El último idiota, 16

idiotic freud 
“Tu madre suelta información que es interesante” me dijo el último idiota según recogí en mi entrada anterior. “¿No sería bueno que en x años fuera inversa la situación, que tú madre dependiera de ti?”

Además de las tres casas, incluyendo la escuela en una zona privilegiada de la Ciudad de México, y de tanto sirviente y pianos—en la entrada anterior no conté los pianos de la escuela—, mi madre suele celebrar banquetes al menos una vez por semana, en que invita a amigos, parientes o conocidos. Su negocio de la escuela prospera. Sin embargo, para el último idiota sólo basta que yo “me movilice” en una época sin oportunidades ¡para que en quince años sea yo el rico! ¿De dónde sacará su filosofía el último idiota, de Og Mandino?

Decía en la última entrada que yo había disociado en cierto modo la cognición de lo sucedido en la última sesión con el Luis Cuevas, y que no tomé plena conciencia sino hasta que hace muy poco escuché la grabación de hace un año. Fue precisamente por haber reprimido hasta cierto punto lo ocurrido por lo que, cuando una de mis hermanas tuvo una severa crisis emocional, pensé que si bien era cierto que el ex amigo me había traicionado, al menos como único terapeuta conocedor de Alice Miller en México podría ayudar a otra víctima de la familia. Antes de escuchar la grabación pensaba que, si bien mi caso era complejo, la mente simple de mi hermana era algo que el sistema mental de Luis podía circunscribir.

Error… ¿Recuerdan ustedes a esas mujeres apaleadas por sus maridos, siempre a la espera de que el golpeador vaya a cambiar, o que al menos no va a poner mano sobre una de sus hijas? Pues bien: un año después de las sesiones con mi madre, concerté una cita para que mi hermana fuera a solas con el doctor Cuevas. Corina habrá ido unas cinco veces con él a lo largo de casi dos meses. Después Corina se me acercó y me dijo que ya no quería ir a la terapia. Le pregunté qué había pasado. Respondió que Luis la estaba presionando mucho “para que encontrara trabajo” y “lograra salir” de la casa de mis padres.

No daba crédito a mis oídos. Luis le había dicho a Corina algo muy similar a lo que me había dicho a mí, pero en el caso de mi hermana con el agravante de que Corina ha padecido paranoias desde hace más de dos decenios. Son esas crisis ocasionales, que le dan como cada tres meses, lo que hace que pierda sus trabajos. Yo al menos pude trabajar en Estados Unidos en decenas de trabajos. Jamás me corrieron. La terapia que Luis le aplicó a mi hermana, terapia que comienzo a sospechar le aplicaba a otros de sus clientes, me recuerda el chiste mexicano sobre “la pomada del soldado que se aplica para todo y no sirve para nada”.

Cuando iba con mi madre a la consulta de Luis, le había dicho al doctor que Cori estaba mal. Como de costumbre, Luis desmemorió la parte medular de lo que le dije. Entonces, el día que mi hermana tendría su primera sesión con Luis, la acompañé con el único fin de entregarle a Luis el encuadernado de lujo de mis Hojas susurrantes. Ahí hablo del problema que tiene Corina, un problema que le impide trabajar a quien padezca tal condición.

Como ya he dicho, cuando éramos amigos Luis había leído el primero y el segundo libros de la serie. Ahora bien: a finales de 2010, una par de semanas después de que le entregué los restantes tomos de Hojas susurrantes, le hablé para preguntarle cómo iba mi hermana. Luis aprovechó para decirme que había leído “una página” de mis Hojas. Es decir, no se había percatado que a veces Corina dice que la envenenan; que hay dispositivos electrónicos para espiarla; que su vecina conspiró para que me deportaran desde Estados Unidos… No había entendido que a una mente así no se le puede recomendar que busque trabajo sin antes haber resuelto su problema psíquico.

Lo que hizo Luis, presionarla para que encontrara trabajo, fue una estupidez basada en su ignorancia. Cuando lo vi por última vez, preguntándole sobre ese consejo, me dijo: “Yo sí le digo que se movilice…” abriendo los ojos en son de que era algo tan obvio que había que decirlo de la manera más franca.

Corina dejó de ir a verlo. Poco después yo escucharía el viejo registro de mi grabadora.

Published in: on December 29, 2014 at 5:30 pm  Leave a Comment  

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