Una canaria apañada, 2

Cesar_Tort_sun_on_back

El autor en
Gran Canaria, España


¿Por qué uso mi tiempo en algo aparentemente tan irrelevante como hablar de las histerias de una mujer de izquierda? ¿Es todo una pueril venganza?

Una de las cosas que más me llama la atención del mundo actual es que no existe aún lo que en El yo dividido Ronald Laing llamaba una ciencia de las personas. O más bien: existe, aunque de manera embrionaria.

En el Romanticismo se desató el género de la autobiografía confesional. Infortunadamente, el sicoanálisis, la sicología y la siquiatría, al pretender analizar a la gente en base a principios abstractos, usurparon el estudio del yo y pretendieron abordar el asunto desde la imposible perspectiva objetivista. (En realidad, para entender a las personas es necesaria una historia subjetiva de las personas.) Este error categorial permea la academia de manera ubicua.

El mismo Oliver Sacks lo reconoce en su área de estudio, la neurología. En la entrada que subí justo antes de esta serie en mi otro blog me refiero al libro de Sacks, Musicofilia. En otro de sus muy comentados libros, El hombre que confundió a su mujer con un sombrero, Sacks se quejó de que en la neurología clásica hallaremos un millar de descripciones patológicas correspondientes al hemisferio izquierdo del cerebro por cada descripción del derecho. Y añade:

Y sin embargo son, como dice Luria, de fundamental importancia. Y en tal medida que quizás exijan un nuevo tipo de neurología, una ciencia “personalista” o, como le gustaba decir a Luria, “romántica”, pues afloran aquí, para que los estudiemos, los fundamentos físicos de la persona, el yo. Luria creía que el mejor modo de introducir una ciencia de este género era a través de un relato.

¡El relato! Justo lo que me he dedicado a hacer en una buena parte de mis Hojas susurrantes. Sacks habla de problemas en el hardware del despreciado hemisferio derecho del cerebro, el hemisferio de las emociones, cuando Laing hablaba de problemas en el software: la forma en que vemos el mundo. El área de investigación de Sacks es el cerebro dañado. La de Laing, como la mía, las mentes dañadas. Uno estudia el hardware, otro el software (en otro de mis blogs he tocado el tema con mayor profanidad). Por el momento sólo debo justificar por qué subo entradas sobre una pobre mujer que conocí, la cual no tiene influencia en la sociedad salvo su voto por el partido de Zapatero.

La razón es simple. La mejor manera para ilustrar los fallos del juicio de la gente de izquierda debe ser, siguiendo a Sacks y a Laing, personalista. Infortunadamente, en las facultades de sicología no se me permitiría este tipo de incursión sobre una persona en particular. Quisiera seguir pasándole el micrófono a Sacks para ilustrar este fallo cósmico en la sicología académica. En el capítulo en que presenta el caso del hombre que, por un problema neurológico (su vista estaba perfectamente bien) confundió a su mujer con un sombrero, Sacks escribió:

Curiosamente, aunque la neurología y la sicología hablen de todo lo demás, casi nunca hablan del “juicio”. Y sin embargo, el juicio es la facultad más importante que tenemos. Un animal, o un hombre, pueden arreglárselas muy bien sin “actitud abstracta” pero perecerían sin remedio privados de juicio. El juicio debiera ser la primera facultad de la vida superior o de la mente, y sin embargo la neurología clásica (computacional) lo ignora. Y si investigamos cómo pudo llegarse a una situación tan absurda, veríamos que es algo que nace de los supuestos, o de la evolución, de la propia neurología. Porque la neurología clásica (como la física clásica) siempre ha sido mecanicista. Por supuesto, el cerebro es una máquina y un ordenador: todo lo que dice la neurología clásica es válido. Pero los procesos mentales no son sólo abstractos; entrañan también sentimientos. Si no los hay, pasamos a ser como un ordenador, que es lo que le sucedía al doctor P.

El doctor P. fue quien, debido a un problema neurológico que le hizo olvidar qué eran los rostros, confundió a su mujer con un sombrero. En la cita de arriba no puse corchetes con puntos suspensivos en los párrafos que me salté a fin de agilizar la lectura. Lo que dice Sacks a continuación le pega al clavo a todo el asunto:

Por una especie de analogía cósmica y terrible, la psicología y la neurología cognoscitiva de hoy se parecen muchísimo al pobre doctor P. Nuestras ciencias cognoscitivas padecen también una agnosia similar en el fondo a la del doctor P. El doctor P. puede pues servirnos de advertencia y parábola de lo que sucede en una ciencia que evita lo relacionado con el juicio, lo particular y lo personal.

Como remedio a esta neurología hemipléjica, Sacks recomienda el estudio del hemisferio derecho del cerebro. No obstante, a diferencia del hemisferio izquierdo, éste sólo puede estudiarse a través de relatos personalizados. Sacks ilustra así las disfunciones neurológicas en diversas áreas del hemisferio derecho, como lo hace en sus libros.

Los libros de Sacks me mostraron cosas de la mente que no acababa de creer cuando hace unos años leí otro de sus libros, Un antropólogo en Marte. Por cierto, todos los libros de Sacks que poseo me los regaló Tere. En este asunto debo estarle agradecido.

Las citas de arriba me sirven de maravilla para explicar lo que quiero. Así como la neurología está hemipléjica, la carrera académica de sicología también lo está. Si bien es común que se escriban psicobiografías sobre las patologías de los políticos de izquierda (ahora me viene a la mente el ensayo de Enrique Krauze sobre López Obrador), no se considera oportuno analizar a la gente común y corriente.

Creo que esto es un grave error. Y mi estudio sobre Tere lo demostrará. Analizar los extravíos mentales de una mujer de extrema izquierda es, en el software, lo equivalente en hardware a analizar el lóbulo cerebral de quien confunde a su esposa con un objeto.

Published in: on December 30, 2014 at 7:42 pm  Leave a Comment  

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