El último idiota, 2

idiotic freud

 
Los patéticos lectores de Alice Miller

Defender la existencia de la raza blanca tiene prioridad ante el tema del maltrato a los niños por el simple hecho de que, como demostré en El retorno de Quetzalcóatl, los caucásicos son quienes menos maltratan a la infancia; de lo que se desprende que si desaparecieran del orbe el trato a los niños empeoraría por necesidad.

A Miller siempre la quise hasta su deceso. Pero una de las razones por las que corté de forma definitiva con los fans de Miller con quienes me topé en internet es porque representan un salto atrás respecto al legado de su mentora. Por ejemplo, Daniel Mackler llama la atención hacia sí mismo: una de las características de quienes quieren formar una secta. He desenmascarado a Mackler en mi blog en inglés y no necesito añadir más rollo aquí.

El sueco Andreas Wirsén no se queda atrás. Junto con Dennis Rodie, la manera en que ambos han entendido a Miller está entremezclada con la más abyecta codependencia hacia el sistema criminal de Suecia. Ello se debe a que, a diferencia de mí, a lo largo de su vida adulta Rodie y Wirsén han sido incapaces de cuestionar los dogmas de la izquierda ultra-liberal en la que duermen los europeos en general y los suecos en particular. Como en el caso de Mackler, en mi blog The West’s Darkest Hour he pintado mi raya ante este par y espero no volver a interaccionar con ellos jamás.

Bueno, para ser justos con el joven Wirsén debo añadir que, a diferencia de Mackler y Rodie, Wirsén ha dado el paso de aceptar los hallazgos de la psicohistoria demausiana como fundamentales para entender a la sufriente humanidad. Pero el último caso de estos fallidos fans de Miller también es el de un asiduo lector de psicohistoria.

De más de sesenta años, “Bookish” es hijo de un inglés y una mora. Ha usado una serie de seudónimos en el foro de Rodie (“Bernard” entre otros), y en Wikipedia subió un laborioso diagrama que él mismo hizo para el artículo de la psicohistoria. Ahora veo que, al igual que Mackler, Rodie y Wirsén, para Bernard le es inconcebible que un lector de Miller expanda su legado hacia una lectura étnica de la psicohistoria, la cual nos enseña que el maltrato a la infancia es más cruento entre los no blancos que entre la gente de piel blanca. A pesar de haber intercambiado mucha comunicación personal conmigo, aún después de distanciarse de mí Bernard no ha dicho, en el foro de Rodie donde participa, media palabra de la crítica que hago de deMause en El retorno de Quetzalcóatl, donde muestro al creador de la psicohistoria como un traidor tanto de la psicohistoria que el mismo elaboró, como de la civilización a la que pertenece.

Así que Luis Cuevas ha sido sólo el último sujeto de una larga racha de gente que, si bien se dicen lectores de Miller, en realidad se han acobardado ante las implicaciones finales de su pensamiento. Mackler, Wirsén, Rodie y Bernard parecen moverse dentro de un zeitgeist ultra-liberal que les impide ver que la raza cuenta, y que la migración masiva de no blancos a sus respectivos países—Estados Unidos, Suecia, Holanda e Inglaterra—es el mayor de los crímenes que podamos imaginar.

Dicho esto, debo añadir que el caso de Luis Cuevas es más análogo al de Mackler, en tanto que este par se ha dedicado, sea profesionalmente o a nivel de amateur (en el caso Cuevas), a la sicoterapia de gente maltratada por sus padres.

Published in: on December 29, 2014 at 5:56 pm  Leave a Comment  

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