El último idiota, 10

idiotic freud 
Terapia A.I.

Cierta vez en Starbucks con Luis comencé a bosquejar lo que llamo “terapia A.I.” Apenas concatené una o dos frases y Luis me salió con algo así como que había que dejar “a la viejita” en paz, y por el tono de sus palabras supuse que estaba imaginando a su misma madre.

En otra ocasión me había contado que, muy pequeñito, su madre había tenido una gran depresión y que Luis se había pasado toda su infancia en un gélido invierno psíquico en lugar de una infancia normal con una cálida madre. También me confesó que, de todo el drama por haber sufrido su infancia con una madre infinitamente distante, apenas un atisbo de comunicación surgió una vez que su madre estaba ya cerca de la muerte. La comunicación no fue confrontacional: aún al final de su vida Luis fungió como protector de los intereses de su progenitora.

Me resulta muy significativo que cuando tiempo después, en el café, comenzaba yo a esbozar los primeros trazos de lo que en un mundo utópico sería una terapia real, Luis abortara esa línea mía de pensamiento para hablar de que había que ser considerado con “la viejita”. En la mente de Luis “la viejita” no podía ser mi madre puesto que aún no la conocía (y ni siquiera al momento de escribir mi madre es una viejita). A este salto le llamo un “cambio de universo”.

¿Qué quiero decir? Mi experimento de la imaginación, el cual apenas si tendría dos minutos de exponerlo—me habrían faltado veinte minutos más para que Luis entendiera qué tenía en mente—era un ejercicio mental sobre un principio abstracto: por qué creo que la terapia es imposible en la Tierra. Luis sintió temor por lo apenas bosquejado y me “cambió el universo”: de mi Gedanken sobre los padres irredentos, a proteger a su mamá. No estoy seguro, pero creo que fue la misma ocasión en que, como conté en una previa entrada, de pronto Luis sintió un extremo deseo de fumar y nos tuvimos que salir al frío y a la llovizna en las bancas del Starbucks, donde hasta tuve que extender mi paraguas el resto de la plática (monólogo en realidad; una vez que Luis tomó el micrófono no pude exponerle los principios de mi terapia A.I.).

Bien: Lo que no pude decirle a Luis por haberme cambiado los universos, lo digo ahora.

Si existe tal cosa como la verdadera terapia, ésta sería tan absolutamente ajena a todo lo que existe en el planeta Tierra que requeriría de avanzada tecnología extraterrestre para alcanzarla. A Luis le regalé un DVD de la película de Spielberg A.I., en cuyo final unos muy evolucionados mecas clonan a la otrora abusiva madre de David para que éste pueda, por fin, morir en paz.

Luis no entendió la película que le regalé. ¿Y cómo podría hacerlo? En la versión obsoleta de Hojas susurrantes que le regalé a Luis (en 2010 le cambié el final) culmino con las palabras de Inteligencia Artificial recogidas en otra entrada de este mismo blog. Actualmente el último libro de mis Hojas sólo está disponible en papel. Es una confesión muy dura de algo que me sucedió, pero con Luis hice una excepción. Le obsequié una impresión encuadernada de lujo conteniendo los cinco libros de mis Hojas susurrantes, incluyendo el último.

Ahora bien: expandiendo lo escrito en la entrada sobre Inteligencia Artificial enlazada arriba, es fácil entender mi experimento Gedanken.

Imaginemos a un padre quien fuera abusivo con su hijo; digamos, alguien como la madre de la película que abandonó a David en el bosque; o si lo imaginamos en la vida real pensemos en la madre que abandonó emocionalmente a Luis niño. Un padre así encerrado en una cómoda casa (pensemos en el hogar de David y Mónica en la película) sólo podría salir de ese encierro domiciliario después de procesar toda onza de su pecado y de su dolor; no sólo lo que le hizo a su hijo, sino lo que le hicieron, a su vez, de niña. Para facilitar el duelo, imaginemos que los evolucionados mecas (o extraterrestres, según se quiera), poseen máquinas para ver el pasado en forma de una simple televisión en el hogar-prisión. La otrora abusiva madre tendría, por necesidad, que revisar su vida infantil y llorar y rabiar todo lo que no le permitieron hacer de niña: el duelo omitido con el que virtualmente todo Homo sapiens carga.

Como la tecnología de los mecas/ETs es avanzada, también son capaces de rejuvenecer a la madre en caso de que esté “viejita” para tolerar semejante odisea espiritual, la cual puede llevar años. La meta final del duelo es una suerte de metamorfosis intra-psíquica como la que Solyenitsin sufrió en los calabozos del Gulag.

Con el tiempo en esta cárcel-mansión, estando incomunicada y ayudada con papel y lápiz para concretar no sólo los miles de soliloquios del duelo sino la confesión autobiográfica, una vez alada y dejando atrás el capullo de la disociación psicológica se le permitiría salir de nuevo al mundo; ahora, con una mente transfigurada.

Eso es lo que necesitan cientos, si no es que miles de millones, de terrícolas: hacerle eso a nuestros padres. Aun de existir las mentadas máquinas para ver el pasado y el elixir del rejuvenecimiento en una civilización avanzada, los ETs sólo podrían conceder la terapia a unos cuantos mortales.

Ese era el experimento de la imaginación que Luis no me permitió contarle debido a sus interrupciones y salidas a la intemperie. La pertinencia de experimentos de la imaginación estriba en que, aunque irrealizables, nos ubican en redondo en la realidad.

Ahora bien, con los recursos del planeta actual, ningún terapeuta es “testigo cómplice” de sus clientes—término de Alice Miller, pero aquí yo lo llevo a sus últimas consecuencias—para secuestrar al padre abusivo y meterlo, aunque sin máquinas para ver su pasado y elixir, en una mansión-cárcel para que desarrolle su alma cual Solyenitsin. Al contrario: al igual que Luis Cuevas, tarde o temprano el llamado terapeuta se pone, cual niño chiquito apegado al perp, de parte de su mami.

En todos los lectores de Miller con que he hablado en internet, tanto hispanohablantes como angloparlantes, ni uno solo ha sido capaz de elaborar un escenario hipotético como el que expongo arriba a fin de conceptualizar por qué la terapia no es posible en el mundo actual: no hay testigo cómplice que se preste a secuestrar a alguno de nuestros padres. A quienes les he presentado mi terapia A.I. les da un miedo irracional y eluden el diálogo honesto incluso a nivel de mero experimento mental, como me sucedió en los foros de otros imberbes: Daniel Mackler y Dennis Rodie.

Published in: on December 29, 2014 at 5:38 pm  Comments (1)  

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One CommentLeave a comment

  1. Como se ve en la posdata a esta serie, un tal Jeff me contactó por email y me felicitó por haber ideado este experimento de la imaginación. A diferencia de esos cobardes lectores de Miller, Jeff sabe que sólo un auténtico ajuste de cuentas con quienes destruyeron nuestras vidas puede sanar el alma humana.


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