Mi respuesta a siete cienciólogos – y a Ron

Como muchas otras, Cienciología es una ciencia oculta. Pero además de ser la religión más litigante del mundo se diferencia en su codicia. Cierta vez vi a un cienciólogo decir en la televisión nacional que su iglesia era una asociación civil. Mentira descarada: una de las principales funciones de la iglesia es la captación de adeptos para engrosar sus arcas. Cierto que hay varios grupos que practican la “tech” o enseñanzas fuera de la Iglesia de Cienciología, que se autodenominan Zona Libre y no le sacan tanto dinero a los creyentes. Los cienciólogos de la iglesia mayoritaria odian a estos herejes. Para el cienciólogo avanzado no hay salvación fuera de su iglesia.

Al momento de escribir la Iglesia de Cienciología ha sido reconocida como religión en decenas de países incluidos Estados Unidos, Australia, Italia y España. No la reconocen en Alemania, Francia, Suiza, Grecia, el Reino Unido y ha tenido fuertes problemas en Bélgica y en Rusia. En las grandes ciudades a veces pueden verse anuncios publicitarios mostrando la portada del libro Dianética. Un monumental anuncio sobre la pared de un edificio en París llega ahora a mi mente. El libro ha sido traducido a diecisiete lenguas incluyendo ruso, árabe y japonés; hebreo, croata y hasta zulú. Muchos otros materiales de la iglesia están disponibles en treinta idiomas. En noviembre de 2005 el Libro Guinness de Récords reconoció que Hubbard era el autor más traducido del mundo, aunque omitió aclarar que es traducido por una casa editorial de la misma iglesia.

Pocas cosas hablan más elocuentemente de la asnada humana que la existencia de palacios de la Iglesia de Cienciología alrededor del mundo, evaluados en miles de millones de dólares. En Los Ángeles la edificación de la iglesia cubre medio millón de pies cuadrados y puede albergar a miles de cienciólogos. También hay enormes edificios en Toronto, Tokio, Boston, Suiza, Alemania, Kemarova y Sydney. Clearwater en Florida, donde están los cuarteles generales de la iglesia, alberga un edificio gigantesco; y la edificación en Saint Hill en Inglaterra es un castillo (aunque los cursos más avanzados se toman en Freewinds, el barco insigne de la Org del Mar). En algunas edificaciones de la iglesia hay una oficina, completamente amueblada con escritorio y todas las comodidades, en espera del retorno de Ron.

El aspecto disneylandesco de Gold Base

A 90 millas al Este de Los Ángeles, Gold Base, del que los cienciólogos principiantes que tienen poco contacto con el mundo secular no oyen hablar, es el corazón del imperio cienciológico. Cubre veinte mil áreas y contiene las instalaciones para la producción de los materiales de la iglesia: videos, libros, revistas, materiales educativos, e-metros y más. Cuenta con canchas de basketball y futbol, un lago y un campo de golf. David Miscavige vive ahí. Las tomas desde satélite de Gold Base, disponibles en internet, proveen una idea de las dimensiones de la propiedad.

En 2005 una maestra de Cienciología me comentó que a la gente castigada en Rehabilitation Project Force (RPF) se le alimentaba muy bien y que incluso les administraban complementos alimenticios y vitaminas. Su declaración contrasta con el testimonio de Susana Villanueva, una amiga mía cuya hermana es una suerte de monja enclaustrada en uno de esos edificios. Al igual que en un convento católico, era difícil verla cuando sus hermanas viajan a Los Ángeles para visitarla. No se les permitía la entrada a la habitación donde vivía a pesar de que, salvo Susana, las demás eran cienciólogas. Aunque la hermana enclaustrada no se encontraba bajo la RPF, cuando la vieron notaron que su cuerpo se encontraba flácido y con poco tono muscular. La tetán estaba mal alimentada, y la iglesia no le costeaba los más elementales servicios médicos. Susana y sus hermanas le pagaron un tratamiento dental muy atrasado por los años de internamiento.

A piece of blue sky de Jon Atack contiene fascinantes anécdotas de este tipo, algunas contadas en primera persona del singular. Siguiendo el mandato del finado Hubbard sobre la Política de Caza Legítima, la iglesia invirtió una fortuna en abogados para suprimir su libro. Casi logran retirarlo de Amazon Books. Los oficiales de la iglesia fueron capaces de intimidar a la empresa, pero ésta lo reintegró debido a que la clientela amenazó con sanciones monetarias.

He dicho que las biografías en las que me basé han sido robadas de algunas bibliotecas. A finales de siglo un lector se quejaba de que en la mayoría de las bibliotecas de Fénix en Arizona las copias del libro de Bent Corydon habían desaparecido, y todas las del libro de Jon Atack. Incluso el artículo de portada que la revista Time sacó el 6 de mayo de 1991 denunciando a la iglesia desaparece misteriosamente de las bibliotecas públicas. Es en el ciberespacio donde los detractores de Cienciología tienen su más preciado foro. Hemos visto cómo los fanáticos de Hubbard destruyeron las copias del primer libro crítico de su iglesia, The scandal of Scientology de Paulette Cooper, y cómo la iglesia le aplicó la más feroz Política de Caza Legítima a esta mujer. Su libro fue rescatado para el público y puede leerse gratuitamente en la red. Me atrevo a pensar que, de haber existido internet en el siglo III, la secta de los galileos no habría embaucado a la ciudadanía del imperio romano.

El mundo comienza a descubrir el poder de internet. Es falso que exista libertad de prensa. En mi propio caso, hasta el momento de escribir esta línea me ha sido imposible llevar mis ideas a los periódicos o a las revistas especializadas. Sólo me ha sido posible denunciar a la siquiatría en internet. Las mejores biografías que se han escrito sobre Hubbard, la de Russell Miller y la de Jon Atack, pueden leerse en la red sin costo alguno. Es muy ilustrativo seguir la controversia entre detractores y apologistas de la iglesia que se da lugar en el ciberespacio, por ejemplo en la Wikipedia en inglés. Aunque al cienciólogo se le disuade a entrar en discusiones detalladas con wogs, han respondido con generalidades en reseñas de Amazon Books. Es importante notar que todas las reseñas negativas sobre los libros de Atack, Russell y Corydon fueron escritas por cienciólogos; no hay reseñas negativas escritas por laicos.

A continuación cito siete frases de cienciólogos apologistas en reseñas de Amazon Books y a renglón seguido ofrezco mi respuesta:

(1) Él [Jon Atack] habría hecho algo mucho mejor si su libro hubiera denunciado la verdadera amenaza a nuestras libertades, forma de vida y cordura: la siquiatría.

Dado su enorme poder, mendacidad y popularidad, la siquiatría es una amenaza mayor para la sociedad que Cienciología. Pero el apologista no parece percibir que todo crimen, incluso los de una seudociencia con menor poder que el de la siquiatría, debe denunciarse. Otro reseñador escribió:

(2) Sugiero enérgicamente que leas los libros reales de L. Ron Hubbard, el fundador de Cienciología. Ve qué es y decide por ti mismo. Si yo no hubiera leído ninguno de los libros originales de L. Ron Hubbard me habría perdido de una gran cantidad de información. Insisto: ve a la fuente verdadera y después forma tu propia opinión.

Al tener acceso a la biblioteca de mi hermano pude leer directamente a Hubbard y lo mismo puede decirse de todo autor que ha escrito libros críticos sobre la iglesia. Leer a Ron directamente sólo ratifica lo que pensamos de él. He aquí lo que nos confiesa otro reseñador:

(3) OK: Soy Cienciólogo. No he leído el libro [de Jon Atack].

Y este es el otro lado de la moneda. Para la imaginación popular el escéptico es un sujeto cerrado. El creyente tiene mente abierta.

Lo opuesto es verdad. Atack es un erudito en el material oficial de la iglesia, y los detractores de otras iglesias han leído mucho sobre literatura eclesiástica. Las escrituras de los teólogos, esoteristas y gurús son clave para ponderar el extravío humano y representan una golosina para los racionalistas. Pero el creyente jamás lee a los detractores. El cienciólogo que escribió la cita de arriba es como un miembro del jurado que se tapa los oídos ante el fiscal (“No he leído el libro…”). Si los detractores somos capaces de escuchar al abogado ¿por qué el cienciólogo es incapaz de escuchar al fiscal?

(4) Hubbard trató de ayudar, y ayudó a millones. Esa es la historia real.

Elemental mi querido Watson. Si el cienciólogo se tapa los oídos ante el fiscal ¿cómo va a saber que semejante declaración es la falsedad misma? Hubbard confesó sus intenciones a David Mayo cuando declaró que el móvil de su empresa era “una insaciable sed de dinero y de poder”. Este tipo de testimonios aparecen una y otra vez, ad nauseam, en las biografías sobre Hubbard. Por otra parte, es ridículo creerle al reseñador la estadística de “millones” de fieles. A inicios del siglo XXI la cifra real de estudiantes de Dianética y Cienciología se encuentra alrededor de 100 a 200 mil.

(5) Objetivo [del libro de Jon Atack]: propaganda negra pagada para engañar a los intelectuales. Quien haya financiado este libro […].

El cienciólogo que, por consigna, jamás escucha al fiscal no puede confrontar la evidencia presentada por la fiscalía. Toma un atajo: cuestiona las motivaciones del autor. La manera más común de hacerlo es la teoría de la conspiración, tan común en las sectas. ¡Alguien debió haberle pagado al fiscal! Así, el acusado en estas biografías es, por definición y sin juicio alguno, inocente de todo cargo. El creyente no le contesta a Atack, Russell o al primogénito mismo de Hubbard. Se limita a lucubrar teorías de conspiración.

Yo mismo he atestiguado esto. En los años ochenta el reportero mexicano Abraham Zabludovski realizó un programa de fuego cruzado en televisión invitando a cienciólogos y a sus detractores. Zabludovski rompió el protocolo de moderador neutral e hizo preguntas embarazosas al representante de la iglesia. Años después oí decir a Rossana Fernández, la directora de CCHR México, que había que responder a esas críticas señalando el alcoholismo de Zabludovski. El mismo Hubbard aconsejó:

Jamás discutas Cienciología con el crítico. Sólo discute los crímenes del crítico: los conocidos y los desconocidos.

Imaginemos a un miembro del jurado que, cada vez que habla el fiscal, se sale de la sala. Actúa así porque está convencido de que, sin escucharla, la acusación es falsa. El miembro del jurado presume así de una infalibilidad apriorística. La cita de Hubbard equivale a decir que él, y sólo él, posee la verdad: y que cual Zeus olímpico está arriba de todo juicio mortal. Sus palabras son paradigma del pecado por antonomasia: la soberbia. Es pertinente señalar que en el siglo XXI la táctica de los voceros de Cienciología es atacar a la siquiatría cada vez que un reportero hace una pregunta impertinente sobre la iglesia. Siguiendo la consigna de Hubbard el vocero no debe responder a crítica alguna.

A inicios del nuevo siglo, A piece of blue sky es el libro crítico más serio sobre Hubbard y Cienciología disponible en el mercado; aún mejor que una biografía crítica sobre Tom Cruise, publicada en 2008, que se enfoca mucho en Cienciología y en los sucesos de Gold Base (el de Russell Miller está agotado y sólo se encuentra en internet o en las librerías del viejo). Cierto que la iglesia demandó a Atack, pero en la corte la iglesia jamás disputó el contenido del libro. La demanda se restringió a una alegada violación de derechos de autor, es decir, de que Atack publicó citas de los textos de Ron. Si A piece of blue sky contuviera material difamatorio resulta demasiado obvio que los oficiales de la iglesia habrían basado en eso su demanda.

No lo hicieron: sabían que de hacerlo perderían el juicio. A quien crea en la versión oficial de la iglesia lo invito a hacer una pequeña indagación en las oficinas del gobierno norteamericano. Los archivos de los años cuarenta, abiertos hoy día a la opinión pública, hablan del servicio de Hubbard en la marina durante la Segunda Guerra Mundial. En internet puede leerse Ron the war hero de Chris Owen, un estudio sobre los archivos navales de Hubbard durante la guerra. Además de que los archivos muestran que Hubbard recibió medallas que ni siquiera existían, también demuestran que estuvo en barcos que no jugaron papel alguno en la guerra. Los papeles que ha ostentado la iglesia al intentar refutar estas acusaciones fueron firmados por un oficial del que la marina estadounidense no tiene registro. El escándalo ha sido tal que ha sido develado incluso en famosos programas televisivos como 60 Minutes y Nightline. Ambos han comentado sobre las discrepancias entre la versión de la iglesia sobre Ron y los documentos de la milicia norteamericana. En absoluto contraste con las hagiografías de la iglesia y las conferencias para cienciólogos que he asistido, en que se sigue diciendo la mentira, en los archivos puede comprobarse que Hubbard jamás participó en combates, ni fue herido ni cegado, ni condecorado con tanta medalla como aparece en fotos fraudulentas que se hizo tomar. El investigador descubrirá incluso que Hubbard fue expulsado del ejército por incompetente.

Otro cienciólogo alegó en Amazon Books:

(6) Dios nos dio los diez mandamientos. ¿Creen ustedes que debemos considerarlos malos por la Inquisición? No se enfoquen en el individuo, enfóquense en sus descubrimientos.

En la parte crucial de mi carta a Germán le dije que, si Hubbard no alcanzó un mínimo de salud mental, su técnica es falsa. El cienciólogo que escribió la frase de arriba vive en un mundo esquizofrénico. Su postura equivale a decir que los descubrimientos de Hubbard sobre salud mental son buenos descubrimientos a pesar de la psicosis de Ron. El último de nuestros cienciólogos escribió:

(7) El 97 por ciento de esta gente está beneficiándose de Cienciología, y ésta les funciona. Al 3 por ciento no les funciona. Este libro [de Bent Corydon y Ron Hubbard Jr.] es acerca de ellos.

Esta es la típica defensa que hacen los partidarios de seudociencias terapéuticas. Como le expliqué a Germán en otro de mis correos electrónicos, todas las terapias sectarias funcionan debido al efecto del placebo. El iniciado en la novedosa secta se encuentra en estado de euforia. ¡Ha encontrado la verdad de la vida! Por eso hay tanto neurótico, alcohólico y adicto redimido en hermandades evangélicas, islámicas y del new age. Desde esta perspectiva el argumento del cienciólogo es irrelevante. Pero aun así quisiera responderle. La primera vez que vi Deaths at flag, una página web de apóstatas de Cienciología, no entendí plenamente su contenido. La página listaba numerosas notas luctuosas de cienciólogos, algunos OT muy acreditados, que murieron de cáncer y otras enfermedades. El lego difícilmente podrá percatarse que lo que intenta comunicar la página es algo muy simple: la Cienciología no funciona. No sólo no le funcionó a Ron: tampoco le funciona a sus seguidores. En mi experiencia de ninguna manera puedo decir que “el 97 por ciento” de los cienciólogos que conocí o siquiera “el 3 por ciento” se enfermen menos que el individuo común. He conocido incluso a un cienciólogo minusválido, considerado genio por sus correligionarios, que toma cursos en Clearwater, la Meca de Cienciología. Sobra decir que no se ha producido el esperado milagro, y lo mismo puedo decir de los problemas económicos, profesionales, existenciales y familiares de sus correligionarios: los mismos que los del resto el mundo.

He citado a los apologistas de la iglesia. Ahora quisiera pasarle el micrófono a un crítico, Terrence Morgan. Para entender lo que Morgan escribió en Amazon Books debo señalar que en ese sitio los reseñadores califican de una a cinco estrellas, como si fuera un hotel, al libro que leyeron. Era de esperar que los cienciólogos, enfurecidos con los libros críticos de su iglesia calificaran a éstos con una sola estrella (Amazon Books no cuenta con el recurso de cero estrellas). Terrence Morgan escribió:

Si quieren ver lo ignorantes que son los cienciólogos échenle un ojo a las reseñas de una estrella de este libro [A piece of blue sky]. Denle un clic al enlace contiguo, el nombre del reseñador que dice “see all my reviews” [Ve todas mis reseñas]. Para la mayoría de ellos este es el único libro que han reseñado.

Exactamente lo mismo puede decirse de los cienciólogos que editan los artículos de Cienciología en Wikipedia. Son monotemáticos: se limitan a editar los artículos de su iglesia, y los escépticos siempre los refutan ahí (Wikipedia se ha convertido en un excelente medio de información sobre las realidades de Cienciología gracias a los editores escépticos).

Los cienciólogos devotos no sólo no leen periódicos: tampoco leen libros ajenos a los de su iglesia. Si tuvieran una cultura mínima estarían conscientes de la información más elemental sobre la vida de Hubbard: que tuvo tres esposas y que sus doctrinas no son originales. Muchos ni siquiera saben que Ron Hubbard Jr. coescribió un libro denunciando a su padre. Cuando trabajaba con ellos la directora comentó en una mesa redonda: “Se fusilaron la frase de Ron” refiriéndose a la conocida máxima “El mayor bien para el mayor número” del utilitarismo inglés del siglo XIX. Repliqué que no fue “fusil”: caló mexicano que designa plagio. Pero no me atreví a informarle que el plagio fue a la inversa: Ron usó la máxima del utilitarismo decimonónico como si fuera propia. Es un mecanismo básico de defensa en toda religión fundamentalista, secta o partido totalitario no ver más allá de la propia burbuja ideológica en la que el creyente se ha autoencapsulado. Como dice el eslogan del partido en la novela de Orwell, “la ignorancia es poder”.

Terminaré este capítulo con una anécdota acerca de mis ambivalentes sentimientos sobre Cienciología. Aquella noche en que di mi conferencia en contra de la siquiatría, escribí en mi diario íntimo algunas palabras:

¡Oh ironía de ironías! Ayer, 23 de julio de 2004, fue mi primera conferencia en la vida —¡justo cuando termino la lectura del Corydon y del libro de Atack sucede esto! Y el aplauso que los cienciólogos me dieron fue de verdad mayúsculo, y la admiración de mis oyentes también. El largo aplauso me sorprendió mucho.

“Nunca había estado la sala tan llena”, me dijo un estudiante. Y no sé si fue Cristina quien me dijo que les encantó.

Lo irónico de todo esto es que no saben que metieron un caballo de Troya en su ciudadela. Realmente tendré que escribir, y hacerlo en grande, sobre Hubbard y sus epígonos. Por cierto, me tomaron una vergonzosa foto con esos libros cuya portada muestra la jeta de Ron.

Eran los lustrosos panfletos de La serie Ronald que el dignatario de Cienciología tan amablemente me obsequió cuando me fotografiaron. Las imperdonables omisiones sobre los crímenes de Ron en esos textos seudobiográficos, y pensemos en los calabozos para niños, me impulsaron a que, una vez obtenida la información pertinente para el presente libro, los tirara a la basura.

Published in: on May 18, 2009 at 4:12 pm  Comments (3)  

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3 CommentsLeave a comment

  1. If only I had a quarter for each time I came here! Superb article.

  2. Un antiguo amigo , tras reencontrarme, me hablo entusiastamente de la “Organizacion del mar” a la que pertenecia. Su grado de alienacion era triste, decia que la “apariencia” de negocio de su iglesia era una “tapadera” para no hacerse sospechosa a sus “enemigos” y que poseian ellos, los cienciologos, una organizacion secreta de “recursos ilimitados” para combatirlos.
    Los cienciologos, al parecer, pierden la capacidad de autocritica hacia su ideologia-crencia.

  3. Buen articulo, tanto en argumentación como en amplitud de contenidos.
    Agradecería indiquen fuentes objetivas para poder informarme de la vida de Ronald Hibbard tanto de su periplo viajero, militar,familiar, su psicosis, etc…
    Un saludo
    Alana


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