo en 1946 o 1947 cuando le estaba pegando una noche y yo tenía un rifle de calibre 22 y me senté en las escaleras teniéndolo en la mira y casi le vuelo la cabeza.

* En un arrebato de ira poco después de la Navidad de 1950, cuando nacía su Dianética, Hubbard trató de estrangular a Sara Northrup, su segunda esposa; y debido a los golpes le rompió la trompa de Eustaquio, quedando mermada su capacidad auditiva.

* En 1951 Hubbard quiso internar a Sara en un manicomio. Durante el conflicto Hubbard le arrebató a su hija Alexis para fugarse con ésta a Cuba. Tuvo que regresar a Estados Unidos cuando la prensa hizo un escándalo con la historia. Posteriormente desheredaría a su hija.

* Una de las amantes de Hubbard dijo: “Hablaba mucho de su niñez. No me quedé con la impresión de que fue una niñez feliz. Había mucha amargura ahí sobre sus padres”.

* Mary Sue fue la tercera esposa de Hubbard. Además de Quentin, Hubbard humilló a sus demás hijos de su tercer matrimonio. Por ejemplo, en su barco Hubbard tenía a un grupo de ninfetas llamadas mensajeras. En una ocasión le ordenó a una de estas niñas que le escupiera a Diana en la cara, la hija de Hubbard y Mary.

* En 1978 Mary Sue fue sentenciada y cumplió una condena en la cárcel debido a que la Guardian Office de la Iglesia de Cienciología, que presidía Mary y Hubbard, infiltró unas oficinas del gobierno.

* Hubbard murió en enero de 1986 en su rancho cerca de Creston, California; tiempos en que yo vivía en ese estado. Un examen de sangre del cadáver reveló que le habían inyectado Vistaril (antihistamínico con efecto sedativo usado como droga en casos de pacientes histéricos). Eso lo reporta Robert Young, un ex oficial de la iglesia. Al cadáver de Hubbard se le veía incluso el piquete de la inyección en las nalgas.

¿Te han revelado estas cosas tus maestros de Dianética y Cienciología? Si no lo han hecho te están tomando el pelo ($$). Los incisos de arriba son tan ciertos que un cienciólogo creyente a carta cabal en su religión me confirmó que conocía los hechos del encarcelamiento de Mary Sue, y que Ron Hubbard Jr. decía que su papá apaleaba a su mamá.

Todo esto es sólo la cresta del iceberg en la vida de Hubbard. Hay mil anécdotas más en los libros que leí; pero a lo que quiero llegar es a lo siguiente:

Si L. Ron Hubbard no alcanzó un mínimo de salud mental, su técnica es falsa.

Así de simple.

Como te dije en otra ocasión, no existe un álgebra de la mente. Y aun suponiendo que existiera, Hubbard no llegó a la letra A de esa álgebra. De manera similar a otros creadores de imperios religiosos gringos —Joseph Smith (mormones), Eleen White (adventistas del séptimo día) y Mary Baker Eddy (científicos cristianos)—, Hubbard creó un edificio religioso para cegarse de lo que le habían hecho sus padres de chico. Su tech, supuesta álgebra de la mente es lo diametralmente opuesto a lo que hago: escribir libros autobiográficos sobre mi dolor, lo único que reconcilia a uno con el pasado. En su vasta obra no hay una sola línea en que Hubbard hable sobre el dolor de su infancia que conocían tan bien las mujeres con quienes se confesaba: Barbara Kaye por ejemplo. Precisamente debido a que no sabía nada de su mente, Hubbard repitió patrones de conducta abusiva no sólo en sus tres matrimonios, sino hacia sus fieles (en uno de mis correos electrónicos te decía que mandó encerrar a unos niños en los calabozos de su barco), y murió en estado de virtual demencia.

Si te escribo estas cosas no es para ofenderte, Germán. Más bien, me duele en lo más hondo el hecho que, teniendo un hermano que ha dedicado los últimos años de su vida a estudiar la mente científicamente, te hayas dejado seducir por la “tech” de un charlatán psicópata.

Ojalá que, a diferencia de mi correos electrónicos no respondidos, quieras entrar en comunicación conmigo sobre lo que aquí digo.

César.

 





LA SECTA
A LA QUE MI HERMANO CAYÓ


“La única manera en que puedes controlar a la gente es mentirles”. – L. Ron Hubbard


Originalmente tenía planeado continuar en estas fechas con una autobiografía en varios tomos que estoy escribiendo. Un dolor personal me movió posponer su escritura: que mi hermano no respondiera mis cartas y que en octubre de 2005, un año después de que recibiera de manos de nuestra madre la carta publicada en las páginas pasadas, me enterara que seguía tomando cursos de dianética. Me sentí en extremo ofuscado porque mis más caras razones fueron simplemente ignoradas. Así que decidí escribir este libro a fin de lograr una cura de mi alma. En mi carta le dije a Germán que Hubbard creó su religión para cegarse de lo que le hicieron de chico. Muy independientemente de la cura que este pequeño libro representa, aquí mostraré cómo, quienes reprimen el dolor de su niñez, ocasionalmente se refugian en la religión o en la megalomanía. Después de enviarle la misiva a Germán apostillé mis argumentos en una posdata:

Se me olvidó decirte en la carta que te dejé ayer que las biografías de la iglesia sobre Hubbard están llenas de mentiras piadosas. A diferencia de esas hagiografías, en la vida real:

1. Es ridículo creerle a Hubbard que a sus tres y medio años ya domaba caballos broncos.

2. Igualmente fantasiosa es otra historia que cuenta: que a sus cuatro años fue un “hermano de sangre” de los indios pies negros.

3. No está comprobado, como lo dicen algunas biografías de la iglesia, que a los doce años Hubbard era el Eagle Scout más joven en Estados Unidos.

4. Tampoco es cierto que en 1924 fue amigo de Cal Coolidge Jr., el hijo del presidente de Estados Unidos.

5. Ni es verdad que haya estudiado con gurús de China, India y el Tíbet de 1925 a 1929.

6. Aunque perteneció a un club de exploradores y viajó, en los años treinta Hubbard no fue un explorador de verdad ni un físico nuclear como alega cierta literatura de la iglesia.

7. Hubbard no participó en combates de la Segunda Guerra Mundial ni fue herido ni ganó medallas de valentía: una de sus mayores mentiras.

8. Dado que no sufrió heridas en combates, la afirmación que su técnica lo curó de tales heridas es una mentira sobre otra (verdaderos achaques como su úlcera y su pobre vista lo acompañaron de por vida por más “tech” que Hubbard desarrollara).

9. Dianética no es original de Hubbard: es una mezcla entre freudismo, las enseñanzas de Nandor Fodor y su estrecho contacto con un discípulo de Aleister Crowley en 1946-1947.

10. Tanto la palabra “Cienciología” como su definición ya existían antes de que Hubbard se apropiara de esos términos.

Mi hermano tampoco contestó esta misiva. Debido a su perene silencio ante mi correspondencia, rompimos contacto.

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Published in: on May 18, 2009 at 6:33 pm  Comments (44)  

Introducción

TRES años antes de su muerte Hubbard escribió: “Yo jamás les he mentido o engañado”. Pero Ron Hubbard Jr. afirmó: “Yo diría que el 99 por ciento de lo que mi padre ha escrito sobre su vida es falso”.

A los estudiantes de Cienciología se les dice que ésta es una reformulación de las verdades místicas que aprendió Hubbard en el lejano oriente, aunque presentada con los rigores de la ciencia occidental. La verdad es que Hubbard hizo exactamente lo mismo que hicieron timadores como Lobsang Rampa, Carlos Castaneda y, en lengua española, J. J. Benítez: escritores que presentaron su ficción literaria como sucesos reales y embaucaron a miles de ingenuos. Al igual que Rampa, el autor de El tercer ojo, un bestseller cuando Germán y yo éramos niños, Hubbard jamás estuvo en el Tíbet. Ni en la India. Y el breve viaje que hizo a China a los diecisiete años con sus padres fue vacacional. Ni siquiera el diario que se conserva del adolescente Hubbard menciona iniciación alguna con los místicos de China. Al contrario: el muchacho Hubbard describió a los templos lama como “miserables, fríos y andrajosos […]; quienes ahí rinden culto tienen voces como de ranas mugidoras”. Décadas después la iglesia crearía el mito que el joven Ron había pasado veladas enteras con los sabios China. La historia real parece ser que Hubbard cumplía su servicio en la marina norteamericana cuando alcanzó a sus padres, pero al llegar a China no fue bien recibido por ellos, y, posteriormente, intentó inflar su autoimagen con cuentos chinos a fin de que sus admiradores le dispensaran la estima que de chico tan dolorosamente careció.

Contra los deseos de sus padres Hubbard inició su carrera como escritor de revistas sensacionalistasEn los años treinta escribió ciencia-ficción pop, y en los años cuarenta ganaba un centavo por palabra. A ese ritmo tenía que ser prolífico para mantener a su esposa e hijos. A sus amigos, entre ellos Harlan Ellison, les solía decir: “Trabajar por un centavo por palabra no vale la pena; hay que fundar una religión”.

Como la inmensa mayoría de quienes andan metidos en sectas, el estudiante de Cienciología típico es un individuo ignorante. No sabe, ni le interesa siquiera, la biografía real de Hubbard o el marco histórico en que su iglesia surgió. Pocos cienciólogos saben que en 1950 hubo un gran renacimiento religioso en Estados Unidos. Las cruzadas de Billy Graham y otros revitalizaron un cristianismo que al otro lado del Atlántico agonizaba. Todas las iglesias estadounidenses crecieron en prosélitos: movimiento que explica la brecha que se abre cada vez más con el Viejo Mundo. La iglesia de los “moonies”, probablemente con más membresía al principio del siglo XXI que la iglesia de los cienciólogos, nació el mismo año que la Dianética. Además, los primeros cincuenta años del siglo XX fueron los más terroríficos en la historia de la siquiatría mundial, y fue precisamente en el país de Hubbard donde la siquiatría alcanzó su más siniestro nivel. Uno de los datos que mejor retrata el terror siquiátrico que cundió en Estados Unidos en tiempos del Tercer Reich es que algunos médicos alemanes se horrorizaron de las lobotomías de sus colegas americanos.

A manera de reacción ante esta siquiatría bárbara, en Estados Unidos florecieron sicoterapias alternativas como la orgonomía de Wilhelm Reich o la semántica general de Alfred Korzybski. El cienciólogo común tampoco se percata de la analogía del “electropsicómetro” que a diario usan en su iglesia, inventado por el quiropráctico Volney Mathison en los años cuarenta, con el “neurocalómetro” de los quiroprácticos: un dispositivo eléctrico que supuestamente detectaba enfermedades a través de la médula espinal. Más populares en esos tiempos fueron las “cajas orgón” de Wilhelm Reich, un discípulo de Freud, que cargaban con “energía orgón” al usuario. Lo que es más, la idea de los “tetanes corporales”, el gran dogma de Hubbard según el cual todos sufrimos los recuerdos traumáticos de unos alienígenas, tiene un antecedente en los escritos de otro brillante chiflado: Alfred William Lawson. Lawson creía que en el cerebro humano existían criaturas microscópicas llamadas menorgs que operan los sistemas mentales dentro de las células. Nótese la analogía con Star Wars Episodio I donde la inmensa cantidad de ese tipo de seres en el niño Anakin Skywalker llamó la atención a un maestro Jedi.

La técnica de salud mental de Hubbard hizo su agosto en una Norteamérica desconfiada de una siquiatría opresiva y embaucada con terapias alternativas. Muchos americanos estaban ávidos de sicoterapias simplistas y poco dispuestos a un trabajo interno profundo. Varias veces discutí con Germán acerca de que la única salvación de los desajustes mentales se encuentra en un duelo profundo en la soledad de la recámara. Al igual que millones de humanos mi hermano creyó hallar un atajo, una “técnica” por usar sus palabras, que le prometía curar su alma sin el duelo que me ha llevado a mí, y a otros, a escribir nuestras memorias.

Published in: on May 18, 2009 at 6:24 pm  Comments (6)  

Una experiencia humillante

Debo confesar que, de octubre de 2004 a junio de 2007, recibí una iguala mensual de parte de cienciólogos por ayudarlos en sus actividades de denuncia de la siquiatría. Trabajé con ellos porque fueron los únicos dispuestos a remunerar mis conocimientos antisiquiátricos; y porque después de quedarme sin carrera en México debido a los sucesos de mi adolescencia, no tuve otra alternativa laboral.

Solyenitsin ha dicho que incluso en el hombre malvado hay un rincón de bien. Si bien es cierto que los detractores de Hubbard lo ven tan loco como era, han fallado en no reconocer el rincón de bien en su legado. La iglesia que creó Hubbard intenta destronar a la siquiatría de igual manera como el catolicismo retrógrado de Polonia contribuyó a destronar al comunismo. A veces el diablo mismo se esconde detrás de la mejor de las causas.

En el mundo hay varios grupos, tanto de profesionales como de sobrevivientes, que denuncian a la siquiatría: pero debido a su músculo económico la Iglesia de Cienciología es la que acapara más prensa. En 1969 Hubbard fundó la Citizen Commission of Human Rights (CCHR), llamada Comisión Ciudadana por los Derechos Humanos en México. Los esfuerzos de CCHR pudieran ser útiles en denostar a la siquiatría ante la opinión pública. Es fundamental valorar su repulsa de drogar a los niños con químicos siquiátricos a fin de controlarlos en la escuela, así como al infatigable activismo que hacen para despertar a la sociedad civil de su letargo sobre esta situación escandalosa. Es una pena que los detractores fallen en reconocer este “rincón de bien”, como puede verse en las páginas webque critican a Cienciología. Martin Gardner mismo, el padre del movimiento escéptico en Norteamérica, toma partido por la siquiatría. Dos años después de que Hubbard publicara Dianetics Gardner publicó Fads and fallacies in the name of science, su primer libro crítico de seudociencias y terapias fraudulentas, en el que incluye a la dianética. Desde la introducción a Fads and fallacies Gardner no se percata que la siquiatría biológica es, al igual que dianética y demás terapias paranormales, una falsa ciencia.

A pesar de sus esfuerzos, buena parte de la denuncia que los cienciólogos hacen de la siquiatría se sale de la realidad. Por ejemplo, según cuenta Ron Hubbard Jr., su padre creía que se beneficiaría enormemente si se apropiara del campo de salud mental. Más loco era la creencia de Hubbard y sus actuales seguidores de atribuir todos los males de la historia y prehistoria a los siquiatras. Para trabajar con ellos, en septiembre de 2004 concerté una cita en las oficinas de un empresario en Paseo de la Reforma en la Ciudad de México. Hablando desinhibidamente sobre la siquiatría, el acreditado cienciólogo me informó que los siquiatras dominaban al mundo ¡desde hace millones de años!

No me sorprendió. Para entonces ya había leído las biografías de Hubbard y sabía que David Mayo, uno de los colaboradores más cercanos a Hubbard y el primero en producir un gran cisma en la iglesia, recibió varias cartas de Hubbard en 1980 cuando aún era un oficial leal. A Mayo le preocupó el estado mental de Ron. Hubbard decía que, desde tiempos inmemoriales, los siquiatras habían sido la raíz de las calamidades del universo; que habían creado el mal en cierto sistema solar. Pero incluso mucho antes de esa revelación, en 1967 Hubbard ya había afirmado haber identificado al enemigo de Cienciología. Según sus propias palabras: “La siquiatría y la salud mental fueron escogidas como vehículo para socavar Occidente ¡y nosotros nos interpusimos en su camino!”

Más de una vez he tratado de discutir con cienciólogos sobre los grandes males del siglo en que nacimos, como los regímenes totalitarios, pero en su visión-túnel no parecen ver más mal que la siquiatría. La pobreza, la sobrepoblación, las dictaduras, el ecocidio y un sin fin de temas quedan fuera de su visión. Por otra parte, los siquiatras abusan únicamente de seres indefensos, por ejemplo, los niños drogados por siquiatras que mencionaba; generalmente no abusan de figuras poderosas. La paranoia de Hubbard y sus seguidores que los siquiatras están detrás de todo mal se llega a reflejar incluso un par de décadas después de su muerte. Varios cienciólogos mexicanos, incluyendo la directora de CCHR y otros dignatarios de la iglesia, me dijeron reiteradamente que temían hablarme por teléfono porque las líneas podían estar intervenidas por sus archienemigos siquiatras. Uno de los oficiales llegó al extremo de salirse apresuradamente de un restaurante durante una conversación conmigo cuando sospechó que algún espía podía estar entre los comensales. El cienciólogo acreditado en los cursos avanzados vive en un estado constante de folie à deux con la ancestral paranoia de Hubbard. Es común que justifiquen la agresividad de la iglesia con los periodistas que la critican alegando “tenemos que defendernos de la siquiatría”, cosa que me recuerda la justificación estalinista de que la Unión Soviética tenía que matar a los disidentes “debido al cerco del mundo capitalista”. En ambos casos un enemigo externo, real o imaginario, es usado como pretexto para cometer crímenes.

Leer la literatura de CCHR provoca risa en el lector. Se afirma que los siquiatras fueron responsables de la Primera Guerra Mundial; la ascensión de Hitler y del Holocausto, de Stalin y del bolchevismo; de las guerras genocidas de Bosnia y Kosovo, e incluso responsables de los atentados del 11 de septiembre. Originalmente supuse que los cienciólogos se guardaban sus teorías de una megaconspiración mundial para la literatura interna de la iglesia. Estaba equivocado. Su exhibición antisiquiátrica internacional, Siquiatría: Una Industria de la Muerte, en grandes pancartas culpa a la siquiatría del genocidio de la Alemania nazi y Yugoslavia, del bolchevismo e incluso de los terroristas islamitas. Aunque he confrontado a algunos cienciólogos sobre estos dislates, las discusiones fueron surrealistas. Ninguno tenía noción sobre la historia del siglo XX, y resultó evidente que creen esas cosas única y exclusivamente porque son doctrina oficial de su iglesia. Los escritos de Hubbard sobre siquiatría están plagados de otros pronunciamientos locos. Por ejemplo, en Processes, un boletín oficial del 11 de diciembre de 1964, y con su típica sintaxis incongruente, Hubbard escribió que los siquiatras—:

mataron a varios millones de personas —así que no es asunto liviano… Se dice que el 331/3 por ciento de todos los pacientes sicoanalíticos se suicidaron en los primeros tres meses de tratamiento.

Aunque me disgusta el sicoanálisis jamás lo acusaría de falsedad tan patente. Asimismo, en un capítulo de La ciencia de la supervivencia Hubbard escribió: “En lo que a nosotros respecta un psicótico es un individuo […] a quien se debe cuidar para proteger a los demás de él, o a él de sí mismo”. Más adelante Hubbard habla de “pacientes psiquiátricos”, y, una vez más, con su típica descuidada sintaxis vuelve a definir al psicótico como “una amenaza de muerte para las personas, las cosas [sic], si no para sí mismo”, y considera que “el suicidio siempre es psicótico”.

Estos pasajes son indistinguibles de la postura siquiátrica más ortodoxa. A diferencia de la imagen de Hollywood, la gente perturbada o “esquizofrénica” no suele ser más violenta que la gente cuerda. Asimismo, en algunos casos el suicidio es un acto de cordura, no de locura como celosamente mantienen los siquiatras y como ratificó Hubbard. Lo que es más, Hubbard se expresa de forma más despectiva hacia la gente perturbada que la misma biblia de los siquiatras, el Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (DSM por sus siglas en inglés), publicado por la Asociación Psiquiátrica Americana. De hecho, en La ciencia de la supervivencia Hubbard pinta a la gente perturbada como los temibles psicópatas que vemos en las películas. En contraste, la primera sección del DSM se limita a describir los trastornos mentales.

Cierta vez hablaba con mi hermano sobre una conocida nuestra que tuvo una fuerte crisis emocional enfrente de mí. Germán me preguntó si ella “estaba en tiempo presente”. Menciono la anécdota porque tanto mi hermano como sus correligionarios ignoran que muchas ideas de Hubbard son plagios. Hubbard escribió que la gente en crisis psicótica “no puede distinguir entre pasado, presente y futuro”, y siempre ávido de acuñar neologismos innecesarios nombró a esa condición PTS-3, siglas del tercer gradode Potential Trouble Source: concepto del que diré algo más adelante. Pero la idea es original del doctor E. R. Balken. Siete años antes de que Hubbard creara su dianética Balken ya había publicado, en inglés, que el esquizofrénico no puede distinguir entre pasado, presente y futuro. Como muchos conceptos que aparecen en Cienciología, Hubbard no le dio crédito a Balken (independientemente del plagio, la explicación de Balken y Hubbard sobre la locura es simplona).

En Los Ángeles existe el museo Siquiatría: Una Industria de la Muerte, inaugurado por la iglesia en 2005, en el que se basa la exhibición internacional con el mismo nombre. Impresionantes instrumentos de tortura que los siquiatras han usado en los siglos pasados asustan al visitante. La exhibición es similar a los museos sobre la Inquisición española y representa lo que considero la parte luminosa en la Iglesia de Cienciología: la denuncia del mal, aunque limitada a las violaciones a los derechos humanos en el sector de salud mental. Dicho esto, si los mandatarios de la iglesia fueran un poco inteligentes, CCHR, supuesto brazo secular de la iglesia,estaría a cargo de los entendidos. Éstos jamás mezclarían las justas denuncias del museo con teorías de una megaconspiración de los siquiatras detrás de la Primera Guerra Mundial, Hitler o bin Laden.

Sección de la exhibición de CCHR

La exhibición va acompañada de un DVD con el mismo nombre de “una industria de la muerte”, el cual se le ha obsequiado a miles de personas: una enorme inversión de parte de la iglesia. Aunque en el DVD se entrevista a muchos críticos seculares de la siquiatría, en el capítulo final la voz en off de un cienciólogo alega que “detrás de cada crisis mundial se encontrará la mano de la siquiatría”. Con tal aseveración, la labor que representó esta exhibición que le ha dado la vuelta al mundo, y los DVDs obsequiados, huele a paranoia.

Si quienes donan dinero a CCHR lo donaran mejor a los críticos laicos, éstos habrían causado mil veces más daño a la siquiatría que lo que ha logrado la iglesia. Además de retirar la ridícula teoría de la megaconspiración de la exhibición internacional, si CCHR estuviese a cargo de la gente secular se habrían fundado casas editoras para traducir y publicar los mejores libros contra la siquiatría en países donde se les desconoce. El mundo hispanohablante es un buen ejemplo porque, al momento de escribir, sólo existe un libro erudito disponible en el mercado que, con referencias bibliográficas actualizadas, hace una evaluación crítica de la siquiatría biológica: Modelos de locura, editado por John Read, Loren Mosher y Richard Bentall y traducido al castellano en 2006. México en particular ha sido sede de dos congresos internacionales sobre antisiquiatría secular en 1978 y en 1981 (me refiero a la crítica a la profesión que nada tiene que ver con la Iglesia de Cienciología). En lo personal, de haber estado a cargo de CCHR México, yo habría tenido en mente algo aún más ambicioso, como el memorable encuentro de intelectuales convocado por Octavio Paz y Enrique Krauze en 1990 a raíz del desmoronamiento del comunismo y la caída del Muro de Berlín. Con los fabulosos subsidios que recibe CCHR habría organizado un encuentro invitando a Thomas Szasz, Robert Whitaker y a los profesionales que publican en la revista Ethical human psychiatry and psychology, fundada por el doctor Peter Breggin. También invitaría a David Oaks, director de Mind Freedom International, organización que representa a miles de sobrevivientes de la siquiatría. En lugar de tan elemental idea, cuando trabajé con cienciólogos presencié cómo un millonario regiomontano llevó, año tras año, a numerosos invitados al museo de Los Ángeles con viaje y viáticos pagados. Tanto este generoso patrocinador, como otros patrocinadores millonarios, abonan grandes cantidades a una iglesia que nombra como directores de la treintena de filiales de CCHR International alrededor del mundo únicamente a quienes han tomado cursos de Ron. El resultado es que gente que ni siquiera ha leído a los clásicos, Foucault, Laing y Szasz, o a los nuevos críticos de la siquiatría que publican en la revista especializada de Peter Breggin, preside la poderosa organización antisiquiátrica.

Unas palabras sobre lo que podría denominar el affair Breggin. Los cienciólogos son tan paranoicos con sus críticos que, por usar su lenguaje, “desconectaron” al doctor Breggin. En principio, esto parece inexplicable si consideramos que Breggin ha sido el médico más conocido del mundo entre quienes luchan contra drogar siquiátricamente a los niños: ¡precisamente el área en que CCHR enfoca la mayoría de sus esfuerzos! Pero el hecho es que en el museo, los DVDs y las revistas de CCHR, que contienen incontables referencias de los profesionales críticos de la siquiatría, no se hace una sola mención de Breggin. ¿Cómo es posible esto? El caso es que Ginger Breggin, la esposa de Peter Breggin, había sido ciencióloga. Pero después de una grave crisis y apoyada por su marido, rompió con la Iglesia de Cienciología. Eso fue suficiente para que los cienciólogos “desconectaran” a Ginger Breggin. Aunque su marido jamás fue cienciólogo, borraron toda mención de Peter Breggin de sus textos sin importarles la estatura de Breggin en el campo, quien el año 2000 fue invitado al Congreso estadounidense para hablar en contra de la drogadicción siquiátrica a los niños.

A nivel personal, una anécdota ilustra desde otra perspectiva la estrechez mental de los cienciólogos. La directora de CCHR México, Rossana Fernández, está acreditada en la iglesia con niveles avanzados de auditación. Pero en los años en que la traté no leyó un solo libro docto de estos críticos de la siquiatría: sólo el panfleto de una mamá que se opuso al psicofármaco Ritalín que le recetaron a su hija. Una de las actitudes de la directora Rossana que precipitó mi renuncia fue pretender corregirme, vía e-mail, una ponencia que presentaría en el Hospital General Siglo XXI en junio de 2007 ( “¡Quítale esto, añádale esto otro!”). Mi protesta ante la osadía de esta mujer ignorante devino en que se suspendiera el pago de mi iguala. Jan Eastgate, la directora de CCHR International al momento de escribir, no se queda atrás. Es muy significativo, por ejemplo, que esta directora “internacional” no conozca otro idioma que el inglés. Carmen Ávila, quien presidía CCHR México antes de Rossana, se quejó conmigo que al visitar las oficinas de CCHR Los Ángeles no pudiera comunicarse con su jefa Jan.

Confieso que mi experiencia con Rossana fue surrealista y, a veces, humillante. Quien no había leído un solo tratado serio sobre siquiatría era mi jefa. En cambio, un par de décadas de investigación me costó en Estados Unidos, Inglaterra y México comprender a la siquiatría. La iglesia vende el slogan de que “Cienciología hace que la gente capaz sean más capaces”, pero a juzgar por los hechos lo opuesto parece verdad: a pesar de sus generosos subsidios los cienciólogos con quienes traté eran gente incapaz. Cierto que, mientras hagamos a un lado su teoría de la megaconspiración, el museo de Los Ángeles es elogiable. Pero cuando invitan a dignatarios a visitarlo, como he visto que lo hacen con políticos mexicanos con viaje y viáticos pagados, los conducen a otro museo en Hollywood que le rinde culto a Hubbard.

The L. Ron Hubbard Life Exhibition es el museo de las mentiras: estantes de libros de ciencia-ficción escritos por Hubbard que omiten decir que se trata de literatura barata o de revistas sensacionalistas; fotografías y artefactos de viajes de Hubbard en varias partes del mundo que lo presentan como si hubieran sido auténticas expediciones científicas; incontables diplomas, agradecimientos, proclamaciones, premios de dudoso valor y muchas otras maravillas. ¡Hubbard llegó al extremo de hacerse fotografiar con medallas del ejército norteamericano que en realidad no poseía! Ya me imagino la impresión que la visita a The L. Ron Hubbard Life Exhibition causa en quienes no tienen a Ron por gurú. Por ejemplo, a pesar de que los cienciólogos lo premiaron en Los Ángeles a principios de siglo por un programa televisivo en que denunció a la droga Ritalín, el conocido comunicador mexicano Ricardo Rocha declinó ulteriores invitaciones de la iglesia (vale decir que sus oficinas se encontraban a pocas cuadras de las oficinas generales de CCHR México, estas últimas ubicadas en la calle Cordobanes #47: detrás del Teatro de los Insurgentes de la capital mexicana).

La característica que mejor distingue a una secta es que le rinde culto a la personalidad de su fundador. Cierta vez le dije a Germán que en Cienciología se rendía culto a Hubbard. Mi hermano lo dudó, pero toda actividad en Cienciología es muestra fehaciente del culto que se le rinde a Hubbard. Por ejemplo, un enorme retrato pintado de Hubbard en cuerpo entero y con una de sus manos sobre el globo terráqueo aparece en la pared izquierda del gigantesco auditorio armado donde se imparte el informe anual ante miles de adeptos. La imagen de Hubbard con su poderosa mano sobre la Tierra es simbólica. (David Miscavige, quien al momento de escribir es el papa de la iglesia, ha declarado públicamente que el objetivo final es que Cienciología sea el eje alrededor del cual se desarrolle la sociedad humana —un sueño que me recuerda al de Felipe II de convertir al mundo entero al catolicismo, y al sueño de los islamitas contemporáneos.) La literatura de la iglesia está repleta de hazañas sobre las más diversas actividades de Hubbard, no sólo como soldado sino como horticultor, marinero, músico, guionista de cine e incluso filósofo. Hay una serie de panfletos lustrosos con tipografía artística y fotografías a color llamada La serie Ronald. La presentación de libros de lujo, ocasionalmente con canto de oro en las hojas, es típica en la iglesia. Cuando Hubbard falleció una magnífica edición en inglés de Dianetics con cubierta de piel fue donada a las bibliotecas: edición conmemorativa que la iglesia anunció incluso en televisión.

Como le dije a Germán, antes de trabajar con ellos di una conferencia denunciando los crímenes de la siquiatría en el edificio de la iglesia en avenida Cuauhtémoc #576. Al terminar, el director me regaló dos lustrosos panfletos de La serie Ronald mientras me fotografiaron mostrando sus portadas. Los diversos títulos de la serie rezan: “El administrador”, “El artista”, “El aventurero / explorador”, “El avezado marino”, “El aviador”, “El cineasta”, “El creador de música”, “El educador”, “El escritor”, “El filósofo”, “El fotógrafo” y “El poeta / lírico”. La iglesia se esfuerza desmedidamente en mostrar a Hubbard como un superdotado que dominaba todos los campos del saber humano. Como también le dije a Germán, Hubbard llegó a decir cosas tan ridículas como que tenía conocimientos de física nuclear. El título original de uno de sus libros era All about radiation by a nuclear physicist and a medical doctor. La triste realidad es que en el breve tiempo que estuvo en la universidad Hubbard ni siquiera aprobó los cursos de física que tomó.

En cada uno de los panfletos de La serie Ronald aparecen distintas fotografías con Hubbard posando cuidadosamente frente a la cámara. De toda esta glorificación lo único cierto es que Hubbard fue un escritor popular de ciencia-ficción. El trabajo de Hubbard como músico o cineasta es tal basura que ni sus más acérrimos seguidores lo muestran al público: se limitan a mostrar fotografías de Hubbard disfrazado de músico o de director de cine. Los “hallazgos” de Hubbard en horticultura son tan seudocientíficos que ninguna revista especializada ha publicado alguno de ellos. Además, la iglesia escamotea los datos pertinentes de la biografía de Hubbard. Ni una palabra se les dice a los estudiantes sobre sus primeros matrimonios. Cuando he tenido la oportunidad de tocar el tema con algún cienciólogo me percato que sólo se les habla de Mary Sue: la única de sus esposas que creyó en la “tech” de su marido. Asimismo, ninguna de las cosas que le señalé a mi hermano es mencionada en los textos oficiales ni siquiera para rebatirlas. También se oculta que Hubbard fue detenido por la policía por haber dejado a su bebé Alexis, hija de su segunda mujer, sola en el coche: algo que hizo cuando ya había creado la dianética.

Cuando confronto a un cienciólogo que cree en las rosadas hagiografías es común que me salgan con racionalizaciones. Por ejemplo, al tocar el tema de la muerte de Quentin Hubbard con Mary Campos en Monterrey, la ciencióloga alegó que había sido un asesinato perpetrado por los enemigos de la iglesia. Pero Quentin ya había tenido un intento de suicidio en 1974, como mostraré en un subsecuente capítulo. Posteriormente, en octubre de 1976 Quentin fue hallado en estado comatoso dentro de un coche estacionado en Las Vegas con el motor encendido. Fue llevado de urgencia al hospital y murió dos semanas después sin haber vuelto a cobrar conciencia.

Published in: on May 18, 2009 at 6:12 pm  Comments (17)  

“¡Ouch!” dijo el tomate

Los cienciólogos con quienes trabajé se autodenominan cazasiquiatras.  En una ocasión unos cazasiquiatras y yo fuimos invitados a una comida en un lujoso restaurante del Camino Real, donde el Secretario de Salud de México pronunció un discurso. En la mesa en que me senté todos, salvo yo, eran cienciólogos. Durante la comida les dije que, dado que en los rastros mexicanos se mataba a las vacas de manera horrenda, no comía carne todos los días y que prefería verduras. Una ciencióloga me informó que los vegetales también sufrían. Le dije que eso no era posible debido a que las verduras no tenían sistema nervioso. La cazasiquiatras replicó que Hubbard había demostrado con su e-metro que los jitomates sufrían al rebanarlos.

Cómo puede sufrir el acéfalo tomate queda en el profundo misterio. Pero incluso antes de estos experimentos Hubbard ya había afirmado que el óvulo humano recién acabado de fecundar registra eventos traumáticos.

Hubbard “demostrando”
que los jitomates sienten dolor

Menciono estas anécdotas para confesar que, a lo largo de mi trabajo en CCHR, tuve que hacer un gran esfuerzo de contención. No me fue posible proseguir en términos racionales una discusión como la de los tomates sufrientes porque eso habría significado contradecir al mismo Hubbard, y no quería perder la iguala que recibía de ellos.

En la actualidad existe una empresa de la iglesia llamada Narconon, basada en la “tech” de Hubbard para la rehabilitación de adictos. En las revistas para los fieles pueden verse fotografías de las enormes residencias de Narconon en Estados Unidos, España, Suiza, Alemania y Suecia. Narconon cobra grandes sumas de dinero vendiendo la idea que las adicciones se curan con megadosis de vitaminas y baños sauna. Aún haciendo caso omiso de este curanderismo, el caso de José Andrés Arriola, un conocido mío, me enfureció: Narconon quería cobrarle a un hombre al borde de la indigencia más de $10,000 dólares. En medicina real, le dije a la entonces presidenta de CCHR México, los médicos que retiran las drogas siquiátricas, como las que tomaba Arriola, lo hacen por una fracción de esa cantidad de dinero.

Antes de que trabajara formalmente con ellos discutí con un joven cienciólogo sobre Narconon. Me impresionó que el estudiante nada supiera de los miles de dólares que cobran ahí. Ni sabía que, el mismísimo 11 de septiembre de 2001, algunos maestros de Cienciología afirmaron en sus clases que quienes murieron en las Torres Gemelas “estaban PTS”, es decir, que las víctimas generaron psíquicamente su muerte. (Los cienciólogos hispanohablantes siempre usan la sigla de Potential Trouble Source, concepto que traducido al vernáculo podría definirse como una persona problemática a causa de otra constantemente abusiva.)

Aunque nunca he pertenecido a la iglesia, a principios de 2006 me invitaron a una conferencia exclusiva para cienciólogos impartida por un oficial estadounidense de la Organización del Mar. El conferencista habló en inglés y contó con traducción simultánea. Jamás se me olvidarán las expresiones del público (¡Guau! ¡Tsss! ¡Qué barbaridad! ¡No! ¡Hijo!) ante las más descabelladas teorías del conferencista sobre la conspiración del 11 de septiembre. En una conferencia secular y abierta siempre se oyen voces disonantes del público. En cambio, los cienciólogos presentes estaban en estado de regresión transferencial ante una figura parental. La llamada Organización del Mar es la más poderosa “org” de la iglesia, y sus representantes, en sus folclóricos uniformes seudo-navales con cadenas y ornamentos son vistos como figuras de autoridad. (Seudonavales, digo, porque en realidad trabajan en tierra y no han sido instruidos profesionalmente en el saber marítimo.) Al igual que Miscavige, el conferencista declaró que su iglesia debe alcanzar los 6.5 mil millones de humanos en el planeta, es decir, convertir a la humanidad entera a la fe de Hubbard. También contó la historia que en 1930 unos espías de Stalin le ofrecieron un puesto de control mental a Hubbard, el cual, por supuesto, rechazó. Los rusos se vengaron robándole a Hubbard su supersecreto texto Excalibur: uno de los típicos cuentos chinos que contaba Hubbard. Pero lo que llamó mi atención en esa conferencia de adultos en estado de abyecta regresión fue la expresión “¡Malditos!” que escuché detrás de mí ante el “robo” comunista.

Como dijo la esposa de Hubbard en el epígrafe que puse al inicio de la carta a mi hermano, quienes han caído en sectas no quieren pensar: entregan el mando de sus vidas para que otros piensen por ellos.

LLEGAMOS a la pregunta fundamental: ¿Puede una seudociencia vencer a otra? En 2005 Cienciología y CCHR salieron a la vista pública debido a una discusión televisada entre Tom Cruise y Brooke Shields. Cruise es cienciólogo y Shields cree en la siquiatría. En la prensa norteamericana mucha polémica causó el consejo de Cruise a Shields de tratar su depresión con vitaminas: la receta de Hubbard. El notorio debate televisivo me recuerda el comentario de un wikipedista de que “los siquiatras y los cienciólogos son como dos tribus rivales de Neandertales arguyendo sobre cómo reparar un radio”.

Innumerables veces he presenciado que los miembros de CCHR culpan a las drogas siquiátricas de la perturbación mental. La hipótesis es en extremo absurda si tomamos en cuenta que esas drogas fueron creadas en los años cincuenta del siglo XX, y los trastornos mentales han acompañado a la humanidad desde siempre. Pero volvamos al consejo de Cruise a Shields. Muchos cienciólogos siguen a pie juntillas el consejo de Hubbard de tratar infinidad de achaques con vitaminas. He conocido varios curanderos que siguen el consejo megavitamínico de Hubbard, incluyendo médicos de profesión. En los volantes de dos cienciólogos mexicanos, el doctor Juan Carlos Soto y su esposa Marcela, puede leerse: “Trastorno de Déficit de Atención con o sin Hiperactividad (TDA) son trastornos en el que el aspecto metabólico es determinante”. La literatura de la iglesia ostenta que Thomas Szasz, un intelectual de renombre internacional, fue cofundador de CCHR. Pero los cienciólogos leen a Hubbard; muy rara vez leen al “wog” Szasz: quien jamás tuvo poder alguno en la organización como tampoco lo tuve yo en México. A los no cienciólogos los fieles de Hubbard nos llaman raw meat, homo sap y especialmente wogs. El punto es que Szasz, el abuelo del movimiento antisiquiátrico y supuesto cofundador de CCHR, nunca endosaría el disparate biologicista que aparece en el volante de los Soto: que en la hiperactividad infantil y el TDA “el aspecto metabólico es determinante”. En otro de los volantes puede leerse que la pareja de cienciólogos usaban “el complejo B 50 en el tratamiento de la esquizofrenia, una enfermedad de origen bioquímico”. El pronunciamiento es similar a la postura de la siquiatría, que culpa al cuerpo de las perturbaciones del espíritu, ignorando el modelo del trauma de los trastornos mentales. En toda la literatura que he leído de CCHR International no hay una sola línea que hable del modelo del trauma: algo muy irónico si tomamos en cuenta que la iglesia aborrece al materialismo y parte de una visión mentalista o espiritualista del ser humano. En vez de estudiar los aspectos morbógenos en la dinámica familiar que causan las conductas del niño hiperactivo, el modelo médico que siguen los cienciólogos se basa en alegatos no probados sobre el efecto de la glucosa y las alergias en las perturbaciones emocionales de la población joven. En otras palabras, análogamente a la siquiatría los cienciólogos usan un modelo biologicista para eludir el universo emocional del niño. La única diferencia es que, a diferencia de las vitaminas que recetan, las drogas siquiátricas son dañinas. Pero el colmo fue un caso que me remitió Jenny Alcalá, quien fuera la directora de CCHR Monterrey: clarísimo ejemplo de violencia física del marido hacia su esposa e hijos, según testimonió una familiar. ¡Frente a tal testimonio, Jenny declaró que los alimentos altos en azúcar podían ser los responsables de la mala conducta de uno de los niños maltratados!

Muy aparte del biologicismo que comparten siquiatras y cienciólogos, es divertido notar que, en casos de obvia toxicidad como el tabaquismo, muchos cienciólogos no parecen advertir peligro alguno para la salud. La siguiente es otra viñeta personal. Parte de mi trabajo en CCHR era un constante activismo público de denuncia de la siquiatría. En noviembre de 2005 asistí a una mesa redonda sobre siquiatría en una dependencia del gobierno mexicano. Me encontré al doctor Soto y a su esposa Marcela. Aunque fumar es ilegal en edificios públicos, una participante de la mesa pidió permiso al burócrata que presidía la mesa y le fue concedido. Otras mujeres sacaron cigarrillos de sus bolsas para fumar, incluyendo Marcela. Cuando me quejé por el humo que me hicieron respirar, Marcela me increpó alegando que fumar “no les causa cáncer a todos”. Aunque el tema de la mesa era la siquiatría, la ciencióloga me retó a una discusión sobre tabaquismo mientras su marido médico callaba.

Fiel a mi táctica de, por temor de perder mi iguala, no contestarles al momento sino investigar las conductas de cienciólogos que me irritan, al día siguiente leí algo interesante. Resulta que Hubbard fumaba de tres a cuatro cajetillas diarias de Kools, y que los cienciólogos avanzados creen que el cáncer es causado por “tetanes corporales”: espíritus que habitan nuestros cuerpos. (Los cienciólogos hispanohablantes traducen Thetan como Thetán pero a la th pronuncian como t;por razones fonéticas le quito la letra h.) Hubbard, el escritor de ciencia-ficción, quizá sacó la idea de estos tetanes o alienígenas parásitos de la novela de uno de sus colegas, The mind parasites de Colin Wilson. Otra posibilidad, como dije más arriba, es que la haya sacado directamente de Alfred William Lawson. Sobre el cáncer, en el Volumen I de The technical bulletins of Dianetics and Scientology Hubbard escribió: “La leucemia es evidentemente psicosomática de origen y al menos ocho casos de leucemia han sido tratados exitosamente con dianética una vez que la medicina tradicionalmente [sic] se ha rendido”. Además de lo fantasioso de la afirmación, una vez más es notoria la descuidada sintaxis con que Hubbard escribía.

En 1986, el año en que Hubbard murió, la Organizaciones de Naciones Unidas publicó un reporte que incluía las quejas de varios grupos en materia de derechos humanos, especialmente de CCHR. El inciso (e)del reporte, redactado por cienciólogos, dice: “El uso de toda droga, sea de calle o farmacológica, debe discontinuarse”. Los cienciólogos dicen que no toman drogas. El caso más extremo que conocí fue el de Jorge Castro, un empleado de CCHR que le pidió a su dentista que no le aplicara anestesia ¡al realizarle una endodoncia! Prohibir todas las drogas es absurdo si tomamos en cuenta que hay enfermedades que producen achaques tan dolorosos que lo más humano es tratarlas con opiácios (no toda la gente llega al masoquismo de un Castro). Ese mismo año de 1986 CCHR emitió un reporte para el Congreso Internacional sobre la Ley y la Psiquiatría, en que la organización hizo otra insólita declaración: “La mayoría de los asesinos famosos y genocidas son producto de la siquiatría y de las profesiones de salud mental”.

Este tipo de declaraciones, tan patentemente absurdas y a la vez tan arraigadas en la iglesia, a veces me hacen temer que la labor de CCHR es contraproducente para la causa antisiquiátrica. No obstante, y a pesar de mis desesperantes experiencias con cienciólogos, no me avergüenza haber trabajado con ellos. Más bien: debiera avergonzarle al mundo secular el hecho que, durante una difícil etapa en mi vida, no tuviera otra opción de trabajo.

Published in: on May 18, 2009 at 6:01 pm  Comments (9)  

La dianética clara

Para el cienciólogo común Hubbard fue un filósofo y un científico filántropo; un hombre de gran honestidad e integridad. El cienciólogo está convencido de que a través de la ciencia que Hubbard nos legó sus seguidores construirán un mundo mejor.

Como en toda religión, secta o partido político, en las filas de Cienciología entra gente en busca de respuestas a sus problemas existenciales. Aunque jamás tomé alguno de sus cursos, puedo decir que la personalidad de Hubbard contrasta dramáticamente con los estudiantes de Dianética y Cienciología que conocí. Muchos resultaron ser gente decente. Sin embargo, al igual que en el resto de las religiones, el cienciólogo común peca de extrema credulidad ante sus líderes. Es común que la persona decente suponga que las autoridades en quienes deposita su fe también lo son. Bill Franks, quien fuera Director Internacional Ejecutivo de la iglesia, confesó que abandonarla había sido una amarga experiencia para él, y comentó: “Cienciología apuesta a la decencia: ése es su anzuelo”. Los cursos de aparente superación personal que se imparten a los principiantes de dianética, palabra que viene del griego, “pensamiento”, parecen inocuos. Las doctrinas más locas aparecen cuando el estudiante ha llegado a creer que estudia la misma ciencia de la vida. Bent Corydon escribió algo idéntico a lo que dijo Franks: “Mary [su esposa] y yo rápidamente ganamos reputación como auditores muy eficaces”. “La auditación era en muchos sentidos la esencia de la comunicación. Para mí, así como para muchos en aquellos tiempos, eso era Cienciología”. Luego añadió:

Muchos responderán que la Cienciología contiene algunas verdades maravillosas y algunas ingeniosas técnicas de asesoramiento. Pero yo ya no veía así las cosas. Todo eso había sido, para mucha gente, el queso en la ratonera.

Esto me recuerda a Germán, quien solía decirnos a los hermanos que estudiaba cursos de capacitación empresarial cuando le preguntábamos qué rayos hacía en semejante iglesia. En el libro que escribió junto con Corydon, Ron Hubbard Jr. afirma que el departamento de relaciones públicas de la iglesia muestra la “Cienciología blanca”. La “Cienciología negra”, alega Hubbard Jr., es mantenida en secreto y se usa para doblegar al cienciólogo rebelde o para difamar al crítico externo: algo que los primerizos ignoran. Pero hablemos en este capítulo de la parte clara o “blanca” de la iglesia.

EN mayo de 1950 el libro titulado Dianetics apareció en las librerías a lo largo y ancho de Estados Unidos. Previamente Hubbard había sido incapaz de incitar el interés de editores médicos, por lo que le había pedido a John Campbell, su editor de ciencia-ficción, que anunciara su filosofía dianética en las páginas de Astounding Science Fiction. Campbell, quien posteriormente se alejaría de la dianética, cometió la estupidez de presentar el texto de Hubbard no como ficción sino como ciencia real; así la revista capturó la imaginación de muchos de sus lectores. Cinco meses después Dianetics era el cuarto bestseller del país. Hubbard había iniciado así su libro:

La creación de la Dianética es un parteaguas para el Hombre comparable al descubrimiento del fuego y superior a la invención de la rueda y el arco.

La modesta frase fue censurada en ediciones posteriores, por lo que no aparece en la versión castellana del libro que poseo. Hubbard presentó su dianética como una ciencia exacta cuyas leyes, desconocidas por la humanidad, él había descubierto.

Libro de Hubbard de 1972

Un paréntesis. En mis veintes estuve enajenado en una secta, Escatología: una facción salida de la iglesia denominada Ciencia Cristiana. Creada por Mary Baker Eddy, aunque hoy día sin la popularidad de antaño, la iglesia de la Ciencia Cristiana fue, como la de Hubbard, un enorme imperio religioso nacido en los Estados Unidos. Hablaré más a fondo de mis desventuras en la secta de Walter en el quinto tomo de mi serie autobiográfica. Aquí me limito a decir que los casos de curación milagrosa citados en Dianética son virtualmente idénticos a la forma anecdótica usada por Mary Baker Eddy. El libro Ciencia y salud con llave a las escrituras sagradas de Eddy fue publicado en 1875, tres cuartos de siglo antes que Dianética: la ciencia moderna de salud mental. Es fascinante notar cómo, al desconocer la historia de las religiones nacidas en suelo norteamericano, los cienciólogos no ven las similitudes.

Como muchos creadores de sistemas religiosos o esotéricos, las técnicas de salud mental fueron presentadas por Hubbard con prosa opaca llena de repeticiones y una verdadera jungla de neologismos: razón por la cual se les pide a los estudiantes hacer uso constante de diccionarios y glosarios especiales. En pocas palabras, la dianética es una suerte de terapia de regresión, una imitación del sicoanálisis en que los “engramas” son registrados, como imagen mental, en el subconsciente: un registro perceptivo de una experiencia dolorosa no disponible al consciente, al que Hubbard renombra “mente analítica”. Los engramas son memorias negativas inconscientes: cicatrices psíquicas por decirlo en dos palabras. El consciente, la parte positiva y racional —”mente analítica” en el innecesario vocabulario de Hubbard— se encuentra desconectado al grabarse un engrama. Incluso el embrión acarrea traumas que hay que “auditar” en la vida adulta con técnica hubbardiana debido a que experiencias ulteriores pueden hacer reaccionar a la “mente reactiva”: otro neologismo innecesario que significa aproximadamente inconsciente. En una entrevista videograbada que le hicieron en su barco y que puede verse en YouTube, Hubbard incluso usó la palabra “inconsciente” inmediatamente después de “mente reactiva”, dando a entender que eran sinónimos. La mente reactiva funciona por estímulos y respuestas, la raíz de las aberraciones humanas según Hubbard. Al crear una religión nueva el gurú debe dar la impresión de absoluta originalidad. Así que los engramas del subconsciente, la “mente reactiva”, causan padecimientos psicosomáticos entre los que Hubbard incluye desde el simple catarro hasta las psicosis graves. Por poner un ejemplo de Hubbard mismo sobre los engramas prenatales: una mujer embarazada trata penosamente de defecar, pero la materia fecal comprime al feto al grado de noquearlo y dejarlo inconsciente. Mientras la madre defeca dice en voz alta: “Esto está de la patada, estoy congestionada por dentro, me siento tan obstruida que no puedo pensar”. Según Hubbard, una vez desarrollado el feto en ser humano adulto tendrá resfriados y congestiones nasales (“Me siento tan obstruido…”). Dado que los resfriados y constipaciones son causados por infecciones virales, la explicación de Hubbard es, naturalmente, una chifladura. Como viñeta personal, quisiera mencionar que una vez que me dio un catarro una ciencióloga me dijo que mi condición tenía una interpretación metafísica que ellos conocían (en Escatología, la secta en la que estuve, ¡el catarro tenía otra interpretación metafísica!). En su libro Hubbard pone un montón de ejemplos similares al de la mamá defecando, casos que según él causan los más diversos achaques físicos y mentales. Pero no vale la pena poner más ejemplos aquí.

Posteriormente Hubbard hablaría de engramas previos incluso a la fertilización del óvulo: traumas de vidas pasadas que causan aberraciones en el presente. Hay que borrar, que formatear la mente por así decirlo, para quedar “claro”, “aclarado” o “liberado” de engramas o parásitos de la mente. Esto se hace con la ayuda de un “auditor”.

La auditación es la metodología central en Cienciología. En esta sesión terapéutica entre dos personas enfocada en memorias dolorosas, se le pide al paciente que se siente en una silla confortable (antes, como en la vieja escuela sicoanalítica, se podía recostar en un sofá). En una sesión de un par de horas el paciente cierra los ojos y trata de recordar todo lo que le pide el auditor, pero a diferencia de la hipnosis el sujeto mantiene la conciencia. Las preguntas del auditor son muy sugerentes a despertar fantasías: algo que señaló Joseph Winter, uno de los primeros disidentes de la terapia de Hubbard. El paciente responde dócilmente a las preguntas del auditor hasta que éste queda satisfecho que los engramas subconscientes han pasado al consciente (o al “banco de memoria estándar” por usar otro pedante neologismo de Hubbard). Auditor y paciente consideran ahora que el engrama ha sido borrado.

No hay evidencia que la imaginería que despierta la auditación represente sucesos reales. Pero para el cienciólogo libre de engramas, nos dice Hubbard, su inteligencia sube en coeficiente intelectual y puede sanar las enfermedades psicosomáticas. Además, la memoria del sujeto “aclarado” es perfecta. De hecho, el bestseller de Hubbard prometía resolver todo problema de la mente humana y curar enfermedades como el cáncer. Posteriormente la auditación se refinó con la introducción de una caja de metal, un marcador con cables ajustado a dos latas llamado “electropsicómetro de Hubbard”. Este e-metro, similar al detector de mentiras de las películas y que supuestamente detecta el estrés durante la auditación, es un dispositivo que mide respuestas galvánicas en la piel. Es importante mencionar que en algunos casos de auditación se hacen preguntas al estudiante sobre si alguien en su familia es antagonista a Cienciología, y que, si bien el galvanómetro es tecnología basada en ciencia real, el intento de leer el alma con el dispositivo es una idea religiosa.

Lo seguidores de Hubbard ignoran que la dianética no fue original ni siquiera en la invención de neologismos. Para el vocabulario técnico a Hubbard le ayudaron sus amigos: escritores profesionales como Joseph Winter, John Campbell y Don Rogers. Winter se separó de Hubbard y en 1951 escribió el primer libro dianético salido de la pluma de un squirrel. Literalmente “ardilla”, aunque hay quienes proponen la traducción “esquirol”, esta es una palabra ofensiva en boca de un cienciólogo: denota al maldito hereje que corrompió la pureza de la tech de Hubbard. En A doctor’s report on Dianetics Winter cuestionó la idea de que a través de la auditación fuera posible recordar vidas pasadas, y consideraba la imaginería totalmente fantasiosa. Winter también fue el primero en escribir sobre algo demasiado obvio: que no existía ningún individuo “aclarado” o “liberado” según los parámetros que aparecen en Dianética. A Hubbard no le perturbó esto último porque su motivación era el negocio. Es curioso notar que la creencia en la reencarnación, central en Cienciología, no nació de Hubbard sino de sus seguidores. Al igual que Winter, otros cercanos a Hubbard, como Don Purcell, se mostraron escépticos de la reencarnación que los clientes imaginaban en la auditación. Originalmente Hubbard se mostró algo escéptico, pero con el tiempo se dejó llevar por los alegatos de su clientela. A diferencia de lo que creen los cienciólogos, que ven a Hubbard como un Moisés que bajó de un Sinaí con las tablas de la verdad, una religión se crea a través de la retroalimentación positiva entre seguidores y gurú. Hubbard se percató de que, combinando su dianética con la popular creencia en la reencarnación, podía crear una nueva religión, y, a diferencia de Winter, democratizó la auditación con fines de ventas al mayor número. Winter no creía que cualquiera pudiera ser un auditor de igual manera como, según se dice, no todos pueden ser sicoterapeutas. A diferencia de éstos Hubbard popularizó su terapia vendiéndola directamente a la masa.

En mi carta a Germán le dije que dianética era una mezcla entre varios sistemas. En los años cuarenta había escuelas sicoanalíticas que se basaban en la “teoría de abreacción” de Freud. El “engrama” hubbardiano no es otra cosa que aquello que en círculos analíticos se conoce como abreacción, esto es, la liberación de una emoción o complejo reprimido. Exactamente lo mismo puede decirse de “valencia”, palabra que introdujo Hubbard sobre un concepto harto conocido en psicología: introyecto. La novedosa terapia hubbardiana estriba básicamente en un cambio de nombres: “engrama” por “abreacción”, “valencia” por “introyecto” y muchos a otras palabras. La parte posterior de la primera edición de Dianetics tenía incluso un anuncio del libro que Nandor Fodor había publicado en 1949 titulado The search for the beloved, texto del que Hubbard sustrajo muchas de sus ideas. El libro de Fodor tiene por subtítulo una frase que todo cienciólogo entendería, mismo que traduzco al castellano: Una investigación clínica del trauma del nacimiento y el acondicionamiento prenatal. Una vez más: los cienciólogos que conozco ignoran este dato, y le atribuyen a Hubbard el descubrimiento del trauma prenatal y supuestos engramas consecuentes.

Lo mismo puede decirse de la deuda no reconocida de Hubbard con Aleister Crowley, también mencionado en mi carta a Germán, de cuya fuente semántica Hubbard bebió para elaborar su sistema. Un cienciólogo común se sentirá muy contrariado si se enterara que el concepto de OT(“Tetán Operativo”) puede encontrarse en los trabajos de magia ritual que Crowley publicó años antes que Hubbard. Entre los adeptos de las ciencias ocultas es aceptado el hecho de que Hubbard derivó gran parte de su técnica dianética de ideas ocultistas, como las de Golden Dawn. Y algo similar podría decirse de la deuda con William Sargant de algunas ideas hubbardianas. Reitero: como en todas las sectas, la ignorancia de los fieles sobre los datos más elementales de la historia de su organización es enciclopédica. Incluso la noción de “postulado”, otro de los conceptos centrales en Cienciología, puede encontrarse en los tratados de magia negra de Crowley. Vale decir que en la secta en la que estuve Walter ya se había referido sobre su libro La hoz, publicado en 1918,como “el puente de la creencia humana al entendimiento”. Algo más de tres décadas después, en 1950, Hubbard termina su libro Dianetics hablando del “puente” entre la creencia humana al entendimiento: una metáfora central en su religión, como pronto veremos.

La escasa originalidad dice poco sobre de la validez o falsedad de un sistema. Pero la dianética hubbardiana fue refutada por auténticos científicos. Cuando se publicó el libro Dianetics, la Fundación Los Ángeles sometió sus doctrinas a prueba de laboratorio. Hubbard había afirmado que tenía pruebas fehacientes de que todo lo que se le dice a una persona inconsciente se graba íntegramente, y que al recuperar la conciencia lo que se dijo se vuelve una sugestión imperativa. A través de un narcoléptico los científicos de la Fundación Los Ángeles durmieron a un voluntario y ya bien dormido le leyeron un pasaje de un libro de texto. Durante seis meses de auditación hubbardiana el sujeto no pudo recordar nada del pasaje. La fundación refutó así la existencia de los engramas. Asimismo, en décadas posteriores ningún “aclarado” demostró poseer memoria perfecta de todo lo vivido, como promete la edición original de Dianetics. Además, no existe validación positiva fuera de la iglesia sobre la “Técnica de estudio Hubbard”. Los pedagogos que nada tienen que ver con la iglesia han notado que los niños que toman cursos de Cienciología no muestran aptitudes excepcionales, ni mucho menos. De igual modo, en una edición antigua de Dianetics Hubbard asevera: “Los Aclarados, por ejemplo, tienen una memoria completa de todo lo que les ha sucedido o cualquier cosa que hayan estudiado. En diez o quince segundos puede hacer computaciones mentales, como las de ajedrez por ejemplo, que a una persona normal le llevaría media hora”. La realidad es que hasta la fecha en que escribo esta frase no ha habido un Gran Maestro de ajedrez que sea cienciólogo.

Una palabra más sobre la auditación. A los estudiantes de Cienciología se les dice la mentira que los archivos de auditación son confidenciales. Yo mismo presencié en 2005 que Mary Campos, la ciencióloga mencionada páginas atrás, mandó cajas de material de auditación a los cuarteles generales de Cienciología en Estados Unidos después del deceso de uno de sus clientes. La auditación no puede contrastar más con la confesión católica, en la que media un voto de silencio. Ya podemos imaginar cómo crecería el poder del Vaticano si poseyera archivos sobre lo que se escucha en los confesionarios.

El libro Dianética, la piedra angular en Cienciología, contiene preocupaciones obsesivas sobre las mujeres que intentan abortar. La postura del autor sobre este asunto es aún más extrema que la de la iglesia católica. Hubbard escribió: “Cualquiera que intente un aborto está cometiendo un acto en contra de toda la sociedad y del futuro; cualquier juez o médico que recomiende un aborto debería ser privado del puesto y del ejercicio inmediatamente, sea cual sea su razón”. Una ciencióloga que siguiera esto al pie de la letra no podría, después de pruebas ultrasónicas, interrumpir un embarazo que se ha comprobado que dará a luz a un mongólico. En los interrogatorios con el e-metro, supuesto detector de mentiras, se les pregunta a las mujeres: “¿Has estado involucrada en un aborto?”  Las siglas inundan Cienciología. Una de estas es AA, attempted abortion. Hubbard llegó al extremo de acusar a los intentos de aborto como causales de los actos criminales que llevan a miles a la cárcel y a los manicomios, y alegó: “Todas estas cosas son hechos científicos, probados, vueltos a probar y probados otra vez”. (Vale decir que, durante la polémica que desató la iniciativa para legalizar la eutanasia y el aborto en México en 2006 y 2007, quien fungió como una suerte de jefa mía en CCHR frecuentemente se oponía a la iniciativa.) Hubbard termina el más famoso de sus libros con las palabras:

En este manual tenemos los axiomas básicos y una terapia que funciona. ¡Por el amor de Dios poned manos a la obra y construir un puente mejor!

Hay que construir un puente que ayude a cruzar al individuo de la oscura tierra de la creencia humana al entendimiento claro de la vida otorgado por el nuevo Moisés. Pero como dije, ni siquiera esa metáfora es original de Hubbard.

Los cienciólogos y yo tenemos algo en común: denunciamos a la siquiatría. Pero ningún cienciólogo que conozco sabe que la palabra “engrama”, concepto absolutamente central en su religión, la acuño Eugen Bleuler: el padre de la siquiatría moderna. Y si esa palabra provino de siquiatra tan influyente, la idea de la abreacción provino del sicoanalista más influyente: Freud. Esto es muy irónico si se toma nota que la literatura de CCHR no tolera a Freud. En su libro Hubbard puso varios ejemplos de engramas prenatales que el feto escucha y entiende como si fueran órdenes hipnóticas que, ya adulto, obedece. De hecho, la película The Manchurian candidate, que elabora estos temas fantasiosamente, es tomada con absoluta seriedad por muchos cienciólogos.

Una vez vendido su primer libro, Hubbard ideó esquemas jerárquicos de cursos más avanzados. Mientras más avanzado el curso, más les cobraba a sus fieles. Fue así como, al igual que sus predecesores de imperios religiosos estadounidenses John Smith, Eleen White y Mary Baker Eddy, la religión de Hubbard comenzó a florecer. La dianética hizo furor en la sociedad norteamericana. Miles abrazaron la nueva terapia. Todos querían auditar a todos, revivir su doloroso pasado embrionario e incluso las vidas anteriores. Como se ve en la historia de la Ciencia Cristiana y en la biografía de Mary Baker Eddy, la inmediata antecesora de Hubbard, si se ha de aspirar a la masa la religión debe ser comprensible para las amas de casa. El bestseller de Hubbard se vendió cuando el bestseller del chiflado Immanuel Velikovski, Mundos en colisión, era leído en Estados Unidos como astronomía real, y cuando el mito de los ovnis cundió en esa nación como reguero de pólvora.

A sólo dos meses de la publicación de Dianetics más de cincuenta mil copias se habían vendido y los grupos de la ciencia recién descubierta crecían en Estados Unidos. En unos cuantos meses Hubbard dejó de ser un pobre escritor para convertirse en el regidor del movimiento de mayor crecimiento su país. Sus habilidades como escritor de ciencia-ficción fueron la plataforma para presentar su ficción como ciencia real. Un cuarto de siglo más tarde Uri Geller abandonaría su carrera de ilusionista de salón al percatarse que el negocio estaba en presentar su truco de doblar cucharas como si fuera un poder mental real. Los mismos colegas de Hubbard, a través de la revista Astounding Science Fiction, fueron los primeros que lo catapultaron la fama. El éxito se debió a que Hubbard vendió la atractiva idea de poderes psíquicos: algo así como si Uri Geller hubiera creado un movimiento religioso vendiendo la idea que todos podemos desarrollar la psicokinesis. No obstante, algunos de los amigos del círculo de escritores de Hubbard también fueron los primeros en decir que el asunto era charlatanería. Isaac Asimov comentó: “La dianética es farfulla”, y Jack Williamson la describió como “una revisión lunática de la psicología freudiana”.

Asimov y Williamson no fueron los únicos escépticos. Cuando en agosto de 1950 Hubbard habló ante un enorme auditorio en Los Ángeles sobre su técnica sanadora, se oyó la pregunta desde el público: “¿Se llenan tus cavidades dentales?”  Luego Hubbard presentó a Sonya Bianca, la primera “clara” o “liberada” con su dianética. Como dije, en la primera edición de Dianetics una de las afirmaciones más espectaculares era que el aclarado recupera todas sus memorias. Le preguntaron a Sonya cosas como: “¿Qué desayunaste el 3 de octubre de 1942?”  Sonya no contestó. “¿Qué dice la página 122 de Dianetics?”  Tampoco contestó y se oyeron risitas desde el público. Le hicieron entonces preguntas sobre la física que Sonya estudiaba en la escuela pero no pudo recordar una fórmula. Ni siquiera pudo recordar el color de la corbata de Hubbard cuando le daba la espalda.

Gran parte de la audiencia se salió del auditorio.

Published in: on May 18, 2009 at 5:54 pm  Comments (8)  

El “lado oscuro de la fuerza”

La religión organizada trata de controlar, por lo que debe mentir. – L. Ron Hubbard

El retrato que he hecho de los cienciólogos es chusco. Pero el retrato de Hubbard en la carta a mi hermano parece de un negro espeso. En contraste, en el material de la iglesia Hubbard es un santo. Independientemente de los claroscuros antisiquiátricos, la aureola de santidad que la iglesia le cuelga a su fundador es postiza, como trataré ahora de mostrar más a fondo.

Aún antes de contar con incontables admiradores, Hubbard era un joven perturbado. La tarde del 28 de junio de 1941, cuando era oficial en servicio naval, ordenó a su tripulación practicar con artillería sobre las Islas Coronado, creyendo que no estaban habitadas y que pertenecían a Estados Unidos. Estaba equivocado en ambas suposiciones: pertenecían a México y estaban habitadas. El gobierno mexicano se quejó y se realizó una investigación. Hubbard fue privado del mando.

Diez años después miles de personas ingresarían a las filas de su dianética. En esos tiempos Hubbard tuvo un romance con Barbara Kaye, quien escribió en su diario:

Ahora lo veo [a Hubbard] vano, arrogante, centrado en sí mismo e incapaz de tolerar cualquier frustración […]. Bebe excesivamente y habla en la proporción que toma. Cuentos grotescos, la mayor parte sobre su familia y su odio hacia su madre, de quien dijo que era una lesbiana y prostituta. Es un hombre profundamente infeliz.

En 1951 Hubbard voló de estado a estado dando conferencias y demostraciones sobre su terapia dianética. Para entonces ya cobraba grandes sumas de dinero por sus cursos, y quienes se graduaban eran sus auditores. Mientras tanto la primera esposa de Hubbard se carteó con la segunda y se enteraron de la bigamia. Ambas mujeres habían sido agredidas físicamente por Hubbard y Polly le confirmó a Sara que su marido era un sádico que la había maltratado por doce años.

Hubbard escribió “Me gusta ayudar a la gente”, frase que aparece reiteradamente en la literatura propagandística de la iglesia. Los cienciólogos ignoran que Hubbard no atacó a la siquiatría por ayudar a la gente o por amor a los derechos humanos, como reza el nombre de CCHR, Citizen Commission of Human Rights. El verdadero móvil que lo orilló a denostar a la siquiatría se debió a que, en 1951, Sara Northrup denunció públicamente que Hubbard quiso estrangularla y acudió a un siquiatra. El médico diagnosticó que Hubbard, quien entonces tenía cuarenta años, tenía que ser tratado por “esquizofrenia paranoide”. Hubbard se sintió molido por el diagnóstico, especialmente después de un intento de internamiento. No sólo le cobró ojeriza a la siquiatría sino que se vengó secuestrando a Alexis, hija de él y de Sara, llevándosela a Cuba. La prensa norteamericana hizo su agosto con titulares como “Dianetic Hubbard Accused”, “Cult Founder Accused of Tot Kidnap” y “Hiding of Baby Charged to Dianetic Author”. Eran los tiempos en que Hubbard escribía su segundo manual, donde proclama la reencarnación y su escala de tonos. A partir de ese libro, La ciencia de la supervivencia, Hubbard hundió cada vez más a su dianética, que originalmente era un sicoanálisis simplificado para la masa, en un sistema gnóstico y esotérico. Introdujo nuevos neologismos y siglas mistificantes, como MEST y Enteta sobre asuntos que podrían haberse discutido en cristiano. Hubbard se volvió la Madame Blavatsky de los años cincuenta. También fueron esos tiempos cuando inició la práctica de publicar textos bajo el nombre de Hubbard, como uno de dianética para niños, que en realidad habían sido escritos por el personal de la iglesia.

Cuando comencé a leer por vez primera aquello de los famosos tonos en el libro de mi hermano me vino a la mente una frase de Karl Kraus, un crítico de la siquiatría y del sicoanálisis. La mezcla entre cosas diferentes —por ejemplo que 2.0 es un “tono” de quien sufre de x cosa en al vida— es, en el mejor de los casos, una broma. Si Kraus hubiera leído a Hubbard añadiría que es charlatanería: y me recuerda los coqueteos con números de otro famoso charlatán del alma, Jacques Lacan. Otra de las cosas que los cienciólogos ignoran es que muchos escritos de Hubbard han sido alterados. La ciencia de la supervivencia de mi hermano es muy distinta del original: capítulos enteros fueron removidos, y nada de eso se les advierte a los estudiantes en un prólogo editorial.

Llegado este punto quisiera confesar que en mis manuscritos autobiográficos que publicaré he alterado mis epístolas, diarios e incluso corregido fuertemente la sintaxis de las cartas de otros. Explico mis razones: no se entendería jerga tan privada sin traducirla a un castellano inteligible. Incluso aquí, para publicarla, alteré la carta que le envié a Germán; entre otras cosas, actualizando los precios de los cursos de Cienciología. Creo que esta es legítima licencia para agilizar literariamente un texto siempre y cuando se le confiese al lector: se trata de no atiborrarlo con notas explicativas a pie de página. También, en mi página web antisiquiátrica refraseé a Foucault y a Isaiah Berlin al grado que las paráfrasis fueron virtuales citas: pero lo confesé a mis lectores. Si bien muchos escritores confesamos tales licencias, en Cienciología se le ocultan al estudiante, quien queda bajo la impresión que todos y cada uno de los textos que se le atribuyen a Hubbard salieron íntegramente de su pluma, o que las ideas ahí presentadas son originales de él.

Cuando Hubbard regresó de Cuba tuvo un problema legal con Don Purcell. Su socio se había apropiado del nombre “Dianética” como marca registrada. Hubbard se encontró en un dilema y se vio obligado a elegir otra palabra para su técnica. En julio de 1962 escogió Scientology: irónicamente, una palabra acuñada por el filólogo Allen Upward en 1907 como sinónimo de seudociencia. En 1934 el escritor Anastasius Nordenholz había publicado un libro usando esa misma palabra, cienciología, como estudio de la conciencia; y su uso del término no difiere mucho del de Hubbard. El mismo Hubbard confesó abiertamente: “De manera que Suzie y yo fuimos al centro a la biblioteca y comenzamos a cargar libros buscando palabras […]. Pero esa palabra ya había sido usada en cierto grado antes. Consideramos esa cuestión”. Aunque posteriormente Purcell regresaría los derechos de Dianética a Hubbard, Cienciología quedaría como el nombre oficial de la iglesia.

Este es otro ejemplo de ocultación de asuntos primordiales a los estudiantes. ¿Pero cómo van a enterarse si éstos no muestran el menor interés por las biografías de Hubbard? La actitud de los cienciólogos ante el Hubbard histórico es idéntica a la actitud de los cristianos fundamentalistas ante el Jesús histórico. Así como éstos aceptan las narrativas neotestamentarias a pie juntillas, los cienciólogos aceptan las hagiografías de su iglesia como historia real. Por eso el estudiante repite como loro lo que le dicen en el aula: que “Cienciología es una técnica más desarrollada que dianética” o que “Dianética se limita al cuerpo y Cienciología llega a la mente”. La verdad es que, si cuando Hubbard huyó a Cuba Purcell no hubiera registrado el nombre “Dianética”, habría sido innecesario buscar otro patronímico para la secta.

A Hubbard le encantaba que le llamaran Ron para transmitir la idea de cercanía con sus fieles. Que Ron tenía un quite no sólo con su madre, sino con su padre, se desprende de unas confesiones que en 1951 le hizo a Helen O’Brien, quien se convertiría en miembro de la guardia de honor de Hubbard:

Ron me dijo bastantes cosas sobre su vida. Dijo que su padre era una especie de timador, un personaje sombrío de quien sospechaba que trataba de apoderarse de Dianética. Ron dijo que destruiría todo si eso sucediera.

En 1952, a sus cuarenta y un años, Hubbard se casó con Mary Sue, una bella muchacha de diecinueve. Fue el año en que su dianética dio lugar a Cienciología. A contrapelo del más elemental sentido común, Hubbard arguyó que, en lugar de que su cienciología estuviera basada en la ciencia-ficción, ¡la ciencia-ficción publicada era, en realidad, remembranza inconsciente de las vidas pasadas de los escritores! En Los implantes Helatrobus Hubbard declaró:

Me podrás decir: bueno, esto es ciencia-ficción. No, no, no, no. El único aspecto de ficción es el error que cometen los escritores de ciencia-ficción al escribir sobre su propio pasado.

Hubbard afirmaba que el gobierno Helatrobus se estableció hace 44 trillones de años (mucho más de lo que el consenso científico actual establece sobre la edad del universo: 13.7 billones de años). El antiguo escritor de ciencia-ficción, o más bien de fantasías de tipo cómic extrapoladas al espacio, escribió muchos libros en 1952 incluyendo Cienciología 8-80. En ese texto Hubbard dice: “Con este libro la habilidad de envejecer o rejuvenecer el propio cuerpo; la habilidad de curar la enfermedad sin contacto físico, y la habilidad de curar a los perturbados mentales y a los incapacitados es presentada para el médico, el hombre corriente, el matemático y el físico”. Pero ese mismo año Hubbard se enfermó de la más común de las enfermedades. Carmen D’Alessio, quien estuvo presente en la conferencia de Hubbard en el Palacio Marlborough de Londres, dijo: “Cuando Hubbard entró era obvio que tenía una gripe muy fuerte. Estaba muy enrojecido, mucho más de lo normal, y sudaba profusamente; sus ojos lloraban y se estuvo sonando la nariz”. Eso sí: la terapia hubbardiana prometía salud a todos. El siguiente año, en agosto de 1953 y ya en su país natal, Hubbard declaró que había tratado a dos niños: “En pocos minutos puedo hacer que caminen niños incapacitados”.

Para 1956 ya habían sido publicados más de sesenta libros bajo el nombre de Hubbard, hazaña que impresiona a los cienciólogos. Además del hecho que no todos eran obra suya, Hubbard escribía muy rápido. Al no corregir la sintaxis su prosa quedaba tan inmadura que no llegaba más allá del primer borrador. Por eso sus textos sufrieron tantas modificaciones de parte de sus fieles (exactamente lo mismo sucedió con los libros de su predecesora, Mary Baker Eddy). Guillaume Lesevre, quien fuera un alto ejecutivo de la iglesia, se quejó de que se escribieran libros de Cienciología con el imprimátur de la iglesia con el nombre de Hubbard. La proliferación de libros de texto de Hubbard sobre las más diversas técnicas sólo puede significar que la demanda de su terapia era muy redituable. Algunos de sus cursos costaban entre mil y dos mil dólares: una enorme suma para la época.

Para 1957 el movimiento religioso de Hubbard ya estaba en la mira del gobierno americano. La misma CIA abrió un archivo sobre la iglesia con el número 156409. A un agente se le asignó la ingrata tarea de leer la paja literaria publicada bajo el nombre de Hubbard. Según cita Russell Miller, el agente dictaminó: “Los trabajos de Hubbard contienen muchas palabras cuyo significado no es de clara comprensión para una lectura normal, y quizá ese es el propósito”.

Desde Kant hasta Foucault este ha sido el truco de los filósofos que se hacen pasar de profundos. De hecho, los conceptos básicos de las seiscientas páginas de la edición que poseo de Dianética pueden resumirse a dieciocho. Eso fue lo que hizo Martin Gardner en su capítulo sobre la dianética en Fads and fallacies in the name of science. Es típico del metafísico occidental y del místico oriental que inflen desproporcionadamente sus conceptos para aparentar sapiencia: algo así como echar una gota de tinta en un garrafón de agua y vender la idea que todo el líquido contenido en el sistema es sustancial. Es cosa sabida en el mundo del escepticismo que el chiflado y el seudocientífico frecuentemente escriben voluminosos tratados en compleja jerga usando neologismos de propio cuño. “Muchos de los clásicos en ciencia chiflada”, escribe Gardner, “exhiben una tendencia al neologismo”. Salvo sus populares cuentos de ciencia-ficción, los textos de Hubbard son un paradigma perfecto de esta observación.

En 1967 Hubbard estaba a mediados de sus cincuenta; era padre de siete hijos y tenía muchos nietos. Compró una pequeña flota y se hizo a la mar con sus prosélitos, evitando el escrutinio que los gobiernos estadounidense y británico efectuaban en las organizaciones de su iglesia. Pasó los siguientes ocho años en los mares del Mediterráneo. Ya millonario, a Virginia Downsborough le impresionó que Hubbard consumiera una gran cantidad de psicofármacos. Por tres semanas se puso la tarea de quitárselos, y comentó que Hubbard estaba obsesionado con la idea de expulsar a los “tetanes corporales” de su cuerpo. A Virginia también le intrigó que Hubbard se creyera víctima de mujeres. Su testimonio es confirmado por Bill Robertson, quien ese mismo año vio a Hubbard en un hotel de Las Palmas:

Parece que tomaba seis mil distintas píldoras, cosa que me impresionó, especialmente después de escuchar sus críticas a los fármacos y la profesión médica. Había algo muy malo en él, pero no sabía qué era salvo que estaba en estado de depresión. Me dijo que no tenía más ganancias y que quería morir. Eso fue lo que dijo: “Quiero morir”.

Para aliviar su depresión Hubbard se entregó a la creación de lo que creía era un hito de primer orden: el desarrollo del curso Tetán Operativo 3 (OT3, actualmente conocido también como “El Muro de Fuego”). Para el paladar secular esta es una expresión pedante. Tetán Operativo podría traducirse simplemente como “espíritu funcional”. Los cursos OTson secretos, y en la iglesia hay una línea divisoria entre el cienciólogo iniciado en esos cursos y los no iniciados. Una de las cosas que más me sorprende de los cienciólogos de clase media que no pueden costear esos cursos es que no tienen idea de su contenido, el cual ha sido revelado por los apóstatas de la iglesia.

El grado del entendido, el aclarado, se definió como “un ser que ya no tiene su propia mente reactiva”. Después del rango de claro o aclarado, quien según Hubbard no vuelve a padecer un catarro, OT3 es el nivel más significativo para los cienciólogos. OT4 trata de liberar al estudiante de los efectos acumulativos de las drogas en vidas pasadas. Y al igual que el curso OT3, OT5 trata única y exclusivamente de los parásitos mentales alienígenas que Hubbard llamaba tetanes corporales. La idea de los “tetanes corporales”, “tetanes durmientes” o “tetanes de universos paralelos” se extiende a lo largo de los cursos hasta el OT8. Los cienciólogos toman estas ideas con tal seriedad que a Tory Christman, quien cursó el OT7, le dijeron que dejara de tomar medicamentos para su epilepsia porque era causada por tetanes corporales (la larga conferencia de Tory en YouTube ante un grupo de racionalistas después de su apostasía es la más didáctica que he escuchado en internet).

En 1967 Hubbard se autonombró comodoro de su barco. Para entrar a su Organización del Mar impuso lo que llamó “el contrato de mil millones de años”. En tal contrato se estipulaba que, dado que los cienciólogos reencarnarían innumerables veces, juraban servir al comodoro por ese lapso de tiempo. (El contrato subsiste en la actualidad para los cienciólogos que ingresan en la Org del Mar: juran servir a la iglesia por mil millones de años.) No obstante, como los fieles no eran marineros profesionales Hubbard disciplinó a su tripulación arengándolos a recordar sus vidas pasadas y conocimientos marítimos:

—¡Dejen de pretender que no saben de lo que se trata porque saben de lo que se trata!

Hana Eltingham cuenta que Hubbard “tenía un e-metroen una mano y me empujó las latas diciendo ‘¡Sosténlas!’ Las sostuve en el claro de la puerta mientras él jugaba nerviosamente con el metro y me dijo ‘¡Quiero que recuerdes la última vez que fuiste capitán!’”

El barco estuvo a punto de hundirse con el comodoro a bordo. Recomiendo mucho el libro de Russell Miller, Bare-faced messiah, publicado un año después de la muerte de Hubbard. Puede leerse sin costo alguno en internet y divierten mucho las anécdotas narradas por los mismos cienciólogos que, presionados por el comodoro, pusieron en peligro la vida de Hubbard y su tripulación. No extraña que el Primer Ministro de Holanda le llamara al barco de Hubbard “La Nave de los Locos”, y que en 1975 la expulsara del puerto de Curazao. Pero como explicó David Mayo, quien sería miembro de la Organización del Mar por muchos años:

Tratábamos de no pensar mal sobre de su comportamiento. Muchas veces no era racional. Pero el solo hecho de considerar tal cosa era un pensamiento deshonroso, y uno no podía permitirse tener tal pensamiento. Una de las preguntas del chequeo de seguridad era “¿Has tenido alguna vez pensamientos poco amables sobre LRH?”, y uno podía meterse en graves dificultades si los había tenido. Así que uno trataba de no tenerlos.

Los cienciólogos están tan fascinados con las siglas que incluso escriben LRH por Lafayette Ronald Hubbard. Confieso que en noviembre de 2006 yo mismo me sometí a la indignidad de un interrogatorio videograbado por cienciólogos. Quizá sospechaban de mí como “asesor externo”, aunque pagado, de su grupo antisiquiátrico. Me hicieron preguntas arteras, pidiéndome que repitiera la pregunta que me habían hecho en inglés a fin de que, ya editada, diera la impresión de que era un pensamiento propio. Como no quería perder la iguala de $6000 pesos por muy poco trabajo al mes (aproximadamente $550 dólares de esa época), les seguí el juego. A todo les respondí como un loro parafraseando la pregunta que me hacían, como me habían solicitado, y alabé con enorme hipocresía a CCHR y a la iglesia a fin de seguir cobrando por medio año más.

Scott Mayer también vivió en el barco de Hubbard. Según cuenta Mayer: “A los empleados se les alimentaba y se les vestía mal. Tuve una muela picada y se me auditó por ello”. En la Organización del Mar se les dejaba dormir muy poco, con horarios de trabajo de cien horas a la semana, desde las 8:30 a.m. a la 1:00 a.m. y por salarios misérrimos (¡menos que la cómoda iguala que yo recibía!). Si no producían lo que se les pedía eran penalizados con dietas de arroz y frijoles. A los niños de la “Org del Mar” también se les mantenía en condiciones deplorables, sin asistencia médica o dental.

En los cursos más esotéricos de Cienciología se les pide a los estudiantes que acepten la ciencia-ficción de Hubbard como hechos reales. Aunque el material de los cursos es secreto, algunas partes fueron publicadas en Los Angeles Times cuando una corte sentenció que en una religión no podía haber secretos de marca registrada. Hoy día es posible presentar la otrora cosmogonía secreta de Hubbard ante la opinión pública.

HACE 75 MILLONES de años se realizó un megaproyecto de ingeniería social en nuestra federación galáctica: una civilización muy similar a la de los Estados Unidos de los años 1950 y 60 en que vivía Hubbard “debido a la nueva representación inconsciente de los implantes de Xenu”. Ayudado por siquiatras, el dictador Xenu —para visualizarlo recordemos al malvado emperador de Guerra de las Galaxias— trató de resolver el problema de la sobrepoblación en la galaxia. Con policías políticos vestidos en uniformes blancos, como los que aparecen en la imagen del capítulo anterior, aprisionaron a 13.5 trillones de extraterrestres. Luego, en naves espaciales indistinguibles a los aviones Douglas DC-8 los llevaron, a través del espacio interestelar, a la Tierra. Aquí los atomizaron con bombas de hidrógeno alrededor de volcanes. Los espíritus de estas personas fueron llevados a una enorme instalación de lavado de cerebro, donde fueron implantados con cosmovisiones falsas. Luego Xenu los soltó. Esparcidos como almas radioactivas, en estado de total confusión estos trillones de alienígenas (“tetanes corporales”) anhelan regresar a cuerpos humanos, por lo que nos impregnan a todos sin excepción. Hubbard nos informa que esos espíritus son la raíz de todos los problemas psíquicos y somáticos del hombre moderno: desde crímenes y guerras hasta problemas interpersonales. Los cienciólogos publican masivamente la imagen del volcán en erupción de forma publicitaria, reminiscencia del Gran Engrama o cicatriz psíquica resultante del suceso de los volcanes. Según ellos, es una imagen que todos tenemos en lo recóndito del inconsciente, y la mercadotecnia de la imagen es irresistible para nosotros, implantados con estas imágenes. En el curso OT 3 se explica que nuestra mente ha sido implanta con los espíritus de miles de alienígenas muertos, quienes nos hacen ver distorsionada la realidad por culpa del villano Xenu. Nuestro estado de virtuales posesos no nos permite desarrollar nuestro potencial. Pero gracias al héroe de nuestra película de ciencia-ficción, Hubbard, y a su tech, con la ayuda del e-metro el cienciólogo puede auditar y exorcizar a los alienígenas telepáticamente. Eso sí: el exorcismo total está reservado para los ricos.

Xenu es sólo el dictador más famoso en la “Ópera espacial” de Hubbard, como él mismo la llamaba. En sus escritos y conferencias Hubbard describe incidentes similares en los últimos evos: tetanes que han existido por trillones de años que han sido traumatizados.

Manuscrito del OT III
que contiene el nombre de Xenu
en la caligrafía de Hubbard

En los cursos esotéricos el dogma principal es que todos sufrimos de recuerdos traumáticos de estos alienígenas, de modo que necesitamos limpiar estos fantasmas que merman nuestro potencial con sus implantes. Incluso en los cursos para principiantes el grueso de los textos hubbardianos también se enfoca en la “rehabilitación” del tetán, aunque no se menciona el drama de la Ópera espacial en el material para docentes.

No entraré en detalle en esta cosmogonía que los fieles más acreditados toman con absoluta seriedad al grado de pagar fortunas para tomar esos cursos. Sólo me detendré en un detalle. Después de haber sido atomizados en los volcanes y antes de que les lavaran el cerebro, los tetanes ascendían a los cielos cual ánimas post-mortem. Fueron capturados por cinturones de fuerza electrónica de Xenu y jalados a la Tierra en lugares específicos: las islas Canarias y Hawai. Menciono esto porque demuestra que Hubbard era un ignorante en geología. Quien haya leído algo sobre placas tectónicas sabe que las Canarias y Hawai no existían hace 75 millones de años. Y lo que es peor: en ese tiempo no había seres humanos sino dinosaurios. Además de fantasiosa, Hubbard mostró una enciclopédica ignorancia en paleontología al elaborar su cosmogonía. Asimismo, al describir la civilización Helatrobus Hubbard describe a la Constelación de Magallanes como “una nube radioactiva”. En realidad, la Constelación de Magallanes son galaxias enanas, no “nubes” y mucho menos “radioactivas”. La Ópera espacial hubbardiana es mala ciencia-ficción. La escasa calidad de su ficción es a todas luces visible: basta rentar en un Blockbuster la película Batalla por la Tierra, basada en una novela de Hubbard y estelarizada por John Travolta, para comprobarlo. Los escritores de ciencia-ficción versados en ciencia como Arthur Clarke o Isaac Asimov jamás escribieron historias tan pueriles. Algunos ex cienciólogos han llegado a ridiculizar a Hubbard en este punto. Un atrevido apóstata marchó afuera de los cuarteles de Cienciología en Los Ángeles con un cartel de protesta: “Ron es Xenu”.

Un cliché muy usado en Cienciología es que al principiante no se le pide creer en nada; que en esta ciencia todo puede demostrarse. Yo mismo he escuchado eso en boca de los fieles. Pero la creencia de que un embrión humano de sólo un día puede hacer grabaciones mentales de una conversación de su mamá, o la doctrina de la reencarnación, son creencias necesarias incluso en los primeros cursos de la iglesia —no se diga la creencia en Xenu o en los tetanes corporales de los cursos más esotéricos.

Published in: on May 18, 2009 at 5:30 pm  Comments (6)  

“Lo vi llorar como un niño”

Una de las doctrinas más repulsivas en Cienciología, que también aparece a lo largo y ancho del movimiento new age (la “nueva era”), es la afirmación de que uno es árbitro de su propio destino. Tal doctrina explica por qué a cienciólogos y compañía les molesta tanto la palabra víctima: repulsa que he escuchado en boca de la antigua dirigente de CCHR México. Al igual que los hinduistas y su “ley” del karma, como los cienciólogos creen en la reencarnación ven a los hambrientos y a los desvalidos como responsables de su condición. No obstante, a diferencia del hinduismo y del new age, en Cienciología se glorifica la riqueza de la minoría. Cierta vez la antigua dirigente me comentó que debido a leyes metafísicas ocultas el mencionado José Arriola, la víctima de la siquiatría, había generado psíquicamente su hospitalización involuntaria, aunque la ciencióloga y yo sabíamos que no estaba loco cuando lo internaron: fue una acción estúpida de sus padres.

En un comunicado oficial de agosto de 1967 Hubbard escribió: “No estoy interesado en la moral wog”. Wog era un epíteto racial que los colonizadores ingleses usaron para describir a árabes y asiáticos. Como siempre, Hubbard retomó la palabra sin decirles a sus admiradores de dónde la había sacado. Para el estudiante avanzado la diferencia entre el wog y el cienciólogo es tan marcada como la diferencia entre un pagano y un cristiano. Una viñeta personal arrojará algo de luz sobre el tema. Cierta ocasión me solicitaron hablar por teléfono con la madre de la directora general de CCHR Latinoamérica. A diferencia del cienciólogo lego que tiene contacto con el mundo externo, esa señora vivía completamente encapsulada en su burbuja cienciológica. Como yo no uso el caló de los cienciólogos la señora me dijo “¡Creí que eras un wog!” En Cienciología Hubbard redefinió la palabra ética. “Ética” significa obedecer a los oficiales de la iglesia y no cuestionar sus políticas. El concepto hubbardiano se parece a lo que Orwell llamaba ideacrimen: una idea en contra del partido. Bien practicada, la ética del cienciólogo “autoencapsulado” hace que éste tenga pocos, si es que algún, pensamiento propio.

En 1968 Hubbard inició el insólito castigo de tirar al mar al cienciólogo a disciplinar: castigo que, en el más perfecto uso de nuevahabla orwelliana, denominó “Ética Instantánea”. A los estudiantes que cometían la más ligera falta los oficiales los tomaban de los brazos y piernas y los echaban a bordo. Era toda una ceremonia en que tenía que estar presente la tripulación. Como en los cuentos de piratas, a las víctimas se les vendaba los ojos antes de echarlos una docena de metros abajo al agua fría del océano. La primera vez que Hubbard ordenó eso, en mayo de 1968, la tripulación quedó atónita. Las víctimas eran dejadas en el agua desde algunos minutos hasta horas antes de subirlos. John McMaster, quien tuvo que soportar la acción disciplinaria más de cinco veces, cuenta cómo lo mandaron llamar a cubierta donde estaba Hubbard, su esposa Mary y su hija Diana:

Se me colocó inmediatamente debajo de la “familia real”. Diana bajó, se puso delante de mí y leyó una lista de mis crímenes: cosas como que quería tomar el mando y que había echado a perder esto o aquello. Puras mentiras. Tan enfurecido estaba que casi la agarro y la arrojo a ella por la borda. Entonces Diana me canta: “Arrojamos tus pecados y errores a las olas y esperamos que salgas como un mejor tetán”. Estuve a punto de decir: “Agarren al pinche gordo que está allá: ¡él es el cabrón ―tírenlo al mar!”  Debí haberlo hecho. Ojalá y lo hubiera hecho: habría roto el hechizo en que se encontraban todos.

John McMaster fue echado por la borda. La última vez que lo hicieron lo dejaron tres horas en el agua y cuando lo subieron tenía una clavícula rota.

El Comodoro
y su hija Diana
nombrada oficial por Hubbard
a sus diecisiete años

Ese mismo año Hubbard ideó algo peor. Convirtió la cámara que albergaba la gigantesca cadena del barco en un calabozo para niños traviesos. Como siempre, los cienciólogos que conozco, tan encerrados en sus burbujas e intencionalmente ignorantes de la biografías que se han escrito sobre su gurú, no han oído hablar de este castigo. En un artículo del Sunday Times de Londres de noviembre de 1968 Alex Mitchell reportó que una mujer corría llorando con dos niños alejándose del barco de Hubbard, sólo para ser capturada y regresada por la tripulación.

Debo decir que la lectura de las biografías de Hubbard me indignó sobremanera. Indigna el hecho que jamás se haya llevado a la justicia al “gordo cabrón” por sus crímenes. Pero es que al crear la Org del Mar y vivir rodeado de sus admiradores más leales Hubbard se colocó en una posición al margen de la ley.

Para 1969 Hubbard ya recibía un salario anual de 52 millones de dólares por los cursos en varios países (cuando murió la revista Forbes calculó que sus emolumentos excedían los $40 millones anuales). En 1970 creó un nuevo elemento de elite en su barco, la Organización de Mensajería del Comodoro (CMO por sus siglas en inglés). Las mensajeras CMO eran ninfetas en hot pants a través de las cuales Hubbard comunicaba sus órdenes a la tripulación. Las púberes habían nacido en Cienciología: seres inmaculados no contaminados por el mundo de los wog. Tanto para las mensajeras como para sus padres, que las habían entregado al barco de Hubbard, era un honor servirle. El poder de las ninfetas de Ron era enorme; con el tiempo se convirtieron en autoridades temidas. Posteriormente Hubbard ordenó que parte del uniforme de sus ninfetas CMO fueran labios pintados y lentes oscuros: lo que les daba un toque aún más siniestro. Como confesó Jill Goodman, una de éstas que abandonaría el barco: “Nos convertimos en pequeñas brujas venenosas: teníamos poder y éramos intocables”. La imagen de muchachitas güeras en hot pants y lentes oscuros es tan visual que un cineasta bien podría filmar una película en cuyo póster promocional aparezcan alrededor de Ron. Ese año de 1970 Hubbard fue sentenciado a prisión in absentia en Francia por fraude. Pero como no volvió a pisar suelo francés eludió la justicia.

Jim Dincalci, el oficial médico del barco del que Hubbard era comodoro, declaró: “En un momento habló de cómo un ángel le dio a él este sector del universo”. Luego añadió:

Una de las cosas que más le molestaba es que jamás recuperó el dinero que escondió en vidas pasadas. Había algo dentro de la estatua de un caballo en Italia que él había escondido en el siglo XVI. Había sido escritor y había escrito El príncipe. Dijo: “Ese hijo de puta Maquiavelo me lo robó”. Hablaba mucho de su infancia y de todos los caballos que había montado cuando era pequeño; de cómo podía subirse a ellos antes de que caminara. De ninguna manera quedé con la impresión de que fuera una infancia feliz. Mucha amargura había ahí sobre sus padres.

En 1975 Mary, la esposa de Bent Corydon, vio algo en el barco de Hubbard que se le grabó. Hubbard bajaba del elevador cuando su hijo Quentin estuvo a punto de cruzarse con él. El chico le temía tanto que exclamó: “Oh shit, it’s Dad, I’ve got to get out of here!” (¡Chingada: es mi papá! ¡Tengo que salir de aquí!).

En 1977 se realizó una redada en todas las oficinas de la Iglesia de Cienciología a ambos lados de Estados Unidos por órdenes del gobierno federal, la famosa Operación Blanca Nieves que cubrió los titulares de la nación. Pero desde principios de 1976 Hubbard casi no aparecía en público. A los miembros de la cúpula les disgustaba que vieran su aspecto tan distinto a las fotografías oficiales. El comodoro estaba muy pasado de peso, fumaba como chimenea y tenía una protuberancia en la frente, como se ve en una fotografía que le tomó Dincalci. Kima Douglas, su médico oficial, se la quitó con cirugía removiendo los depósitos de grasa. Ya en tierra firme Quentin Hubbard fue hallado en estado comatoso en un coche. Tenía veintidós años. En las biografías de Russell Miller y de Jon Atack se lee que el chico estaba psicológicamente acorralado. Incluso tenía un guardaespaldas para que no huyera de Cienciología y de su padre, cosa que al fin logró, y de modo definitivo. La Operación Blancanieves resultó que en 1978 Mary Sue, la esposa de Hubbard, y otros diez oficiales de la cúpula fueran encarcelados por haber infiltrado oficinas del gobierno norteamericano: el mayor incidente de espionaje interno en la historia de los Estados Unidos. Hubbard había eludido, una vez más, a la justicia; y decidió crear la Cine Org en su rancho de California.

Fotografía de Hubbard
que la iglesia jamás le enseña a sus fieles

Los cienciólogos contratados en la Cine Org que sólo habían visto a su salvador en las fotografías oficiales, recibieron un shock al verlo. Parecía falto de sus facultades con vedijas de saliva en la boca; tenía podridos los dientes y su descuidado cabello le llegaba a los hombros, además de su voluminoso abdomen. Eso sí: en su rancho había guardias de seguridad vigilando la propiedad con walkie-talkies las veinticuatro horas. Cuando Adelle Hartwell llegó a la Cine Org escuchó unas palabras que nunca se le olvidarán:

You dirty goddam sons of bitches, you’re so goddam stupid. Fuck you, cock-suckers! (¡Condenados hijos de la chingada: son unos pinches pendejos! ¡Váyanse a la verga!).

La señora Adelle preguntó alarmada:

—¿Quién habla así?

—El jefe.

—¿Quieren decir… el líder de la iglesia?

—Oh sí —le respondieron.

En otra ocasión Adelle presenció una patética escena: “¡De verdad que lo vi [a Hubbard] un día quitándose el sombrero, pisarlo a zapateadas y llorar como un niño!” Los miles de estudiantes de Cienciología no tenían conocimiento alguno sobre la personalidad real de Hubbard.

Para los años ochenta ya había muchos centros de Cienciología en Estados Unidos y Europa. Sus enseñanzas atrajeron a varios millonarios y multimillonarios: cosa que explica la existencia del imperio religioso en tiempos presentes. En 1980 Hubbard desapareció completamente de la vista pública, huyendo por temor a que lo encarcelaran como a su mujer; el mundo secular no sabría de él hasta su muerte. En los años previos a su muerte sus cercanos presenciaron su gradual deterioro: temblorines, uñas muy crecidas, fobias a los olores, pánico de ver a gente que no le era familiar y sus facultades mermadas. Irónicamente, mientras disminuía su salud mental el imperio religioso crecía vendiendo la idea de “la ciencia de salud mental” descubierta por el mismo Hubbard. El 17 de enero de 1986 sufrió una embolia minusvalidante. Murió una semana después. Su deceso fue presentado por David Miscavige con las siguientes palabras: “Así, a las veinte horas del 24 de enero, AD 36, L. Ron Hubbard se deshizo de su cuerpo”. En el círculo más íntimo de seguidores, ninguna disonancia cognitiva parece haber causado la forma en que Hubbard se fue deteriorando mentalmente hasta su muerte. Al contrario: en lugar del AD cristiano (Anno Domini), “AD” es usado por los cienciólogos como After Dianetics, esto es, cuentan la historia a partir de la publicación del primer libro de Hubbard. A pesar de que su muerte no sólo fue natural, sino patética, Miscavige alegó que Hubbard se deshizo voluntariamente de su cuerpo: cuento chino que he escuchado en boca de varios cienciólogos con quienes traté.

La muerte de Hubbard fue un parteaguas. David Miscavige se convirtió en el nuevo dictador de la iglesia. Algunos de los millonarios que le habían dado fortunas a la iglesia se arrepintieron. En 1987, al siguiente año de que Hubbard murió, Rudolf Willems se dio un balazo después de haber gastado millones de dólares en la iglesia y de haber llevado a su compañía de acero a la bancarrota. Los años subsecuentes a la muerte de Hubbard representaron un éxodo masivo de fieles. Fue precisamente debido al éxodo que un biógrafo profesional, Russell Miller, pudo recolectar suficiente material para escribir la primera biografía verídica sobre Hubbard. Pero a pesar de las torpezas de Miscavige la iglesia sobrevivió la crisis.

Ya en el nuevo siglo asistí a un auditorio de cienciólogos en México. Vi a David Miscavige en la grabación de su conferencia anual. Un cartelón en la pared que daba a la calle del auditorio decía: “¡Sólo los claros y los OT sobrevivirán en este planeta!” Desde Moisés este ha sido el truco usado por los fundadores de religiones: hacer creer a sus adeptos que son los iniciados, los salvados por el redentor. Cuando escuché a Miscavige hablar reiteradas veces de la “mente reactiva” no pude apartar de mi mente el similar concepto “mente mortal” de Mary Baker Eddy. El discurso de Miscavige me hizo pensar que, al igual que la Ciencia Cristiana, la Cienciología envejecerá y decaerá con el tiempo. Si bien los cienciólogos hablan como tecnócratas —lo que los críticos de nuevahablas psicologicistas llaman psychobabble (psico bla-bla-bla)—, como todo culto la Cienciología pasará de moda.

Miscavige, quien hasta el momento de escribir ha dirigido la iglesia desde la muerte del fundador, ha sido acusado de asaltar físicamente a tres personas durante interrogatorios denominados gang bang security check. Esto se sabe gracias a una deserción y declaración jurada de abril de 1988 de Vicki Aznaran, la presidenta del Centro de Tecnología Religiosa de la iglesia. Durante el asalto Miscavige y Steve Marlowe escupían frecuentemente a las caras de los sujetos a interrogar. En otra ocasión Miscavige le dijo a John Axel, uno de los más altos ejecutivos de franquicias en Cienciología, que se quitara los anteojos. Axel lo hizo y Miscavige le dio un puñetazo en la cara. Los biógrafos de Hubbard en los que me basé para escribir esta sección tuvieron que defenderse del acoso de la iglesia, y no solo legal. Un musculoso bravucón se presentó a las oficinas de Bent Corydon, a quien Miscavige particularmente aborrece, con la intención expresa de darle un puñetazo en la cara pronunciando las palabras:

—¡Estás parado en el camino del puente de Ron!

Si por pura curiosidad el hombre de la calle entra a un edificio de la iglesia verá El Puente a la Liberación Total, un cartelón donde se mencionan los diversos cursos ascendentes de la iglesia. Los más avanzados son tan caros que, como lo constatan los apóstatas, “mientras más cruzas el puente de Ron más se desvanece tu cuenta bancaria”.

El truco psicológico de toda secta esotérica es vender la idea de niveles secretos de iluminación a los que sólo tienen acceso los iniciados. En una ciencia real cualquiera puede consultar libros o las más especializadas revistas de física, química o geología en las bibliotecas de las universidades. Pero como las sectas se basan en una estricta jerarquía y los poderes que prometen son ilusorios, su único poder es vender la idea de niveles para iniciados. En la masonería, donde se habla de “El gran secreto”, se llega hasta el famoso Grado 33. Al Grado 18 los masones le llaman “Príncipe Rosacruz”. Cienciología es simplemente un caso más de esta trampa de niveles sólo para entendidos. Como decía en mi carta a Germán, para llegar al nivel de claro o aclarado uno debe haber desembolsado lo que cuesta un departamento, y para llegar al nivel de OT 9 el cienciólogo debe haberle pagado lo que cuesta una mansión. En el cartelón promocional de El Puente a la Liberación Total se omite, por razones obvias, la lista de precios.

Algunos masones llegan, en efecto, al Grado 33. Pero en Cienciología probablemente no existen los niveles que van del OT13 al OT15. A diferencia de los otros niveles OT éstos ni siquiera tienen título. OT15 sería el último nivel de la religión, en que el cienciólogo obtiene la liberación total sobre la materia.

Si comparamos a Cienciología con Escatología, la secta en la que estuve, descubrimos algunas similitudes. La directora de Escatología poseía un texto secreto de Walter que revela “las leyes de la transición consciente”, esto es, el paso de “este plano de la existencia a otro más elevado”. Es el nivel máximo de iluminación al que puede aspirar el escatólogo: irse a la otra vida sin experimentar la muerte. Pero cruzar el “puente” de Cienciología es más caro que el “puente” de Escatología. Como también le dije a mi hermano, ésta es la secta que más dinero les saca a sus fieles, y ese era el “puente de Ron” ($) en el que el autor del libro crítico se había interpuesto.

Hasta la fecha las hagiografías sobre Hubbard continúan manteniendo las ficciones que los biógrafos tan contundentemente refutaron. A pesar que colaboré estrechamente con cienciólogos, es probable que cuando el presente libro salga a la luz pública intentarán tomar medidas en mi contra. El departamento que se encarga del trabajo sucio, un verdadero departamento de inteligencia de la iglesia, solía llamarse Guardian Office en tiempos de Hubbard. Desde 1983 fue renombrado Office of Special Affairs (OSA), Oficina de Asuntos Especiales. Al momento de escribir, en la Ciudad de México la oficina de OSA se encuentra en la calle Puebla #31 de la Colonia Roma.

Cuando en los años noventa internet revolucionó de forma dramática la información, la Iglesia de Cienciología recibió un duro golpe. En general, la gente no lee biografías y muy pocos hemos leído aquellas en que me basé para escribir este libro. Pero gracias a internet por vez primera en la historia personas separadas por estados, culturas y aun océanos pudimos compartir nuestras experiencias. Una gran cantidad de ex cienciólogos y no cienciólogos nos dimos cita en el ciberespacio. Páginas webcríticas de la iglesia brotaron como hongos. Las ideas de los cursos más avanzados, que la secta enseñaba a los fieles cuando habían desembolsado un cuarto de millón de dólares, fueron publicadas. Sólo así la historia del villano emperador Xenu fue ridiculizada ante la opinión pública, incluso en un artículo destacado de Wikipedia. No obstante, en lugar de repudiar la ridícula historia los oficiales de la iglesia emprendieron una cruzada en contra de sus detractores. A través de sus influencias y usando su enorme poder económico, la Office of Special Affairs encontró a quienes publicaban el material secreto y los demandó por infringir derechos de autor.

Pero el material ya estaba en los discos duros de las PCs y Macs de los detractores de la iglesia.

Published in: on May 18, 2009 at 5:21 pm  Comments (4)  

Cuentos de ciencia-ficción para pubertos

La salud física y mental de Hubbard se deterioró con los años. Hoy día muchos de sus fieles aseveran que la mayoría de las enfermedades son psicosomáticas y que pueden tratarse con auditación. Pero Hubbard padeció de las más diversas enfermedades. En los años sesenta sufrió periódicamente de neumonía; en 1965 tuvo que guardar cama y otra vez en 1967 por abuso de sustancias. La artritis, su úlcera y la conjuntivitis nunca dejaron de aquejarle. En 1978 Hubbard sufrió un segundo ataque de corazón. Kima Douglas, su médico oficial de 1975 a 1980, reconoció la mala salud de Hubbard a lo largo de esos años. En 1975 Hubbard tuvo un leve ataque de embolia en Curazao. David Mayo, entonces su brazo derecho, cuenta que en 1978 le impresionó verlo prácticamente en estado de coma. Su cabello pelirrojo se había vuelto blanco y Hubbard mismo se quejaba de impotencia sexual: algo que atestiguan las mujeres a quienes sedujo. La iglesia mantiene como una de sus doctrinas centrales que los estudiantes que llegan al nivel de tetanes operativos tienen el poder de “postular”, esto es, de lograr lo que necesiten del mundo externo. Pero como en todas las sectas que prometen el desarrollo de poderes paranormales, ni siquiera el creador de Cienciología poseyó tal poder.

A piece of blue sky de Jon Atack concluye: “Hubbard fue un mezquino sádico y un paranoide sediento de poder” al que llama “oportunista, arrogante, egomaníaco amoral” y “un fabulista mesmerista: un mitotero de cuentos y conjuros”. Estas son palabras muy duras. No obstante, es cierto que, cuando de joven coqueteó con el ocultismo de Aleister Crowley, Hubbard se interesó por la hipnosis o mesmerismo. Atack también le llama “plagiario cabal” aunque omite señalar que Hubbard hizo exactamente lo mismo que su inmediata predecesora, Mary Baker Eddy, quien jamás le dio el crédito de su supuesta ciencia al doctor Quimby. “Muy poco”, afirma Atack, “si es que algo del trabajo de Hubbard fue original”. En el nuevo siglo algunos sitios web usan palabras aún más duras sobre Hubbard y su iglesia. Algunos comparan a las metas globales de Cienciología con la distopía de Orwell. La primera impresión que me llevé al surfear esos sitios es que los apóstatas se habían pasado de la raya. Pero una vez que leí los textos de Hubbard no pude dejar de notar la similitud con el apéndice de 1984, “Los principios de nuevahabla”.

El objeto de la nuevahabla es producir un lenguaje compacto y contundente con fines de control mental. Pensemos en las expresiones cienciológicas “out of tech” y “out of admin”: violar las reglas de Hubbard sobre auditación y administración. Es imposible no ver paralelos orwellianos en palabras como Ingsoc, avanzado socialismo inglés, o Minipax, diminutivo del Ministerio de la Paz (en realidad: el Departamento de la Guerra). Algo similar puede decirse de la fascinación de Hubbard con las siglas.

La frase con la que abre un libro de texto que se les enseña a los estudiantes en el siglo XXI dice: “Una civilización sin demencia, sin criminales y sin guerra: esta es la meta de Dianética”. Si tal fuera de verdad la meta, lo primero que haría la iglesia sería denunciar a Hubbard. Un ejemplo de demencia son sus mismas palabras: “Sé con certeza dónde he estado y quién he sido en los últimos 80 trillones de años”. También llegó a afirmar que, sin engramas, el individuo OTmás avanzado es inmortal, omnisciente y omnipotente: nivel búdico que es posible alcanzar con sus enseñanzas. La religión hubbardiana es una mezcla de ideas budistas, sicología pop, curaciones new age y, en los cursos más avanzados, cuentos de ciencia-ficción para pubertos.

Portada de octubre
de 1950 de Fantastic Adventures
que contiene una historieta de Hubbard

Cienciología es una cosmología gnóstica, simplificada y tecnicalizada para la masa; y la dianética, una vulgata del sicoanálisis para la mentalidad norteamericana del do it yourself. Si la religión ha sido capaz de atraer a celebridades como Tom Cruise, John Travolta, Chick Corea, Isaac Hayes, Milton Kastelas y otros es simplemente porque, como la mayoría de las estrellas de cine, son gente de mediana inteligencia.

Hubbard fue el único legislador y el pontífice absoluto en su iglesia. Después de su muerte su palabra escrita es considerada ex cátedra por los fieles. Duele ver que los cienciólogos metan a sus hijos “al estudio de la tech”. Me recuerda las escuelas coránicas repletas de pequeños niños en los países fundamentalistas. Hubbard fue el profeta de los cienciólogos, el “más grande humanista de la historia” que vivió y renació desde los evos para salvar a la humanidad con sus liberadoras enseñanzas (calca posmoderna de lo que los budistas creen de la reencarnación del Buda salvador). En Cienciología se usa una S mayúscula, de la palabra inglesa Source, La Fuente, para designar a Hubbard como los creyentes en la providencia usan una D mayúscula al escribir Dios. Cuando di conferencias sobre siquiatría en los auditorios de la iglesia, un busto de Hubbard tuvo, por fuerza, que acompañarme al lado. He llegado a ver estos bustos en los hogares de los cienciólogos más beatos.

En la Iglesia de Cienciología jamás ha habido un cuerpo democrático ni una iglesia particular con verdadero poder. Tampoco hay periódicos publicados por la iglesia misma sobre sus muchas actividades, y a los cienciólogos se les hace creer que es malo leer los periódicos del mundo wog. “Si algo ha aparecido en el periódico es falso”, sentenció Hubbard. Rara vez se enteran de los escándalos en que se ha visto involucrada la iglesia: como el encarcelamiento de los diez oficiales, incluida la esposa de Hubbard, cuando la Guardian Office infiltró las oficinas del gobierno estadounidense. Cuando Jon Atack era un devoto cienciólogo, por nueve años no oyó media palabra del juicio que llevó a la esposa de Hubbard a la cárcel, a pesar que fue nota de escándalo en los medios norteamericanos.

Parafraseando al villano Darth Vader, Ron Hubbard Jr. decía que su padre se había basado en “el lado oscuro de la fuerza” para desarrollar su tech. Aunque la comparación es fantasiosa, la gente que conoció al primogénito de Hubbard tiene la impresión de que éste trató toda su vida de escapar de la cárcel mental que su padre había construido para él y su familia.

Published in: on May 18, 2009 at 5:10 pm  Comments (1)  

La causa de la locura de Hubbard

Bueno, papá estaba loco como una cabra. – Ron Hubbard Jr.

Hubbard desarrolló su técnica por el deseo oculto de que alguien lo tratara. El hecho de que se preocupara tanto de engramas prenatales y vidas anteriores denota una evasión del problema. Divagar en esos temas fue un artilugio para eludir su pasado: un pasado que sólo vislumbraron sus más íntimos confidentes. Ron Hubbard Jr. escribió algo sobre los casos que aparecen en Dianética, el libro más vendido de su padre:

Leer estas “historias de casos” me hace sentir mal. Parecen revelar más acerca de mi padre que de la gente que supuestamente estudió. Desde hace mucho he sido capaz de enfrentar el hecho de que, independientemente de la funcionalidad de la terapia en Dianética, las vergonzosas y terribles “historias de casos” eran en su mayoría ornamentos de sus propias experiencias.

El concepto hubbardiano de “persona supresiva”, frecuentemente abreviado SP por sus siglas en inglés incluso por cienciólogos hispanohablantes, es central en su doctrina: un intento velado de Hubbard de hablar de sus padres, especialmente de su madre. Pero jamás se atrevió a escribir de sus dolores tempranos. Estaba atrapado en su época. La denuncia de los malos tratos parentales inició a mediados de la década de los setenta. Para entonces Hubbard ya estaba prematuramente viejo. Había pasado su vida adulta en mecanismos elusivos de defensa: técnicas que no sacan a la luz pública, sino que entierran, el dolor de la niñez. En los escritos de Hubbard “persona supresiva” significaba originalmente alguien estancado en un evento traumático del pasado que, sin saberlo, impone a otros. El supresivo intenta manejar un desastre ocurrido tiempo atrás, por lo que trata a sus cercanos como si ellos, no los agresores reales fueran las traumáticas situaciones de esos tiempos.

Los padres de Ron:
Ledora May Hubbard
y Harry Ross Hubbard en uniforme de la marina

Debo decir que, a diferencia de otras ideas hubbardianas, este concepto no es un desatino. Es una observación aguda de la mente humana. De hecho, los estudiosos de padres abusivos han llegado a idénticas conclusiones. No obstante, la patología de Hubbard estriba en el hecho que él mismo solía comportarse como un supresivo. Por ejemplo, la manera en que sus padres lo trataron de adolescente repudiando su vocación de escritor lo repitió Hubbard con Quentin: repudiar su vocación de piloto aeronáutico. Quentin había querido alejarse de la religión que creó su padre. Hubbard quería que su hijo hiciera carrera en la iglesia y ascendiera en la escala jerárquica. Quentin cayó en una depresión al grado de intentar suicidarse con píldoras (historia que me recuerda la película La sociedad de los poetas muertos). En vez de entender la señal de alarma, Hubbard revictimó a su hijo confinándolo a su cabina por tres semanas. Luego lo asignó a un proyecto de castigo de invención suya llamado Rehabilitation Project Force.

En México, y en otros países también, los cienciólogos generalmente no traducen este concepto: lo denominan por sus siglas. La RPF es un castigo que se aplica a los miembros de la Organización el Mar (a los empleados comunes se les disciplina a través del Proyecto de Enmiendas, y cuando la iglesia le hace la guerra a un crítico externo recurre a otro tipo de medidas). La RPFinició en 1974 para quebrantar la voluntad del cienciólogo que había hecho su contrato de servir indefinidamente a la Org del Mar. Aunque algunos apologistas de la iglesia alegan que la acción disciplinaria es voluntaria, en el barco de Hubbard se llegó a aplicarla por querer abandonar la organización. Como los sambenitos de la España y la Nueva España inquisitorial, a los cienciólogos penitentes se les obligaba a portar una vestimenta negra de caldera, incluso en los tiempos más calurosos. En esta “org”, la más severa de la iglesia, hay una gradación de pecados para quien se encuentra “fuera de ética”. El pecado llamado “emergencia” es el más venial de todos. La “deuda” es considerada más grave, y el estigmatizado ha de mostrar una banda gris en el brazo. “Traición” conlleva una marca negra en la mejilla y “duda” a un estado de incomunicación. El más grave, “enemigo”, se reserva a los herejes y a los detractores de la iglesia. A éstos se les aplica la Fair Game Policy y la persona puede cazarse en buena lid. Los cienciólogos son reacios a traducir sus políticas represivas. Ocasionalmente le llaman “Caza no Vedada” a la Fair Game Policy, pero en lo personal prefiero traducirlo como “Política de Caza Legítima”. En lo que respecta a los “delitos” menores, los que cometen los cienciólogos que no han roto con la iglesia, la justicia en Cienciología se asemeja más a la de tribunales militares que a juzgados donde hay civiles que pueden seguir el juicio. Ni siquiera los cienciólogos comunes y corrientes pueden revisar la evidencia y los testimonios. En un audio grabado sobre el Curso de Doctorado en Filadelfia, Hubbard pronunció estas palabras:

¿Leyeron alguna vez al pobre del viejo George Orwell y 1984? Bien, bien, eso es magnífico. Eso sería […] la sombra más pálida imaginable de lo que sería del mundo si estuviera bajo el dominio del uso secreto de Cienciología.

Después de la muerte de Hubbard el citado pasaje fue borrado del audio bajo órdenes de David Miscavige.

Hubbard trató a sus detractores como su madre lo trató de niño. Mientras presidía su imperio la iglesia intentó destruir a la periodista Paulette Cooper, quien había tratado de denunciar los crímenes de la iglesia. Los secuaces de Hubbard le aplicaron la Política de Caza Legítima. Esta es una de las historias más ruines de la organización de Hubbard. Por cinco años Paulette luchó sola contra una iglesia mucho más poderosa que una mujer aislada. A través de falsos cargos consiguió que fuera legalmente acusada. Al tener que contratar a abogados que la defendieran de los espurios cargos, Paulette estuvo al borde de la bancarrota. Una vez publicado su libro, The scandal of Scientology, copias del mismo fueron robadas de las bibliotecas por los fanáticos de Hubbard, quienes llegaron al extremo de comprarlas de segunda mano en librerías del viejo para destruirlas. Paulette misma fue amenazada de muerte, por vez primera en diciembre de 1969. El celo con que los secuaces de Hubbard aplicaron la Política de Caza Legítima a Paulette me recuerda a los cristianos de los siglos IV y V que destruyeron los libros de Celso y Porfirio, los detractores de la iglesia cristiana: una política que dio inicio a la edad de la oscuridad. Todo un capítulo sobre la “caza legítima” de Paulette puede leerse en el libro de Bent Corydon. Pero a mi juicio el punto crucial es que la intolerancia ante la crítica es un introyecto de cómo la madre de Hubbard intentó controlar a su hijo. El acto “supresivo” de la iglesia de Hubbard pudo ser resonancia de cómo fueron tratados tanto el joven Hubbard de otros tiempos, como los oficiales de la iglesia que se ensañaron con Paulette.

En altamar Hubbard podía aplicar las sanciones de Rehabilitation Project Force a su antojo. En esos tiempos la RPFpodía llegar a durar dos años, y las penalidades incluían privación de las horas normales de sueño; privación de raciones comunes de comida, y la asignación de ardua labor física. Desde que Hubbard realizara experimentos psicológicos con Sara Northrup, su segunda esposa, parecía estar obsesionado con la privación del sueño. Sara no sólo huyó de su marido y de sus técnicas de control mental sino que, como dije, planeó internarlo en un siquiátrico. Pero a Hubbard le resultó cosa fácil aplicar la RPFy el tormento de la privación de sueño a los miembros de su Org del Mar. Imitando a Beria, el jefe de la policía secreta de Stalin, Hubbard escribió:

Al rebajar la resistencia de una persona por constante degradación y difamación es posible inducir, de esta manera, un estado traumático que recibirá adecuadamente cualquier orden que se le dé […]. En el animal la lealtad primaria es hacia sí mismo. Esto es destruido al demostrarle los errores en él.

A mi modo de ver, aquí se vuelven a percibir resonancias de cómo lo trató su madre. Hubbard le exigía a sus fieles que cada vez que tuvieran un pensamiento crítico sobre él o su iglesia “lo reboten cual bala”. Esto es, que en el mismísimo instante pensaran que el hecho de tener semejante pensamiento significa que ellos, no Hubbard albergaban lo que él llamó “crímenes ocultos”. Cuando confronto a algunas personas disociadas por su conducta abusiva, algunos inmediatamente rebotan cual bala mi crítica para hacerme ver defectos míos que sólo ellos imaginan. Eso alimenta mi hipótesis que en cierta manera el citado pasaje de Hubbard es resonancia de su pasado. John Ausley, quien llegara a uno de los más altos niveles en la Org del Mar y quien contó una de las anécdotas de arriba, escribió que Hubbard “implementó esta regla: que si cualquiera decía algo malo sobre él había cometido un acto traicionero contra toda la humanidad”, y a renglón seguido cita unas palabras de Hubbard mismo:

¿Por qué están viendo algo malo en mí? ¡Eso sólo significa que hay algo terriblemente malo en ti!

El objetivo de rebotar los pensamientos críticos cual bala era producir, y cito una expresión de Hubbard a su primogénito, “souls turned inside out”, almas volteadas cual calcetín por así decirlo. Como en los procesos de Moscú, Hubbard quería inducir sentimientos de culpabilidad ante el más leve signo de deslealtad.

Para el cienciólogo leal es imposible albergar un pensamiento crítico sobre Hubbard, de igual manera como para los comunistas de otros tiempos era imposible albergar pensamientos críticos sobre Marx o Lenin. Los adultos inmaduros abrazan la doctrina de infalibilidad absoluta de la figura de autoridad, como los católicos que creen en los pronunciamientos ex cátedra del papa; y exactamente lo mismo sucede con quienes creen en los gurús de la nueva era. Bajo esta luz, la ética hubbardiana no es otra cosa que haber internalizado la manera arrogante, dictatorial y pontificia como lo trató su madre. Estoy convencido de esta interpretación porque los regaños en que el agresor voltea su culpa y proyecta masivamente su patología sobre sus víctimas son un retrato perfecto de la dinámica que he observado en algunos parientes y cercanos, como mostraré en otro lugar.

NI RUSSELL MILLER ni Jon Atack, sus biógrafos críticos, incursionaron en el por qué de la psicosis de Hubbard. No obstante, aunque de manera esparcida la biografía de Miller contiene datos para intuir la tragedia de su biografiado. En páginas anteriores vimos, por ejemplo, que después de una confesión de Hubbard a Jim Dincalci éste se quedó con la impresión de que su infancia había sido desgraciada; que “mucha amargura había ahí sobre sus padres”. Recordemos también que, según Barbara Kaye, Hubbard “bebía excesivamente” y que “hablaba en la proporción que tomaba”. Fue precisamente a su amante Kaye a quien Hubbard le confesó el odio que sentía hacia su madre. En su diario íntimo Kaye escribió: “Es un hombre profundamente infeliz”. Tan infeliz que aún cuando presidía su imperio Bill Robertson observó: “Me dijo que no tenía más ganancias y que quería morir. Eso fue lo que dijo: ‘Quiero morir’”. Y a la ciencióloga Adelle Hartwell le impresionó verlo, ya en sus sesentas, “quitándose el sombrero, pisarlo a zapateadas y llorar como un niño”.

Las acciones disciplinarias para cienciólogos en la Org del Mar reflejan lo que la psicóloga suiza Alice Miller ha llamado pedagogía negra: la manera como los padres abusivos programan la mente de sus hijos. La Política de Caza Legítima es otro ejemplo. Su código estipula que al crítico de la iglesia hay que perseguirlo hasta que quede moralmente destruido. Reemplácese “crítico de Cienciología” por “disidente de los valores parentales” y se verá una calca exacta de cómo, en buena lid, las madres supresivas cazan a sus hijos o hijas adolescentes hasta que queden moralmente destruidos. Las palabras textuales de Hubbard en inglés sobre su Política de Caza Legítima (Fair Game Policy) son las siguientes. Según Hubbard, quien ataque a su iglesia:

May be deprived of property or injured by any means by any Scientologist without any discipline of the Scientologist. May be tricked, sued or lied to or destroyed. (Se le puede privar de su propiedad o ser lastimado por cualquier medio por cualquier Cienciólogo sin que ninguna acción disciplinaria se emprenda contra el Cienciólogo. Puede ser embaucado, demandado, difamado o destruido.)

Aunque la Política de Caza Legítima se les oculta a los principiantes, en otro libro de texto que estudió mi hermano, Introducción a la ética de Cienciología, hay un apartado titulado “Pasos para manejar a la persona supresiva” donde ya se asoma la intolerancia de la iglesia. Uno de los pasajes dice lo siguiente:

Actos supresivos son evidentemente aquellos actos encubiertos o manifiestos planeados a sabiendas para reducir o destruir la influencia o actividades de Cienciología […]. Como las personas o grupos que harían esto actuarían por egoísmo sólo para detrimento de todos los demás, no se les pueden conceder los derechos que normalmente se otorgan a los seres racionales.

Desde este ángulo, yo no escribo este libro por el dolor que me causa el silencio de mi hermano ante mis misivas, sino por egoísmo; y la sociedad no debiera concederme mis derechos civiles. El pronunciamiento de Hubbard parece provenir de un san Agustín u otro apologista de la violencia religiosa en la temprana Edad Media. Pero esta observación no llega a la raíz del asunto, el por qué de la intolerancia en tanto teólogo medieval, partidos políticos y sectas frente a los disidentes. Al igual que Hubbard, Agustín tuvo una madre en extremo supresiva. Y Agustín también sepultó el coraje que sentía por ella al grado de desplazarlo hacia otros cristianos que etiquetó de “herejes”. Ron Hubbard Jr. escribió que su padre nunca sintió remordimientos por sus actos. Agustín tampoco se arrepintió de haber fomentado la persecución fanática de otros cristianos. A través de su “ética” Hubbard se identificó con sus agresores, sus padres; transfiriendo el coraje que sentía por ellos hacia quienes, una vez que Hubbard obtuvo poder, diferían de él. Cuando una iglesia, secta o partido político asume el rol de un padre tirano, aunque provee la ilusión de ser un padre protector en el fondo está demandando la misma sumisión que sufrió de niño. La lealtad a una iglesia, secta o partido político es una transferencia parental del niño-adulto hacia otra figura de autoridad dado que jamás procesó el dolor sobre la manera como fue tratado.

Jon Atack concluye su libro diciendo: “En muchos sentidos Hubbard fue un niño crecido”. El edificio axiológico de Hubbard puede entenderse como mecanismo de defensa para un ego ancestralmente herido. Al igual que Spinoza, quien también elaboró una intrincada ética, Hubbard desconocía el valor terapéutico del enojo hacia el agresor. En La ciencia de la supervivencia, un libro tan errado en cuestiones psicológicas como la Ética spinozista, Hubbard pone muy debajo al enojo en su escala de tonos. Recordemos que según Hubbard la definición original de persona supresiva es la persona traumatizada que trata a otros como si fueran los eventos traumáticos de su pasado. Al reprimir su tragedia, él mismo, Hubbard, trató a sus hijos y prosélitos con gran enojo, como eventos traumáticos de su pasado. Alice Miller ha dicho que el enojo hacia objetos sustitutorios es infinito. Ese odio es patológico. En cambio, el enojo sano hacia el agresor es sano y finito: se limita a denunciar lo que el agresor nos hizo. Ahora bien: Hubbard siguió los cánones morales de su época. Es un hecho que, en sus escritos —literalmente millones de palabras—, jamás denunció a sus padres. Debido a ello, se sintió en la necesidad de desplazar su ira hacia objetos sustitutorios.

Contra lo que los gurús y toda suerte de líderes religiosos, incluido Hubbard, han dicho a lo largo de milenios, Alice Miller, y a un nivel más popular Susan Forward, han demostrado que reprimir el odio y el enojo hacia nuestros agresores es el peor veneno de la mente. El enojo y el resentimiento no son otra cosa que decir en voz fuerte: ¡Se han pisoteado mis derechos! Son una reacción humana sana, natural y comprensible. Sólo cuando vivimos en toda su intensidad la gama de nuestras emociones iniciamos el duelo de haber perdido a nuestros seres queridos en vida. Este duelo, catalizado por el enojo y la repulsa de perdonar al padre irredento, es la verdadera cirugía del alma. Pero es este duelo lo que todo aquél que entra a religiones, sectas y éticas filosóficas más teme. Spinoza, Hubbard y otros creadores de venenosas éticas, o pedagogías negras como les llama Miller, se asustaron ante sus más que genuinas emociones y jamás resolvieron su problema existencial (a Spinoza lo repudió su familia, parientes y correligionarios judíos por sus ideas religiosas). A mi hermano Germán le regalé un libro light, un bestseller de autoayuda que enseña a expulsar el enojo de manera sana, Padres que odian de Susan Forward. En lugar de leerlo, o de discutir su contenido conmigo, tomó el curso del libro en que Hubbard presenta su escala de tonos: que no es otra cosa que los valores más tradicionales y reaccionarios presentados en formato tecnicalizado.

Llama enormemente la atención el hecho que, al igual que Spinoza y Nietzsche, Hubbard reprobara a la compasión. Para entender a Hubbard es necesario insistir en una de las mayores taras de la cognición humana. Los valores tradicionales, reflejados en las éticas de los más diversos credos, nos hablan del “infierno del resentimiento” y de la “magia del perdón”. Como ha demostrado Miller y Forward en varios de sus libros, esta visión del mundo es diametralmente opuesta a la realidad psicológica; y los valores de las culturas del mundo de han de ser transvalorados si es que hemos de reecontrar nuestro camino. Nietzsche y Hubbard condenaron vehementemente a la compasión. Nietzsche culmina su obra magna con una prueba, la superación de la compasión de Zaratustra hacia sus fieles cuando fueron atacados por un león: la “ultima tentación” del iluminado. En La ciencia de la supervivencia Hubbard dice cómo debe comportarse el auditor ante la gente que ha caído en desgracia. Hubbard habla de “un impulso hacia el desprecio y la ridiculización” y menciona “el sentimentalismo sensiblero” de la sociedad ante los miserables. Exactamente como se hace en las escuelas para sicoanalistas, el auditor de dianética tampoco debe involucrar sus sentimientos con la gente en crisis. En su libro Hubbard dice, literalmente, “no sientas compasión por él”. Lo que es más, al igual que sus enemigos siquiatras, para Hubbard la depresión es un pecado: una noción que viene directo del medievo y de sus demonios del mediodía. Estoy convencido de que detrás de su lenguaje tecnicalizado y escala de tonos Hubbard esconde un abismal terror hacia sus añejas emociones: el odio que sentía por sus padres, su madre en especial, que tan bien conocían sus confidentes.

En agosto de 1982 el juez Paul Breckenridge escribió las siguientes palabras sobre un juicio en que la iglesia demandó al ex cienciólogo Gerald Armstrong por hablar de los hechos reales de la vida de Hubbard:

La organización [la Iglesia de Cienciología] es claramente esquizofrénica y paranoide, y esta extraña combinación parece ser un reflejo de su fundador LRH.

El concepto de persona supresiva no es el único caso de este reflejo. Como vio su primogénito, toda la llamada tech de Hubbard parece haber sido un intento fallido de salvarse de abismales afectos. Hubbard afirmaba que las úlceras eran causadas por intentos de aborto. Pero omite confesarnos, y esta omisión es la clave para entenderlo, que creía que su madre intentó abortarlo, y que él mismo padeció de úlcera duodenal desde 1943 de la que jamás se curó a pesar de que repetía líneas de pensamiento mágicas. Estas líneas, idénticas a las de Escatología por cierto, eran sus famosos postulados. Hubbard postulaba cosas como: “Tus úlceras están muy bien y jamás te molestan; puedes comer cualquier cosa”.

He dicho que debido a su tabaquismo Hubbard sufrió de problemas respiratorios. No puede ser coincidencia que una de las promesas del curso OT3 fuera curar ese tipo de problemas. Asimismo, OT4 presumiblemente curaba los efectos tardíos del abuso de estupefacientes en las vidas pasadas. Esto de vidas pasadas es pura patraña: según Ron Hubbard Jr. su padre ya era un adicto desde su adolescencia, práctica que continuó incluso después de elaborar su técnica sanadora. Hubbard Jr. escribió: “Recuerdo el año 1952 en Filadelfia en que tenía una jeringa en el brazo con cocaína”. Y en la página siguiente añade que su padre también usó “anfetaminas, barbitúricos y alucinógenos” entre los que citó al peyote. En una carta de Hubbard mismo a Polly Grubb, su primera esposa, puede leerse: “Te amo a pesar de que solía ser un adicto al opio”. Incluso en una conferencia pública de junio de 1950 Hubbard reconoció que había sido adicto al fenobarbital. Por si fuera poco, existen cartas íntimas de 1966 a Mary Sue, su tercera esposa, donde detalla las drogas que tomaba. Y David Mayo, uno de sus más cercanos colaboradores, declaró en una entrevista de octubre de 1986 que Hubbard había admitido en privado haber tomado LSD. No extraña que incluso el cadáver de Hubbard tuviera Vistaril, un ansiolítico que había ingerido por años; y que buena parte del activismo de la iglesia actual se enfoque a la “guerra contra las drogas”.

La forma patética en que terminó la vida de Hubbard (en su testamento le dejó casi todo a la iglesia, nada a su primogénito ni a su hija Alexis: prueba que no los quería), con numerosas marcas de inyecciones y drogas encontradas en su sangre, epitoman su vida de forma más elocuente que lo que puedo hacer acá. Al leer las biografías de Hubbard el lector queda bajo la impresión que vivió acosado por una verdadera legión de demonios internos. Desde octubre de 1947 Hubbard había escrito a la Administración de Veteranos de Guerra pidiendo ayuda —¡ni más ni menos que ayuda siquiátrica! La carta de Hubbard se conserva y dice textualmente: “No puedo responder por no superar largos períodos de morosidad e inclinaciones suicidas”. Tres años más tarde elaboraría su dianética, pero aún como descubridor de “la ciencia de la salud mental” aparecieron sus demonios. La humillación de la que Hubbard había sido objeto de chico nunca fue curada a través de un duelo, sólo compensada artificialmente con fantasías de ciencia-ficción vendidas como una tecno-religión. Cuando Kenneth Urquhart, quien había ocupado un puesto ejecutivo en las oficinas de Cienciología en Inglaterra, se unió al barco, le impresionaron los constantes gritos de su maestro. La elaboración de uno de los cursos OT, lejos de curarlo de su adicción, había agravado su condición. Aparte de los sucesos de su infancia y adolescencia la tragedia de Hubbard se agravó por la retroalimentación positiva que, desde 1950 hasta su muerte en 1986, recibió de sus fieles. Dicho de otra manera: si Hubbard no hubiera creado una religión habría tenido chances de mantenerse en contacto con la realidad. De haber seguido ganando un céntimo por palabra con sus relatos de pulp fiction podría haber librado la psicosis total. Irónicamente los fieles fueron, en parte, responsables de su condición.

Este tipo de observaciones psicobiográficas no aparecen siquiera en los textos de los detractores más lúcidos. Ni Martin Gardner ni Russell Miller ni Jon Atack declaran locos a los locos: quienes le dieron el dinero, el poder y la fama a Hubbard. En su reseña de 1988 del libro de Russell en la prestigiosa revista Nature Gardner se pregunta por qué Hubbard no fue internado en un hospital siquiátrico. Con tal pregunta Gardner incurre en un enorme error cognoscitivo.

Hubbard sufrió pavorosamente por sus abusivos padres. Ambos trataron de compensar su herida autoestima con delirios de grandeza. El concepto de “tetán operativo” refleja al superhombre que Hubbard aspiró ser. Los cursos de OT, creen los cienciólogos, desarrollan habilidades parasicológicas: desde la telepatía hasta la psicokinesis y la levitación. El tetán operativo es capaz de afectar al mundo físico a través de experiencias extra corpóreas: puede viajar en cuerpo astral a respirar el aire puro de las montañas o escuchar el murmullo de las olas en la playa. Si bien hay cienciólogos que han admitido que esas experiencias fueron completamente subjetivas, los estudiantes que no pueden costear los avanzados cursos toman los alegatos por ciertos. Los biógrafos detractores de Hubbard no han intentado descifrar por qué los cienciólogos de cursos avanzados y muchos new agers sienten la necesidad de desarrollar poderes psíquicos.

La respuesta está en la infancia.

Published in: on May 18, 2009 at 4:59 pm  Comments (2)  

Un niño precioso

El más nefando pecado de Hubbard fue haber atormentado a niños pequeños: secuela de lo que le hicieron de niño. El barco de Hubbard, pintado de blanco inmaculado, era considerado por sus adeptos el lugar más cuerdo del mundo. Pero quienes no pertenecían a la tripulación ignoraban que el Apollo contaba con calabozos.

En 1967, por orden de Hubbard, Tony, un niño travieso de cuatro años, fue encerrado casi dos días en la cámara de la cadena: un lugar oscuro, lóbrego y maloliente que debió parecerle a Tony el interior de la nave de Alien. Tony se encontraba “fuera de ética”: había caído de la gracia de Hubbard. Su madre, una ferviente ciencióloga, había confiado a su pequeño a la Org del Mar y cuando visitó el Apollo se horrorizó al ver que su hijito estaba encerrado en el calabozo. Los oficiales le explicaron a la mamá que el niño de cuatro años “era un tetán muy viejo con un cuerpo joven” y que “no se le debía permitir usar su joven cuerpo para inspirar compasión”. El siguiente año Hubbard ordenó que una niña fuera encerrada en el calabozo. Esta vez el castigo duró una semana. Los testimonios sobre estos sucesos provienen de ex cienciólogos que vivieron en el Apollo: John McMaster, John Ausley y otros.

Ausley cuenta que Hubbard tenía a su disposición un bravucón llamado Otto Roos, quien se encargaba de castigar a los niños y adolescentes del barco. Cierta ocasión Roos agarró a un chico por osar dormir cuando supuestamente debía trabajar y lo dejó caer, dormido, desde una altura de aproximadamente metro y medio. En palabras de Roos mismo: “La severa disciplina inició en septiembre de 1967, cuando la condición de no existencia fue acompañada por la penalidad de privación de comidas”. “No existencia” es otro de los estados pecaminosos que, en la Org del Mar, requiere de acción disciplinaria (los otros grados fueron mencionados en capítulos anteriores). Que Hubbard ordenaba directamente el encierro de niños en la cámara de la cadena fue atestiguado, además, por una de sus ninfetas mensajeras, Tonja Burden. En 1974 Tonja tenía trece años cuando trabajó para el comodoro. Años después, en una declaración jurada Tonja escribió: “Vi a un niño mantenido ahí por treinta noches llorando y suplicando que lo sacaran” (debido a sus declaraciones Tonja sería sometida a la Política de Caza Legítima de la iglesia). En otra ocasión Hubbard le pegó a un chico hasta doblarlo. Según cuenta la misma Kima Douglas:

Dos veces lo vi físicamente violento. Le dio un manotazo a un niño que le había replicado y lo abofeteó en la cara con la mano abierta. Lo noqueó cayendo a sus pies.

A pesar que le envié por correo electrónico a Germán testimonios de este tipo, es alarmante ver cómo él y sus correligionarios se niegan a ver al monstruo que habitaba en Hubbard. Duele horrores que mi hermano lo vea como Hubbard se describía a sí mismo. En su artículo de 1965, Mantén funcionando a la Cienciología, Hubbard escribió: “No hay grupo más ético en este planeta que nosotros”. Un eslogan publicitario de los años ochenta, cuando Hubbard aún vivía, decía que la iglesia era “el lugar más amigable del mundo”. Este tipo de crueldades y declaraciones en que se dice exactamente lo opuesto a un público infantil que se lo traga todo es un conocido patrón entre sectarios y políticos. El duelo sano de la víctima implica escribir epístolas acusatorias al abusivo progenitor, como la carta al padre de Kafka; o aún mejor, el autoanálisis de John Modrow. Cuando se elude el duelo la víctima se ve compelida a repetir el vapuleo en la siguiente generación de hijos. Al igual que muchos otros gurús, Hubbard desplazó su ira contenida no sólo hacia sus hijos, sino hacia otros niños. No todos los cienciólogos sabían que en el Apollo se castigaba a niños en calabozos. Bent Corydon confiesa que, de haberlo sabido, se habría confundido sobremanera.

Un caso que escandalizó a la opinión pública fue el de la adolescente Susan Meister. Aparentemente Susan se dio un balazo en la frente a bordo del Apollo, aunque su padre siempre afirmó que había sido asesinada. Hubbard no se cansó de reiterar que cuando alguien hace este tipo de acusaciones eso significa que el denunciante, no la iglesia acusada, está cometiendo un crimen. (Yo mismo escuché esta doctrina en boca de un patrocinador de CCHR cuando me darían una iguala mensual por mis servicios de asesor externo.)

El pequeño Ron
con sombrero de marinero

Las fotografías de Hubbard de pequeño lo muestran muy gracioso. Sus padres socavaron la autoestima del precioso niño que, de adulto, se metamorfoseó en su antítesis. Su técnica le sirvió para mantener enterrada su cabeza en la arena y no cobrar conciencia de las aberraciones de su crianza, o para usar su lenguaje, de sus enturbulaciones. Incluso en sus novelas de ficción, como en Final blackout, el personaje déspota llamado Lugarteniente parece ser el alter ego del Hubbard adulto.

El mantra que Hubbard y sus epígonos repiten como loros es que, como la “tech” es infalible, quien ose cuestionarla sólo está tratando de esconder sus crímenes. Esto no sólo es lenguaje cifrado de la manera como Hubbard fue maltratado de niño, sino de cómo los cienciólogos de hoy día fueron tratados en sus infancias o adolescencias.

Para acceder
a los capítulos finales
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Published in: on May 18, 2009 at 4:53 pm  Comments (2)