El “lado oscuro de la fuerza”

La religión organizada trata de controlar, por lo que debe mentir. – L. Ron Hubbard

El retrato que he hecho de los cienciólogos es chusco. Pero el retrato de Hubbard en la carta a mi hermano parece de un negro espeso. En contraste, en el material de la iglesia Hubbard es un santo. Independientemente de los claroscuros antisiquiátricos, la aureola de santidad que la iglesia le cuelga a su fundador es postiza, como trataré ahora de mostrar más a fondo.

Aún antes de contar con incontables admiradores, Hubbard era un joven perturbado. La tarde del 28 de junio de 1941, cuando era oficial en servicio naval, ordenó a su tripulación practicar con artillería sobre las Islas Coronado, creyendo que no estaban habitadas y que pertenecían a Estados Unidos. Estaba equivocado en ambas suposiciones: pertenecían a México y estaban habitadas. El gobierno mexicano se quejó y se realizó una investigación. Hubbard fue privado del mando.

Diez años después miles de personas ingresarían a las filas de su dianética. En esos tiempos Hubbard tuvo un romance con Barbara Kaye, quien escribió en su diario:

Ahora lo veo [a Hubbard] vano, arrogante, centrado en sí mismo e incapaz de tolerar cualquier frustración […]. Bebe excesivamente y habla en la proporción que toma. Cuentos grotescos, la mayor parte sobre su familia y su odio hacia su madre, de quien dijo que era una lesbiana y prostituta. Es un hombre profundamente infeliz.

En 1951 Hubbard voló de estado a estado dando conferencias y demostraciones sobre su terapia dianética. Para entonces ya cobraba grandes sumas de dinero por sus cursos, y quienes se graduaban eran sus auditores. Mientras tanto la primera esposa de Hubbard se carteó con la segunda y se enteraron de la bigamia. Ambas mujeres habían sido agredidas físicamente por Hubbard y Polly le confirmó a Sara que su marido era un sádico que la había maltratado por doce años.

Hubbard escribió “Me gusta ayudar a la gente”, frase que aparece reiteradamente en la literatura propagandística de la iglesia. Los cienciólogos ignoran que Hubbard no atacó a la siquiatría por ayudar a la gente o por amor a los derechos humanos, como reza el nombre de CCHR, Citizen Commission of Human Rights. El verdadero móvil que lo orilló a denostar a la siquiatría se debió a que, en 1951, Sara Northrup denunció públicamente que Hubbard quiso estrangularla y acudió a un siquiatra. El médico diagnosticó que Hubbard, quien entonces tenía cuarenta años, tenía que ser tratado por “esquizofrenia paranoide”. Hubbard se sintió molido por el diagnóstico, especialmente después de un intento de internamiento. No sólo le cobró ojeriza a la siquiatría sino que se vengó secuestrando a Alexis, hija de él y de Sara, llevándosela a Cuba. La prensa norteamericana hizo su agosto con titulares como “Dianetic Hubbard Accused”, “Cult Founder Accused of Tot Kidnap” y “Hiding of Baby Charged to Dianetic Author”. Eran los tiempos en que Hubbard escribía su segundo manual, donde proclama la reencarnación y su escala de tonos. A partir de ese libro, La ciencia de la supervivencia, Hubbard hundió cada vez más a su dianética, que originalmente era un sicoanálisis simplificado para la masa, en un sistema gnóstico y esotérico. Introdujo nuevos neologismos y siglas mistificantes, como MEST y Enteta sobre asuntos que podrían haberse discutido en cristiano. Hubbard se volvió la Madame Blavatsky de los años cincuenta. También fueron esos tiempos cuando inició la práctica de publicar textos bajo el nombre de Hubbard, como uno de dianética para niños, que en realidad habían sido escritos por el personal de la iglesia.

Cuando comencé a leer por vez primera aquello de los famosos tonos en el libro de mi hermano me vino a la mente una frase de Karl Kraus, un crítico de la siquiatría y del sicoanálisis. La mezcla entre cosas diferentes —por ejemplo que 2.0 es un “tono” de quien sufre de x cosa en al vida— es, en el mejor de los casos, una broma. Si Kraus hubiera leído a Hubbard añadiría que es charlatanería: y me recuerda los coqueteos con números de otro famoso charlatán del alma, Jacques Lacan. Otra de las cosas que los cienciólogos ignoran es que muchos escritos de Hubbard han sido alterados. La ciencia de la supervivencia de mi hermano es muy distinta del original: capítulos enteros fueron removidos, y nada de eso se les advierte a los estudiantes en un prólogo editorial.

Llegado este punto quisiera confesar que en mis manuscritos autobiográficos que publicaré he alterado mis epístolas, diarios e incluso corregido fuertemente la sintaxis de las cartas de otros. Explico mis razones: no se entendería jerga tan privada sin traducirla a un castellano inteligible. Incluso aquí, para publicarla, alteré la carta que le envié a Germán; entre otras cosas, actualizando los precios de los cursos de Cienciología. Creo que esta es legítima licencia para agilizar literariamente un texto siempre y cuando se le confiese al lector: se trata de no atiborrarlo con notas explicativas a pie de página. También, en mi página web antisiquiátrica refraseé a Foucault y a Isaiah Berlin al grado que las paráfrasis fueron virtuales citas: pero lo confesé a mis lectores. Si bien muchos escritores confesamos tales licencias, en Cienciología se le ocultan al estudiante, quien queda bajo la impresión que todos y cada uno de los textos que se le atribuyen a Hubbard salieron íntegramente de su pluma, o que las ideas ahí presentadas son originales de él.

Cuando Hubbard regresó de Cuba tuvo un problema legal con Don Purcell. Su socio se había apropiado del nombre “Dianética” como marca registrada. Hubbard se encontró en un dilema y se vio obligado a elegir otra palabra para su técnica. En julio de 1962 escogió Scientology: irónicamente, una palabra acuñada por el filólogo Allen Upward en 1907 como sinónimo de seudociencia. En 1934 el escritor Anastasius Nordenholz había publicado un libro usando esa misma palabra, cienciología, como estudio de la conciencia; y su uso del término no difiere mucho del de Hubbard. El mismo Hubbard confesó abiertamente: “De manera que Suzie y yo fuimos al centro a la biblioteca y comenzamos a cargar libros buscando palabras […]. Pero esa palabra ya había sido usada en cierto grado antes. Consideramos esa cuestión”. Aunque posteriormente Purcell regresaría los derechos de Dianética a Hubbard, Cienciología quedaría como el nombre oficial de la iglesia.

Este es otro ejemplo de ocultación de asuntos primordiales a los estudiantes. ¿Pero cómo van a enterarse si éstos no muestran el menor interés por las biografías de Hubbard? La actitud de los cienciólogos ante el Hubbard histórico es idéntica a la actitud de los cristianos fundamentalistas ante el Jesús histórico. Así como éstos aceptan las narrativas neotestamentarias a pie juntillas, los cienciólogos aceptan las hagiografías de su iglesia como historia real. Por eso el estudiante repite como loro lo que le dicen en el aula: que “Cienciología es una técnica más desarrollada que dianética” o que “Dianética se limita al cuerpo y Cienciología llega a la mente”. La verdad es que, si cuando Hubbard huyó a Cuba Purcell no hubiera registrado el nombre “Dianética”, habría sido innecesario buscar otro patronímico para la secta.

A Hubbard le encantaba que le llamaran Ron para transmitir la idea de cercanía con sus fieles. Que Ron tenía un quite no sólo con su madre, sino con su padre, se desprende de unas confesiones que en 1951 le hizo a Helen O’Brien, quien se convertiría en miembro de la guardia de honor de Hubbard:

Ron me dijo bastantes cosas sobre su vida. Dijo que su padre era una especie de timador, un personaje sombrío de quien sospechaba que trataba de apoderarse de Dianética. Ron dijo que destruiría todo si eso sucediera.

En 1952, a sus cuarenta y un años, Hubbard se casó con Mary Sue, una bella muchacha de diecinueve. Fue el año en que su dianética dio lugar a Cienciología. A contrapelo del más elemental sentido común, Hubbard arguyó que, en lugar de que su cienciología estuviera basada en la ciencia-ficción, ¡la ciencia-ficción publicada era, en realidad, remembranza inconsciente de las vidas pasadas de los escritores! En Los implantes Helatrobus Hubbard declaró:

Me podrás decir: bueno, esto es ciencia-ficción. No, no, no, no. El único aspecto de ficción es el error que cometen los escritores de ciencia-ficción al escribir sobre su propio pasado.

Hubbard afirmaba que el gobierno Helatrobus se estableció hace 44 trillones de años (mucho más de lo que el consenso científico actual establece sobre la edad del universo: 13.7 billones de años). El antiguo escritor de ciencia-ficción, o más bien de fantasías de tipo cómic extrapoladas al espacio, escribió muchos libros en 1952 incluyendo Cienciología 8-80. En ese texto Hubbard dice: “Con este libro la habilidad de envejecer o rejuvenecer el propio cuerpo; la habilidad de curar la enfermedad sin contacto físico, y la habilidad de curar a los perturbados mentales y a los incapacitados es presentada para el médico, el hombre corriente, el matemático y el físico”. Pero ese mismo año Hubbard se enfermó de la más común de las enfermedades. Carmen D’Alessio, quien estuvo presente en la conferencia de Hubbard en el Palacio Marlborough de Londres, dijo: “Cuando Hubbard entró era obvio que tenía una gripe muy fuerte. Estaba muy enrojecido, mucho más de lo normal, y sudaba profusamente; sus ojos lloraban y se estuvo sonando la nariz”. Eso sí: la terapia hubbardiana prometía salud a todos. El siguiente año, en agosto de 1953 y ya en su país natal, Hubbard declaró que había tratado a dos niños: “En pocos minutos puedo hacer que caminen niños incapacitados”.

Para 1956 ya habían sido publicados más de sesenta libros bajo el nombre de Hubbard, hazaña que impresiona a los cienciólogos. Además del hecho que no todos eran obra suya, Hubbard escribía muy rápido. Al no corregir la sintaxis su prosa quedaba tan inmadura que no llegaba más allá del primer borrador. Por eso sus textos sufrieron tantas modificaciones de parte de sus fieles (exactamente lo mismo sucedió con los libros de su predecesora, Mary Baker Eddy). Guillaume Lesevre, quien fuera un alto ejecutivo de la iglesia, se quejó de que se escribieran libros de Cienciología con el imprimátur de la iglesia con el nombre de Hubbard. La proliferación de libros de texto de Hubbard sobre las más diversas técnicas sólo puede significar que la demanda de su terapia era muy redituable. Algunos de sus cursos costaban entre mil y dos mil dólares: una enorme suma para la época.

Para 1957 el movimiento religioso de Hubbard ya estaba en la mira del gobierno americano. La misma CIA abrió un archivo sobre la iglesia con el número 156409. A un agente se le asignó la ingrata tarea de leer la paja literaria publicada bajo el nombre de Hubbard. Según cita Russell Miller, el agente dictaminó: “Los trabajos de Hubbard contienen muchas palabras cuyo significado no es de clara comprensión para una lectura normal, y quizá ese es el propósito”.

Desde Kant hasta Foucault este ha sido el truco de los filósofos que se hacen pasar de profundos. De hecho, los conceptos básicos de las seiscientas páginas de la edición que poseo de Dianética pueden resumirse a dieciocho. Eso fue lo que hizo Martin Gardner en su capítulo sobre la dianética en Fads and fallacies in the name of science. Es típico del metafísico occidental y del místico oriental que inflen desproporcionadamente sus conceptos para aparentar sapiencia: algo así como echar una gota de tinta en un garrafón de agua y vender la idea que todo el líquido contenido en el sistema es sustancial. Es cosa sabida en el mundo del escepticismo que el chiflado y el seudocientífico frecuentemente escriben voluminosos tratados en compleja jerga usando neologismos de propio cuño. “Muchos de los clásicos en ciencia chiflada”, escribe Gardner, “exhiben una tendencia al neologismo”. Salvo sus populares cuentos de ciencia-ficción, los textos de Hubbard son un paradigma perfecto de esta observación.

En 1967 Hubbard estaba a mediados de sus cincuenta; era padre de siete hijos y tenía muchos nietos. Compró una pequeña flota y se hizo a la mar con sus prosélitos, evitando el escrutinio que los gobiernos estadounidense y británico efectuaban en las organizaciones de su iglesia. Pasó los siguientes ocho años en los mares del Mediterráneo. Ya millonario, a Virginia Downsborough le impresionó que Hubbard consumiera una gran cantidad de psicofármacos. Por tres semanas se puso la tarea de quitárselos, y comentó que Hubbard estaba obsesionado con la idea de expulsar a los “tetanes corporales” de su cuerpo. A Virginia también le intrigó que Hubbard se creyera víctima de mujeres. Su testimonio es confirmado por Bill Robertson, quien ese mismo año vio a Hubbard en un hotel de Las Palmas:

Parece que tomaba seis mil distintas píldoras, cosa que me impresionó, especialmente después de escuchar sus críticas a los fármacos y la profesión médica. Había algo muy malo en él, pero no sabía qué era salvo que estaba en estado de depresión. Me dijo que no tenía más ganancias y que quería morir. Eso fue lo que dijo: “Quiero morir”.

Para aliviar su depresión Hubbard se entregó a la creación de lo que creía era un hito de primer orden: el desarrollo del curso Tetán Operativo 3 (OT3, actualmente conocido también como “El Muro de Fuego”). Para el paladar secular esta es una expresión pedante. Tetán Operativo podría traducirse simplemente como “espíritu funcional”. Los cursos OTson secretos, y en la iglesia hay una línea divisoria entre el cienciólogo iniciado en esos cursos y los no iniciados. Una de las cosas que más me sorprende de los cienciólogos de clase media que no pueden costear esos cursos es que no tienen idea de su contenido, el cual ha sido revelado por los apóstatas de la iglesia.

El grado del entendido, el aclarado, se definió como “un ser que ya no tiene su propia mente reactiva”. Después del rango de claro o aclarado, quien según Hubbard no vuelve a padecer un catarro, OT3 es el nivel más significativo para los cienciólogos. OT4 trata de liberar al estudiante de los efectos acumulativos de las drogas en vidas pasadas. Y al igual que el curso OT3, OT5 trata única y exclusivamente de los parásitos mentales alienígenas que Hubbard llamaba tetanes corporales. La idea de los “tetanes corporales”, “tetanes durmientes” o “tetanes de universos paralelos” se extiende a lo largo de los cursos hasta el OT8. Los cienciólogos toman estas ideas con tal seriedad que a Tory Christman, quien cursó el OT7, le dijeron que dejara de tomar medicamentos para su epilepsia porque era causada por tetanes corporales (la larga conferencia de Tory en YouTube ante un grupo de racionalistas después de su apostasía es la más didáctica que he escuchado en internet).

En 1967 Hubbard se autonombró comodoro de su barco. Para entrar a su Organización del Mar impuso lo que llamó “el contrato de mil millones de años”. En tal contrato se estipulaba que, dado que los cienciólogos reencarnarían innumerables veces, juraban servir al comodoro por ese lapso de tiempo. (El contrato subsiste en la actualidad para los cienciólogos que ingresan en la Org del Mar: juran servir a la iglesia por mil millones de años.) No obstante, como los fieles no eran marineros profesionales Hubbard disciplinó a su tripulación arengándolos a recordar sus vidas pasadas y conocimientos marítimos:

—¡Dejen de pretender que no saben de lo que se trata porque saben de lo que se trata!

Hana Eltingham cuenta que Hubbard “tenía un e-metroen una mano y me empujó las latas diciendo ‘¡Sosténlas!’ Las sostuve en el claro de la puerta mientras él jugaba nerviosamente con el metro y me dijo ‘¡Quiero que recuerdes la última vez que fuiste capitán!’”

El barco estuvo a punto de hundirse con el comodoro a bordo. Recomiendo mucho el libro de Russell Miller, Bare-faced messiah, publicado un año después de la muerte de Hubbard. Puede leerse sin costo alguno en internet y divierten mucho las anécdotas narradas por los mismos cienciólogos que, presionados por el comodoro, pusieron en peligro la vida de Hubbard y su tripulación. No extraña que el Primer Ministro de Holanda le llamara al barco de Hubbard “La Nave de los Locos”, y que en 1975 la expulsara del puerto de Curazao. Pero como explicó David Mayo, quien sería miembro de la Organización del Mar por muchos años:

Tratábamos de no pensar mal sobre de su comportamiento. Muchas veces no era racional. Pero el solo hecho de considerar tal cosa era un pensamiento deshonroso, y uno no podía permitirse tener tal pensamiento. Una de las preguntas del chequeo de seguridad era “¿Has tenido alguna vez pensamientos poco amables sobre LRH?”, y uno podía meterse en graves dificultades si los había tenido. Así que uno trataba de no tenerlos.

Los cienciólogos están tan fascinados con las siglas que incluso escriben LRH por Lafayette Ronald Hubbard. Confieso que en noviembre de 2006 yo mismo me sometí a la indignidad de un interrogatorio videograbado por cienciólogos. Quizá sospechaban de mí como “asesor externo”, aunque pagado, de su grupo antisiquiátrico. Me hicieron preguntas arteras, pidiéndome que repitiera la pregunta que me habían hecho en inglés a fin de que, ya editada, diera la impresión de que era un pensamiento propio. Como no quería perder la iguala de $6000 pesos por muy poco trabajo al mes (aproximadamente $550 dólares de esa época), les seguí el juego. A todo les respondí como un loro parafraseando la pregunta que me hacían, como me habían solicitado, y alabé con enorme hipocresía a CCHR y a la iglesia a fin de seguir cobrando por medio año más.

Scott Mayer también vivió en el barco de Hubbard. Según cuenta Mayer: “A los empleados se les alimentaba y se les vestía mal. Tuve una muela picada y se me auditó por ello”. En la Organización del Mar se les dejaba dormir muy poco, con horarios de trabajo de cien horas a la semana, desde las 8:30 a.m. a la 1:00 a.m. y por salarios misérrimos (¡menos que la cómoda iguala que yo recibía!). Si no producían lo que se les pedía eran penalizados con dietas de arroz y frijoles. A los niños de la “Org del Mar” también se les mantenía en condiciones deplorables, sin asistencia médica o dental.

En los cursos más esotéricos de Cienciología se les pide a los estudiantes que acepten la ciencia-ficción de Hubbard como hechos reales. Aunque el material de los cursos es secreto, algunas partes fueron publicadas en Los Angeles Times cuando una corte sentenció que en una religión no podía haber secretos de marca registrada. Hoy día es posible presentar la otrora cosmogonía secreta de Hubbard ante la opinión pública.

HACE 75 MILLONES de años se realizó un megaproyecto de ingeniería social en nuestra federación galáctica: una civilización muy similar a la de los Estados Unidos de los años 1950 y 60 en que vivía Hubbard “debido a la nueva representación inconsciente de los implantes de Xenu”. Ayudado por siquiatras, el dictador Xenu —para visualizarlo recordemos al malvado emperador de Guerra de las Galaxias— trató de resolver el problema de la sobrepoblación en la galaxia. Con policías políticos vestidos en uniformes blancos, como los que aparecen en la imagen del capítulo anterior, aprisionaron a 13.5 trillones de extraterrestres. Luego, en naves espaciales indistinguibles a los aviones Douglas DC-8 los llevaron, a través del espacio interestelar, a la Tierra. Aquí los atomizaron con bombas de hidrógeno alrededor de volcanes. Los espíritus de estas personas fueron llevados a una enorme instalación de lavado de cerebro, donde fueron implantados con cosmovisiones falsas. Luego Xenu los soltó. Esparcidos como almas radioactivas, en estado de total confusión estos trillones de alienígenas (“tetanes corporales”) anhelan regresar a cuerpos humanos, por lo que nos impregnan a todos sin excepción. Hubbard nos informa que esos espíritus son la raíz de todos los problemas psíquicos y somáticos del hombre moderno: desde crímenes y guerras hasta problemas interpersonales. Los cienciólogos publican masivamente la imagen del volcán en erupción de forma publicitaria, reminiscencia del Gran Engrama o cicatriz psíquica resultante del suceso de los volcanes. Según ellos, es una imagen que todos tenemos en lo recóndito del inconsciente, y la mercadotecnia de la imagen es irresistible para nosotros, implantados con estas imágenes. En el curso OT 3 se explica que nuestra mente ha sido implanta con los espíritus de miles de alienígenas muertos, quienes nos hacen ver distorsionada la realidad por culpa del villano Xenu. Nuestro estado de virtuales posesos no nos permite desarrollar nuestro potencial. Pero gracias al héroe de nuestra película de ciencia-ficción, Hubbard, y a su tech, con la ayuda del e-metro el cienciólogo puede auditar y exorcizar a los alienígenas telepáticamente. Eso sí: el exorcismo total está reservado para los ricos.

Xenu es sólo el dictador más famoso en la “Ópera espacial” de Hubbard, como él mismo la llamaba. En sus escritos y conferencias Hubbard describe incidentes similares en los últimos evos: tetanes que han existido por trillones de años que han sido traumatizados.

Manuscrito del OT III
que contiene el nombre de Xenu
en la caligrafía de Hubbard

En los cursos esotéricos el dogma principal es que todos sufrimos de recuerdos traumáticos de estos alienígenas, de modo que necesitamos limpiar estos fantasmas que merman nuestro potencial con sus implantes. Incluso en los cursos para principiantes el grueso de los textos hubbardianos también se enfoca en la “rehabilitación” del tetán, aunque no se menciona el drama de la Ópera espacial en el material para docentes.

No entraré en detalle en esta cosmogonía que los fieles más acreditados toman con absoluta seriedad al grado de pagar fortunas para tomar esos cursos. Sólo me detendré en un detalle. Después de haber sido atomizados en los volcanes y antes de que les lavaran el cerebro, los tetanes ascendían a los cielos cual ánimas post-mortem. Fueron capturados por cinturones de fuerza electrónica de Xenu y jalados a la Tierra en lugares específicos: las islas Canarias y Hawai. Menciono esto porque demuestra que Hubbard era un ignorante en geología. Quien haya leído algo sobre placas tectónicas sabe que las Canarias y Hawai no existían hace 75 millones de años. Y lo que es peor: en ese tiempo no había seres humanos sino dinosaurios. Además de fantasiosa, Hubbard mostró una enciclopédica ignorancia en paleontología al elaborar su cosmogonía. Asimismo, al describir la civilización Helatrobus Hubbard describe a la Constelación de Magallanes como “una nube radioactiva”. En realidad, la Constelación de Magallanes son galaxias enanas, no “nubes” y mucho menos “radioactivas”. La Ópera espacial hubbardiana es mala ciencia-ficción. La escasa calidad de su ficción es a todas luces visible: basta rentar en un Blockbuster la película Batalla por la Tierra, basada en una novela de Hubbard y estelarizada por John Travolta, para comprobarlo. Los escritores de ciencia-ficción versados en ciencia como Arthur Clarke o Isaac Asimov jamás escribieron historias tan pueriles. Algunos ex cienciólogos han llegado a ridiculizar a Hubbard en este punto. Un atrevido apóstata marchó afuera de los cuarteles de Cienciología en Los Ángeles con un cartel de protesta: “Ron es Xenu”.

Un cliché muy usado en Cienciología es que al principiante no se le pide creer en nada; que en esta ciencia todo puede demostrarse. Yo mismo he escuchado eso en boca de los fieles. Pero la creencia de que un embrión humano de sólo un día puede hacer grabaciones mentales de una conversación de su mamá, o la doctrina de la reencarnación, son creencias necesarias incluso en los primeros cursos de la iglesia —no se diga la creencia en Xenu o en los tetanes corporales de los cursos más esotéricos.

Published in: on May 18, 2009 at 5:30 pm  Comments (6)  

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6 CommentsLeave a comment

  1. Cuanto más leo más me sorprendo.

  2. es posible usar el lado oscuro de la fuerza para controlar a otros?

    • No existe “la fuerza”, sólo la estupidez humana de caer en sectas y creer todos sus dogmas.

  3. NO PUEDO CREER QUE LA GENTE SEA TAN ESTUPIDA PARA TENER COMO LIDER A UN PERSONAJE TAN ABSURDO COMO EL

  4. Ciencia ficcion, mala religion. La gente esta tan vacia de moral, y espiritualidad, que buscan lideres corruptos y locuazes como Hubbard, le creyeron muchos y otros siguen enganchados a la absurda ideologia.

  5. Gracias por la explicación….excelente….conozco a alguien que manipula con la Dianética desde hace 30 años….y quería que me metiera….pero nunca quise….ahora recién me encuentro a otro…que quiso entrar por otro lado…sobre comunicación…blablabla….y querer sacarme plata…para unos seminarios….pláticas que yo ya sé….Gracias de nuevo….


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