Una canaria apañada, 1

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El autor en
Gran Canaria, España



Es increíble las cosas que uno hace para salir del apremio económico. A raíz de la tragedia ocurrida en el hogar, el tema central de mis Hojas susurrantes, me quedé sin profesión u oficio. Por correo electrónico, el año pasado, una mujer que nació en la isla Las Palmas de Gran Canaria llamada Teresa me propuso que me casara a fin de obtener permiso de trabajo en España. Aunque posteriormente no se hizo lo del matrimonio, y aunque jamás hubo el menor roce romántico entre nosotros, Tere inició unos trámites para que, con el tiempo, obtuviera permiso de trabajo en su país. Dado que, según creí a primera instancia, era una ayuda altruista yo acepté para librarme de la herencia familiar, y poder por fin publicar mis Hojas susurrantes en que denuncio a mi familia.

Bueno: esa era al menos la idea idealista con la que emprendí el viaje a la Gran Canaria. Ni Tere ni yo sospechamos que en 2008 y 2009 la crisis económica se fuera a agravar durante mi estancia. Miles de ciudadanos canarios perdieron su empleo. Ya podrá imaginarse cómo estaría yo sin los debidos papeles de trabajo. Y en esas circunstancias radiqué diez meses en la maldita isla en que Tere me presionaba para que buscara trabajo…

Por otra parte, gracias al desempleo descubrí un mundo. Utilicé esos largos meses para leer montones de artículos de la blogósfera sobre la islamización de Europa y aún sobre la futura extinción de la raza blanca de continuar las suicidas tasas de natalidad. Como en mi cándida ingenuidad hablo de mis lecturas, cometí el error de decirle a Tere que me había involucrado en el movimiento antiyijad; esto es, el movimiento de la blogósfera preocupado por la islamización de Occidente.

Qué error… En los meses en que viví en su departamento sin poderme salir por falta de trabajo y dinero, Tere me acosó con telefonazos, mails y, cuando visitaba Gran Canaria (ella trabaja en Madrid), incluso personalmente.

Tere es una persona que no tiene insight o discernimiento de lo que habita en su alma. Desde los primeros días en que llegamos a la isla presencié cómo abordaba a las empleadas de las tiendas con preguntas malhumoradas. Como toda persona disociada, cuando la confronté por su conducta replicó que nosotros, no ella, éramos los piel delgada. Que ella simplemente es apasionada y que la gente malentiende sus pasiones. En sus diversos mails del 20 de agosto de 2009 me dijo que su forma de ser formaba parte de su “naturaleza siempre crítica y cuestionadora”. También me escribió:

“Es verdad que yo puedo ser muy vehemente o apasionada en mis discusiones, cosa que algunas personas malinterpretan como irritación o enfado”.

En estas entradas sobre Teresa veremos qué fueron en realidad las “malas interpretaciones”, y por qué considero su caso un paradigma perfecto para entender el suicidio de Occidente en general y de Europa en particular.

Published in: on December 30, 2014 at 7:43 pm  Leave a Comment  

Una canaria apañada, 2

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El autor en
Gran Canaria, España


¿Por qué uso mi tiempo en algo aparentemente tan irrelevante como hablar de las histerias de una mujer de izquierda? ¿Es todo una pueril venganza?

Una de las cosas que más me llama la atención del mundo actual es que no existe aún lo que en El yo dividido Ronald Laing llamaba una ciencia de las personas. O más bien: existe, aunque de manera embrionaria.

En el Romanticismo se desató el género de la autobiografía confesional. Infortunadamente, el sicoanálisis, la sicología y la siquiatría, al pretender analizar a la gente en base a principios abstractos, usurparon el estudio del yo y pretendieron abordar el asunto desde la imposible perspectiva objetivista. (En realidad, para entender a las personas es necesaria una historia subjetiva de las personas.) Este error categorial permea la academia de manera ubicua.

El mismo Oliver Sacks lo reconoce en su área de estudio, la neurología. En la entrada que subí justo antes de esta serie en mi otro blog me refiero al libro de Sacks, Musicofilia. En otro de sus muy comentados libros, El hombre que confundió a su mujer con un sombrero, Sacks se quejó de que en la neurología clásica hallaremos un millar de descripciones patológicas correspondientes al hemisferio izquierdo del cerebro por cada descripción del derecho. Y añade:

Y sin embargo son, como dice Luria, de fundamental importancia. Y en tal medida que quizás exijan un nuevo tipo de neurología, una ciencia “personalista” o, como le gustaba decir a Luria, “romántica”, pues afloran aquí, para que los estudiemos, los fundamentos físicos de la persona, el yo. Luria creía que el mejor modo de introducir una ciencia de este género era a través de un relato.

¡El relato! Justo lo que me he dedicado a hacer en una buena parte de mis Hojas susurrantes. Sacks habla de problemas en el hardware del despreciado hemisferio derecho del cerebro, el hemisferio de las emociones, cuando Laing hablaba de problemas en el software: la forma en que vemos el mundo. El área de investigación de Sacks es el cerebro dañado. La de Laing, como la mía, las mentes dañadas. Uno estudia el hardware, otro el software (en otro de mis blogs he tocado el tema con mayor profanidad). Por el momento sólo debo justificar por qué subo entradas sobre una pobre mujer que conocí, la cual no tiene influencia en la sociedad salvo su voto por el partido de Zapatero.

La razón es simple. La mejor manera para ilustrar los fallos del juicio de la gente de izquierda debe ser, siguiendo a Sacks y a Laing, personalista. Infortunadamente, en las facultades de sicología no se me permitiría este tipo de incursión sobre una persona en particular. Quisiera seguir pasándole el micrófono a Sacks para ilustrar este fallo cósmico en la sicología académica. En el capítulo en que presenta el caso del hombre que, por un problema neurológico (su vista estaba perfectamente bien) confundió a su mujer con un sombrero, Sacks escribió:

Curiosamente, aunque la neurología y la sicología hablen de todo lo demás, casi nunca hablan del “juicio”. Y sin embargo, el juicio es la facultad más importante que tenemos. Un animal, o un hombre, pueden arreglárselas muy bien sin “actitud abstracta” pero perecerían sin remedio privados de juicio. El juicio debiera ser la primera facultad de la vida superior o de la mente, y sin embargo la neurología clásica (computacional) lo ignora. Y si investigamos cómo pudo llegarse a una situación tan absurda, veríamos que es algo que nace de los supuestos, o de la evolución, de la propia neurología. Porque la neurología clásica (como la física clásica) siempre ha sido mecanicista. Por supuesto, el cerebro es una máquina y un ordenador: todo lo que dice la neurología clásica es válido. Pero los procesos mentales no son sólo abstractos; entrañan también sentimientos. Si no los hay, pasamos a ser como un ordenador, que es lo que le sucedía al doctor P.

El doctor P. fue quien, debido a un problema neurológico que le hizo olvidar qué eran los rostros, confundió a su mujer con un sombrero. En la cita de arriba no puse corchetes con puntos suspensivos en los párrafos que me salté a fin de agilizar la lectura. Lo que dice Sacks a continuación le pega al clavo a todo el asunto:

Por una especie de analogía cósmica y terrible, la psicología y la neurología cognoscitiva de hoy se parecen muchísimo al pobre doctor P. Nuestras ciencias cognoscitivas padecen también una agnosia similar en el fondo a la del doctor P. El doctor P. puede pues servirnos de advertencia y parábola de lo que sucede en una ciencia que evita lo relacionado con el juicio, lo particular y lo personal.

Como remedio a esta neurología hemipléjica, Sacks recomienda el estudio del hemisferio derecho del cerebro. No obstante, a diferencia del hemisferio izquierdo, éste sólo puede estudiarse a través de relatos personalizados. Sacks ilustra así las disfunciones neurológicas en diversas áreas del hemisferio derecho, como lo hace en sus libros.

Los libros de Sacks me mostraron cosas de la mente que no acababa de creer cuando hace unos años leí otro de sus libros, Un antropólogo en Marte. Por cierto, todos los libros de Sacks que poseo me los regaló Tere. En este asunto debo estarle agradecido.

Las citas de arriba me sirven de maravilla para explicar lo que quiero. Así como la neurología está hemipléjica, la carrera académica de sicología también lo está. Si bien es común que se escriban psicobiografías sobre las patologías de los políticos de izquierda (ahora me viene a la mente el ensayo de Enrique Krauze sobre López Obrador), no se considera oportuno analizar a la gente común y corriente.

Creo que esto es un grave error. Y mi estudio sobre Tere lo demostrará. Analizar los extravíos mentales de una mujer de extrema izquierda es, en el software, lo equivalente en hardware a analizar el lóbulo cerebral de quien confunde a su esposa con un objeto.

Published in: on December 30, 2014 at 7:42 pm  Leave a Comment  

Una canaria apañada, 3

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Gran Canaria, España


Cuando llegué a España después de un cansado viaje desde México, a unos días de mi llegada Teresa me recibió con el comentario de que se había sentido extasiada, e hizo una cara de éxtasis precisamente, al ver cómo caían las Torres Gemelas durante los atentados del 11 de septiembre de 2001. Me dio a entender que era casi un orgasmo existencial para ella el ver así caer a “¡El poder…!” según la frase que usó.

Al igual que toda la gente que odia a Occidente, Tere es un espécimen típico de resentimientos abismales contra sus padres; resentimientos no procesados y trasladados a figuras sustitutivas—en este caso los Estados Unidos—a los que la sociedad permite descargar los dos minutos de odio.

El nivel de empatía—sentir lo que la otra persona siente aunque estemos en desacuerdo con su ideología—era virtualmente nulo en Tere, con quien años antes ya había discutido sobre política cuando visitó la Ciudad de México. Desde que me percaté de sus odios a la cultura occidental supuse que Tere debió haber sido maltratada de niña.

Como España en general, y las Canarias en particular, estuvieron quebradas económicamente durante mi estancia en Gran Canaria, el haber comprado un boleto de viaje que había caducado para regresarme a México significó ni más ni menos que depender económicamente de alguien que odiaba desde que descubrí su postura política. Lo más frustrante es que ni un ápice de ese odio podía trasmitirle a Tere debido a la grotesca dependencia en la que había caído.

Qué dilema. Pero aunque parezca mentira, la ventaja de quedarme esos meses fue que, sin proponérselo, Tere misma corroboró la interpretación psicológica que había ideado de ella. Efectivamente, el 18 y el 19 de agosto de este año, cuando aún vivía yo en Gran Canaria, me envió furiosos mails por mis ideas políticas, entre los que recojo esta joya:

Y tampoco olvides las diferencias entre la actitud pública y privada de las personas, como ocurría con tu madre y la mía, que lloraba sin poder evitarlo ante los dramas familiares de las películas rosas de la TV, mientra se mostraba ciega e impasible ante mi sufrimiento personal.

“Ciega e impasible ante mi sufrimiento personal” fue exactamente lo que Tere hizo conmigo esos diez meses en que no pude huir de su departamento por la más elemental falta de dinero. Es más que obvio que la manera como ella fue tratada de niña Tere trata a la gente sobre la que tiene poder: sea yo mismo o las empleadas de las tiendas, quienes, al tener la obligación de contestarle al cliente de buen modo, esta mujer se aprovechaba para hacerles preguntas en malos humores, acerca de los cuales Tere no era consciente.

Tere se puso furiosa al ver mis vídeos de YouTube, donde me quejo amargamente de que la raza blanca se esté extinguiendo (éramos el 30% cuando nació mi abuela; ahora somos la mitad y las proyecciones señalan que nos iremos al 5%). Decir eso abiertamente en mis vídeos, conjuntamente con mis jeremiadas contra la islamización de Europa, la enfureció. De hecho, ¡Tere me salió con la absoluta psicosis de que “las razas no existían”!

Este vídeo mío [Nota de 2012: Por razones de privacidad, el año pasado puse, en todos mis vídeos en que hablo directamente a la cámara, un candado para que sólo mis amigos puedan verlos] ejemplifica lo que quiero decir: algo que Tere no puede ver porque está ciega para ver la belleza de las ninfas en la población caucásica. Quizá valga decir que Tere nunca se casó y que jamás habla de amor. Incluso cuando le hablé de La bella durmiente como una de mis películas favoritas, me salió con que era una película machista. Tal es el mundo irracional, antitradicional, posmodernista y ultra-feminista—en una palabra: malvado—en el que vive gente como Tere.

Mientras más pienso en sus taras ideológicas, más me percato de que—a pesar de que como Tere yo fui maltratado de chico—ella no guardó en su corazón un apego positivo con el medio, cultura o familia. Tere misma corroboró esta interpretación cuando fue de Madrid a Las Palmas de Gran Canaria, al departamento donde yo vivía solo, para visitar a su familia. Sin que se percatara llegué a anotar verbatim lo que me decía. A finales de agosto me dijo:

“Yo lo veo como algo negativo siempre [a la familia]… Que no haya ninguna”.

Es decir: Tere quiere que se extingan todas las familias del mundo, especialmente las caucásicas en tanto que fue una madre caucásica quien de chica la atormentó. También capturé esta otra gema:

“Yo abomino de la familia. Creo que la familia siempre daña”. [énfasis de Tere]

La sociedad no nos permite hablar contra nuestras familias, en esto estoy de acuerdo con ella. Y también estoy de acuerdo en que muchas familias, aunque no todas como cree, son tóxicas. Lo que es sumamente patológico es que Tere no haga lo que yo hago: hablar, en docenas de vídeos de YouTube, sobre la familia y en cientos de páginas como lo hice en Hojas susurrantes. Esa es la práctica mental correcta, no echarle la culpa de las desgracias del mundo a Occidente.

Tere casi nunca habla de su vida. Reprime la cólera que siente, en especial, hacia su madre. Es sintomático que, la única vez que casualmente me la encontré en una calle de la isla, Tere caminaba dócilmente con su anciana madre. Es obvio que el coraje que a lo largo de las décadas ha sentido por ella y por su difunto padre, Tere lo desquita en otros. Y qué mejor, en esos dos minutos de odio transferenciados, que volcar la rabia sobre lo que más se parece a sus padres: la época franquista, de la que Tere habla constantemente y sobre la que siente una particular aversión.

Si Tere fuera una persona integrada psicológicamente no tendría tan arraigado en su mente un objeto sustitutorio para odiar, la época franquista. Más bien, dirigiría su tirria a la fuente de su opresión de antaño, la manera como fue tratada de niña. “El poder” —sus palabras— que la martirizó no habían sido los norteamericanos, sino sus padres y la sociedad canaria obcecada ante su drama.

Published in: on December 30, 2014 at 7:41 pm  Leave a Comment  

Una canaria apañada, 4

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El autor en
Gran Canaria, España


En mi diario de septiembre que escribía en la isla anoté:

Tere limpió la tina el domingo después de que La Chica [la sirvienta] lo hiciera el jueves. También yo la había limpiado, preocupado por su pulcritud. Luego Tere echó una gran disertación por una pequeña bolsa de plástico. Que no había que tirarla hasta que se llene, a pesar de que tuviera porquería orgánica pegada.

4 de septiembre de 2009

Y una vez más después de unos días, hoy Tere me acaba de decir:

— “No entiendo cómo te puedes quejar de que la gente no te escuche si tú no escuchas”.

Todo un sermón por esa misma bolsa de basura de la que hablaba hace un par de días. Figúrate nomás: la loca lo compara con las quejas de mi autobiografía. ¡Lo compara con el hecho que la gente no escuchaba al chico martirizado en el hogar! Que no la escuché de que toda la basura va a una sola (y ya usada) bolsa, y que se siente muy mal de que no le preste atención.

¡Cómo le iba a prestar atención a tamaña imbecilidad! Estaba corrigiendo el texto de Eric que voy a publicar y ¡pas!: la loca irrumpe en mi habitación saliéndome con eso de la misma bolsa de hace un par de días como algo de suma importancia. Que tenía que decirme que se siente fatal de que no la escucho, y que no le puse atención acerca de la maldita bolsa que había que aprovechar. Yo simplemente la tiré junto con la basura que la bolsa llevaba adentro cuando me obligó a recogerla para que, después de un tiempo, se llenara hasta el tope.

No cabe duda: Tere está apañada.* Apenas me desprenda de ella, la denunciaré. Si no reacciono ahora es porque dependo de ella. No conseguí viaje de avión sino hasta el 22 de este mes. ¡Tengo que ver si puedo adelantar el vuelo!

Esta mujer está loca de atar. Ve nomás la diferencia de preocuparme en entender las ideas políticas de Eric para mi artículo ¡y el drama que, en varios días, hizo Tere por una sola bolsa de basura! Que la pobre se siente mal del desperdicio ecológico, etcétera. Y ahora que escribo estas palabras Tere hace una ultra-limpieza de su casa, la cual hace tres días La Chica ya había dejado limpia. Cada vez lo veo más claro: las mujeres histéricas limpian el exterior porque no pueden ver la mierda y los embriones del Alien que tienen incrustados en el cerebro (esta metáfora tiene su orígen en conversaciones, años antes, con un amigo sobre las histéricas).

¿Quien fuera a decirlo, que aún sin acosarme con la política, cosa que le pedí que ya no hiciera, iba a haber broncas? Y todo por una sola méndiga bolsa de basura—que yo había comprado por cierto con mi dinero en un paquete de bolsas.

No cabe duda: la gente está loca.

____________________

(*) “¡Estás apañada!” es una expresión de la gente del campo en Gran Canaria que aprendí durante mi estancia allá. Ni siquiera la gente de la ciudad conoce bien esa expresión. Para los campesinos significa algo así como: “¡Te la tengo jurada!” o “¡Ya me las pagarás!”

Published in: on December 30, 2014 at 7:39 pm  Leave a Comment  

Una canaria apañada, 5

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Gran Canaria, España


Bloque de concreto como cabeza

Las bronca que me echó Tere a lo largo de los meses que viví en su departamento tuvo mucho que ver con mi preocupación sobre la islamización de Europa. Por más que le hablara de la mutilación genital de niñas; del “asesinato por honor” en que los padres o hermanos musulmanes matan a la adolescente rebelde; del asesinato de los apóstatas que abandonan el Islam, y de un sin fin de infamias más—como encuestas alarmantes de musulmanes que quieren la ley coránica en Europa—, mis palabras no sólo no le hacían mella en lo absoluto, sino que Tere endurecía su corazón y crujía sus dientes contra mí. Ante sus ojos, el Islam es tan bueno o malo como nuestra civilización. En otras palabras, Tere es un ejemplo perfecto de una de las mayores aberraciones que actualmente padecen los occidentales: el relativismo cultural.

No tiene caso hablar en este blog sobre el Islam. Sólo quisiera pasarle el micrófono a lo que dijo un comentarista en Gates of Vienna, donde suelo intercambiar mis puntos de vista. La siguiente es una traducción mía de un comentario sobre el artículo “Leftist Lemmings”, donde el bloguero que firma con el nombre de Decatur, dijo:

Laine tiene razón acerca de los bloques de concreto que la gente de izquierda tienen de cabezas. Cada vez que intento comunicarme con ellos, simplemente no puedo pasar de cierto punto al tratar de entender precisamente qué es lo que mueve a la gente de izquierda a apoyar a los islamistas. Conozco mujeres que han sido feministas consumadas por más de 40 años, pero que se hacen de la vista gorda sobre el tratamiento a la mujer en el Islam. Cuando hablo de un caso de opresión, ellas replican con un caso de opresión en Estados Unidos. Y hasta ahí podemos llegar. También me topo con una obstinación y silencios nada amigables. Así que no puedo estar más de acuerdo con Laine en clavarles estas verdades con martillo en sus cabezas.

Pero claro está: ni Tere ni las mujeres que menciona Decatur están dispuestas a dejarse clavar los más incisivos hechos. Por ejemplo, Tere es tan absolutamente deshonesta consigo misma que, cuando yo insistía en atornillarle el hecho de la mutilación genital a púberes moras, ella simplemente hablaba de malos tratos a las mujeres canarias, ¡como si fuera lo mismo castrarlas y matarlas que lo que sucede en su maldita isla!

Desesperado, le regalé una versión impresa en castellano de El retorno de Quetzalcóatl cuya traducción estoy publicando, capítulo por capítulo, en Gates of Vienna: una demolición del relativismo cultural. ¿Qué hizo Tere? Reiteradamente me dijo que lo leyó.

O me mintió o se pasó la lectura de noche.

Unos días después de que supuestamente leyera mi libro, Tere me entregaba unas notas periodísticas sobre el relativismo en España. Yo me quedaba admirado en tanto que Tere no me decía media palabra sobre mis argumentos a lo largo de todo mi libro: argumentos que refutaban la postura relativista precisamente. Por ejemplo, ni una palabra Tere me comentó de la comparación que hago de los usos y costumbres de los aztecas con los usos y costumbres de los españoles. Mis más incisivos clavos no entraron en el duro sistema mental de Tere.

Antes de morir, Oriana Fallaci escribió una trilogía sobre la invasión musulmana que ha padecido Europa desde finales del siglo XX e inicios del XXI. Dado que Fallaci había sido una periodista de izquierdas, ansiosamente se solía preguntar: ¿Por qué la gente de izquierda se alía con el Islam?

En esta serie sobre otra mujer, Tere, cuya cabeza de concreto no acaba de sorprenderme, intentaré descifrar el enigma.

Published in: on December 30, 2014 at 7:37 pm  Leave a Comment  

Una canaria apañada, 6

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Gran Canaria, España


Teresa es una mujer morruda—“terca como una mula”—: palabra canaria que solía usarse en el pasado pero que ahora sólo la gente mayor la usa.

El 12 de julio de 2009 Tere me hizo unas confesiones por teléfono que corroboraron de maravilla el análisis que había hecho de ella. Me dijo: “A mí me da igual que la sociedad se hunda”.

Esta es una gran clave para entender a esta mujer. Hay varios críticos que dicen, especialmente en el mundo anglosajón, que el móvil de los izquierdistas no es un magnánimo liberalismo que busca el bien de todos, sino la destrucción de las sociedades en las que viven.

Al primero que leí diciendo eso fue Jean-François Revel, el célebre polemista francés, gracias a su visita a la Ciudad de México en 1990. No voy a entrar en detalle sobre política en estas entradas. Mi meta es analizar la patología de la gente de izquierda a partir de un paradigma. Precisamente porque Tere reconoció que no había tenido, como yo en México, “una época dorada”—estas fueron sus palabras exactas: las capturaba al hablarme por teléfono—, ella no sufría “añoranza”. Y la clave que salió a luz en esa conversación es que ella siente hacia la sociedad exactamente lo que siento hacia mi padre: traición.

Allí está la clave del porqué del odio de Tere hacia la vieja España en particular, y hacia Occidente en general. Ante la agresión parental, nadie en la sociedad española de finales de los años sesenta e inicios de los setenta la defendió. A sus doce años, padre y madre le pegaron a Tere con una correa. La niña cayó al suelo (un vídeo mío confesional en que cuento cómo me martirizaron de chico movió a Tere a contármelo por teléfono ese mismo día de julio de 2009). Tere también vio cómo le pegaban a su primo. Y cuando se quería individualizar sus padres recurrieron a ese método, los golpes, por ser la mayor de sus hermanos. Un día, en el coche, la madre la agarró de los pelos por una rebeldía suya. Durante esa llamada telefónica me confesó que se le hizo “un nudo en la garganta” al recordar su pasado viendo mis vídeos, los cuales le removieron su propia vida.

¿Por qué yo reaccioné de manera noble ante el trauma en el hogar, confesar públicamente mi historia, mientras que otros reaccionan tan innoblemente, queriendo que “todo se hunda” como dijo Tere?

Quizá la clave para entenderlo esté en las palabras de mi conciudadano, el finado Octavio Paz, quien ganó el Nobel el año en que invitó a Jean-François Revel a México. Aunque, como yo, Paz no era un creyente en el cristianismo, me iluminó al decir que usaría lenguaje cristiano en su evaluación de los comunistas irredentos. Paz escribió, creo que en El ogro filantrópico, que esta gente “se entregaba voluntariamente al mal”, y que esa añeja expresión cristiana explicaba admirablemente su psicología.

Además de su increíble morrudez, en las siguientes entradas veremos cómo Tere, en vez de usar el sufrimiento pasado para redimir su alma, lo usa para entregarse a la tiniebla mental.

Published in: on December 30, 2014 at 7:36 pm  Leave a Comment  

Una canaria apañada, 7

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Gran Canaria, España


Diario del 30 julio de 2009

Antier la pendeja me dijo aquí en su casa que la escoria de Occidente había conquistado Australia. Le respondí que era lo mismo que la Leyenda Negra contra España en el Nuevo Mundo. Contestó que era obvio que también a Nueva España había ido la escoria.

Vengo aquí a mi diario porque esto último revela que Teresa es o (1) una persona muy mala, o (2) está completamente loca, o (3) es una mezcla de ambas cosas. Dice que leyó El retorno de Quetzalcóatl de cabo a rabo. ¡Por Dios!: ¿qué tipo de lectura fue esa? Por su comentario se ve con terrible claridad qué significa “pasarse de noche” la lectura de todo un libro. ¿Qué diablos importa que el bonachón de Bernal Díaz del Castillo y compañía fueran gente sencilla de pueblo, cuando los amerindios mesoamericanos sacrificaban niños? ¡Jamás de los jamases Tere ha criticado esas prácticas, que menciono ad nauseam en mi libro, o a los caníbales australianos a pesar de que aparecen desde el Prefacio!

Increíble… Para la mente torcida de Tere, una vez que el Mal está ubicado (el Mal = Occidente), no hay dato histórico que mueva al creyente a dejar de proyectar las patologías de su infancia al mundo. En una fea discusión sobre el Islam de hará un par de días, como siempre, me porté como un corderito a fin de no poner en peligro mi regreso a México. Pero el caso es que Tere, una mujer obviamente, no ve ni un pecado—¡cero en absoluto!—en lo que los musulmanes les hacen a las mujeres, a pesar de que incontables veces le he hablado de asesinatos por honor a las chicas; de cortarles sus genitales; de pegarles ya casadas según lo estipula el Corán, de…

Siempre se la pasa relativizando. Ve por ejemplo esto: La última vez me enseñó un artículo de periódico que ponía a un esquizofrénico como un asesino. En este tema ambos concordamos: Tere sabe, como yo, que la gente diagnosticada de esquizofrenia no es más peligrosa que la gente cuerda. Ahora bien: sin base estadística, Tere aseveró que debía ser lo mismo ¡con los musulmanes! En otras palabras: que si los periódicos sacan una nota amarilla, digamos un matrimonio forzado a una chica musulmana, es simplemente porque se busca satanizarlos. ¡Sin acceso a estadísticas Tere se figura que los índices de criminalidad son los mismos entre los blancos y los musulmanes radicales! No hay manera de que Tere vea lo que pasa en el mundo musulmán ni siquiera al señalarle cómo, generalmente, se trata a las mujeres en Arabia Saudí o en Irán.

Siempre discute airada: como que le enoja mucho mi postura. Me dio un artículo sobre unos sucesos en Medio Oriente. ¡Como si esos periódicos españoles de ultra-izquierda fueran confiables! ¡Como si desde hace décadas no tuviera yo ese tipo de información hasta la cachucha!

Le he dicho mil veces que conozco la postura de izquierda. Le he dicho mil veces que la ideología de izquierda fue mi educación tanto en la escuela como en el ambiente en que me moví en México. Mi testimonio le entra por un oído y le sale por el otro. Es ella quien no quiere leer información que la contradiga. Por ejemplo, no quiere leer el libro traducido al español sobre el Islam que tanto le recomendé: el de Bruce Bawer. A Bawer, un homosexual que huyó de Estados Unidos en busca de lo más liberal de Ámsterdam y Oslo, Tere le llama “facha” (fascista) sólo porque señala el nihilismo europeo ante la amenaza que nos presenta la yijad…

Teresa es el caso clínico del “enemigo adentro”, un mayor enemigo incluso que los musulmanes, como he dicho estos días en el foro de Gates of Vienna.

Published in: on December 30, 2014 at 7:35 pm  Leave a Comment  

Una canaria apañada, 8

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Gran Canaria, España



La decadente familia de Tere

Teresa no es hija única. Tiene dos hermanos: Jorge y José. En la isla conocí a uno de ellos, y Tere me hablaba mucho del bebé del otro. De los tres hermanos, apenas a sus cuarentas uno de ellos había procreado: un solo bebé en tiempos de mi visita. Según Tere, sólo hasta que su padre murió su hermano decidió reproducirse. Su renuencia a tener hijos había sido una vendetta por los maltratos que le habían infligido de chico: no quería darle nieto alguno a su (ahora difunto) padre.

El hermano que conocí era aún peor para la sobrevivencia de nuestra etnia. Al igual que Tere, tenía cero hijos. También conocí a su guapa esposa, güera y esbelta por cierto. Como muchos otros europeos, incluso en sus cuarentas esta pareja se niega y reniega a reproducirse.

Si Europa va a morir es precisamente por gente como la familia de Teresa. De hecho, esa familia es un paradigma perfecto para entender no sólo la decadencia de España, sino la decadencia de Europa en general. Es más que obvio que—la verdad que tanto enfurecía a Tere—si la Unión Europea deja de tener niños, se diluirán paulatinamente hasta su desaparición. Los advenedizos de etnias tercermundistas que emigran allá tienen proyectos muy distintos de nación. ¿No sería una máxima ironía que los moros reconquistaran España?

La decadencia de Europa se muestra en una comida que tuve con Tere, su hermano no reproductivo, y la anciana madre de ambos en un restaurante de Las Palmas. Este hermano tiene un buen puesto en el banco y vive en una zona privilegiada de la isla. (No donde vivía yo, en la zona de La Feria: al no contar con automóvil me parecía muy alejada de mi querida playa.) Con toda naturalidad, este banquero me informó que, como hobby, se dedicaba a viajar por todo el mundo; contándome sus aventuras en diversos países, incluyendo los de África. Desde los primeros días en la isla me enteré que unos amigos de Tere hacían exactamente lo mismo: en lugar de usar el dinero de sus muy bien pagadas profesiones para criar hijos, tenían absolutamente cero descendientes y en su lugar se dedicaban a viajes internacionales o a placeres inanes que no los comprometieran, en lo más mínimo, con el futuro de la civilización.

“Las naciones nacen estoicas y mueren epicúreas” escribió Will Durant sobre la Roma decadente que practicaba el infanticidio y no quería ya tener hijos. La Europa de hoy día padece un epicureísmo nihilista y se dirige inexorablemente a su dilución. No obstante, a diferencia de Tere estos canarios eran gente bastante amable; mucho más amables y sanos mentalmente que los capitalinos que a diario veo en la ciudad más grande de Latinoamérica. A diferencia de Tere, estos canarios no crujen sus dientes cuando escuchan hablar de la decadencia de Occidente. Hacen lo que hacen simplemente porque ese es el ethos que se ha puesto de moda en Europa occidental. Asimismo, y también a diferencia de Tere, sus amigos, familiares y vecinos que conocí no eran gente de ultra-izquierda. Una de sus vecinas incluso me escuchó hablar pestes de la inmigración negra y mora a las Canarias, y estuvo de acuerdo conmigo.

* * *

El 22 de julio de 2009 Tere entró súbitamente a mi habitación a echarme bronca. Había visto una entrada mía en que citaba a Fjordman, un bloguero noruego en el movimiento antiyijad. En la sala Tere había hecho una exclamación al ver, en su laptop, mi traducción de un pasaje de Fjordman antes de correr a mi habitación a confrontarme. Estoy prácticamente seguro que fue Tere misma quien posteó el comentario de “David”: un sockpuppet de Tere. Como refuté a Tere tanto en esa como en otras entradas, así como en mi blog en inglés donde Tere solía usar diversos sockpuppets cuando se regresó a Madrid, airada me replicó por mail:

“¿Acudirías tú a discutir y refutar lo que yo escribiera en mis blogs o en los foros en los que yo participara si tuviera el lujo que tienes tú de tener 24 horas libres para dedicarme a ello?”

En otras palabras: yo, quien eludía toda discusión política con Tere, era acosado en cuestiones de política. No podía decirle las cosas que digo ahora en esta misma entrada por temor a que me echara a la calle y quedara indigente. Pero si osaba responderle a sus airados sockpuppets en posteados de mis blogs, era yo, no ella, quien abusaba de la situación ¡por disponer de tiempo libre!

A la mencionada mujer que conocí en Las Palmas le conté mis desventuras con Teresa. Me dijo que Tere debía respetarme; que si la gente piensa distinto en cuestiones de política, simplemente se guardan las distancias, y que no debiéramos de cruzar la línea a la confrontación directa.

Recuérdese que era Tere quien conocía la dirección de internet de mis blogs y de mi canal de YouTube. Sin mencionarle lo que subía a internet, era ella quien encontraba mis entradas textuales o mis más recientes vídeos para, inmediatamente después, echarme bronca. Su intromisión fue tan patente que, como una mamá regañona, ¡me pidió que quitara los enlaces de mi página web a mis blogs! Me pidió eso en más de una ocasión. No le gustaba que hubiera nexo alguno entre mi activismo antisiquiátrico, cosa en que aparentemente estábamos de acuerdo, con mis ideas políticas.

Obviamente no los quité.

Por cierto, la frase de Fjordman que causó la ira de Tere cuando corrió a echarme la bronca es tan cierta que ya hay varios judíos en Francia que están huyendo del país. El caso es que el gobierno no los protege frente a los musulmanes. Ayer mismo leí una nota en Gates of Vienna: un americano fue asesinado en París hace poco por uno de esos salvajes. Además, Amsterdam y Rotterdam ya parecen más enclaves islamistas que ciudades europeas, y, como la familia de Tere, los nativos de esas tierras se diluyen cada vez más y más…

Europa ya no es Europa. Cada vez se parece más a lo que Fjordman llama Eurabia. Si Tere llega a los ochenta años quizá llegue a ver el hecho de que el noruego tenía razón.

Published in: on December 30, 2014 at 7:34 pm  Leave a Comment  

Una canaria apañada, 9

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El autor en
Gran Canaria, España



La causa del odio a Occidente

El 6 de agosto de 2009 Teresa reveló sus verdaderos colores. Se le salió que le gusta la invasión mora en España para restarle fuerza a la iglesia de Roma. Que hace unas décadas las mujeres casadas no podían salir de España sin permiso del marido; que las mujeres no alcanzaban mayoría sino hasta los veintiún años y que se encontraban, a los cuarenta o cincuenta años, tan traumatizadas como las moras que les practican la extirpación del clítoris: algo patentemente falso, como se colige en una entrada de mi blog en inglés. Además, Tere dijo “¡Divide y vencerás!” (a Roma).

Era inútil discutir con ella. Era obvio que vivíamos en mundos paralelos. En Tere, su odio a la vieja España es, simplemente, una vendetta personal respecto a cómo fue tratada de niña. En mi caso, en cambio, mi preocupación por la islamización de Europa era la más elemental preservación de la propia cultura. Como es sumamente mezquino elaborar una cosmovisión a partir de una vendetta personal—¡vendetta personal entendida como lo hacen las mujeres!—, los universos paralelos César/Tere nunca se tocaron: estábamos condenados a una descomunal hostilidad mutua.

Como para agosto aún no podía huir de ella, y como ese mes continuaba acosándome con objeciones sobre mi postura política, en un de ésas le puse el ejemplo del Líbano. Le dije que Gaddafi ha dicho públicamente que los moros conquistarán Europa por los números de migrantes (como sucedió en el Líbano). Le dije que esa migración al Viejo Mundo era un Caballo de Troya. No obstante, entre moros y cristianos, Tere, que es española de familia cristiana, parece irle a los moros.

En esa noche de discusión, dado que Tere está obsesionada con Franco y la época franquista, traté de trasmitirle la idea de que al preferir más a Stalin que a Franco, los republicanos españoles optaban por un remedio mucho peor que la enfermedad cristiana. Me respondió que no era claro: que de haber ganado la España Republicana podía haber sido como Cuba. Respondí que de Cuba los disidentes no podían salir de la isla; en cambio, de la España de Franco, sí. Tere alegó que sólo podían salirse las mujeres con permiso de sus maridos, y que todas las invasiones eran iguales. Le respondí que no fue lo mismo la invasión musulmana a la India que la británica; que la invasión musulmana a la India había sido la página más sangrienta de la historia. Replicó que no era la misma época. Respondí con la invasión de Roma a Cartago y la quema de niños cartaginenses por sus mismos padres, para demostrar que uno sufre más sacrificado a Moloc por tus mismos padres que derrotado por los romanos.

Tere ya no pudo responderme y se fue a dormir. Pero el hecho que yo tuviera que seguir discutiendo en esa línea muestra, una vez más, que Tere no leyó mi libro; que es una mentirosa o que “lee” libros sin registrar su sustancia: esos argumentos ya estaban más que expuestos en El retorno de Quetzalcóatl. Tere incluso había escuchado mi argumento vídeo-hablado del niño sacrificado por los padres en mi canal de YouTube. Pero no sólo se había pasado de noche el libro cuyo impreso le di: lo único que le había dado a leer durante mi estancia en España. También ignoró los diez minutos del vídeo en que me había visto hablar.

En las mañanas yo salía a tomar un café. El café español es delicioso, y siempre pedía lo mismo, el llamado “leche y leche”: un café cortado con leche normal y con leche endulzada. La vecina con quien hablaba sobre Tere me dijo un día “¡Está apañada!” cuando comenté que a Tere le encantaba la migración (en ese entonces aún no entendía esa expresión canaria). Tere es una persona intelectualmente sofisticada. En cambio, esta otra mujer no leía: era de lo más sencilla.

La mujer sencilla resultó tener razón…

Published in: on December 30, 2014 at 7:33 pm  Leave a Comment  

Una canaria apañada, 10

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El autor en
Gran Canaria, España



El franco-reduccionismo

Como toda mujer de izquierda, Teresa forcluye en bloque—le entra por un oído y le sale por el otro—la sustancia del argumento de quienes estamos preocupados por el suicidio de Europa. Cuando me mandó los más rabiosos mails debido a otro vídeo mío en YouTube, subí una entrada a mi blog en español en que capturé las palabras del moderador de un programa español en TV internet:

Si por ejemplo yo les digo que para finales de siglo Europa va a ser musulmana, ustedes dirán: “Está exagerando. Eso es imposible”. Bueno: le preguntaré a nuestros contertulios porque la tendencia podría llegar a ser esa. O que Europa se muere—pero literalmente, demográficamente; que la tasa de reemplazo ya no existe. Es decir: que Europa se muere de verdad… Y España, quizá, sería el paradigma…

Teresa no masca bien el inglés, el idioma en que se encuentra la mayor información sobre este tema. Como rechazó leer el libro de Bawer que se había traducido al castellano, enlacé el vídeo de la cita de arriba a otra de mis entradas en castellano. Si Tere fuera una persona razonable, habría entrado de lleno a los argumentos y datos de quienes hablaron en el vídeo, especialmente lo que dijo Florentino Portero. ¿Qué hizo? El siguiente día posteó un comentario architípico de su manera de pensar, transformando un debate potencialmente racional en su obsesión franquista.

Ya desde meses antes me había desconcertado Tere cuando le mencioné que estaba leyendo un libro, Hernán Cortés, de Salvador de Madariaga: un muy conocido intelectual español. En 1936 de Madariaga se exilió en Inglaterra ante el estallido de la Guerra Civil Española, donde se convirtió en un opositor a la dictadura franquista. Tere hizo una superficial búsqueda en Google y… ¡ya me estaba invalidando toda mi lectura del Cortés alegando que de Madariaga podía ser derechista!

Vean ustedes la manera como razona la gente de izquierda. Primero, Tere mete a un autor a una falsa categoría en base a una chapucera investigación. Luego, basándose en esa categoría falaz, comete, además, una falacia sobre otra: pretender invalidar el estudio de de Madariaga sobre la conquista de México en tanto que el autor era “derechista”. ¡Qué grotesca manera de despachar un estudio del que Tere ni una página leyó! Pero volvamos al comentario de Tere en la entrada de mi blog. Bajo el seudónimo de Tsunami, Tere posteó: “Sólo les faltó añadir: ¡Arriba España! ¡Viva Franco! ¡Por el imperio hacia Dios!”

El franco-reduccionismo de Tere no acaba de sorprenderme. Pero a lo largo del tiempo en que la traté constantemente hacía ese tipo de asociaciones. El reporte del grupo de Florentino Portero que Tere relacionó con Franco habla (1) de la islamización de Europa, y (2) del adelgazamiento demográfico de su población nativa. Dar un salto del tema rector a algo que no se discutió, ni por asomo—el franquismo—, habla del mundo mental en que habita Tere.

Published in: on December 30, 2014 at 7:31 pm  Leave a Comment