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Originalmente inicié este blog como vehículo para publicar mi libro crítico de la Cienciología.

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Originally I started this blog as a vehicle to debunk Scientology for a Spanish-speaking audience.

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Published in: on December 29, 2012 at 6:06 am  Leave a Comment  

El sudario de Turín, 1

Hace poco releí el último libro sobre el sudario de Turín del finado sacerdote episcopal David Sox, quien, como buen racionalista que fue, creía que el sudario era medieval. Pero aquí quisiera hablar de las opiniones de otro sacerdote, uno católico, que creía que el sudario había envuelto al cuerpo de Cristo: el padre Antonio Brambila Zamacona, que hace unos decenios era conocido en México por el programa televisivo “Charlas con el Padre Brambila”.

La idea es penetrar en el pensamiento teológico de Bambila como paradigma para entender cómo los cristianos se autoengañan. Y la única manera de hacerlo es citar algunos documentos de Brambila que poseo.

En esta foto de 1985 aparece Brambila como figura central del Centro Mexicano de Sindonología (CMS): un grupo de católicos que creen que el sudario proviene del siglo I.

Los principales del Centro en esta foto, Brambila, Rivero-Borrell, y Cervantes a la extrema derecha, ya murieron. En el primer comentario de abajo se recoge el pié de página de quienes aparecen en la foto.

Published in: on May 21, 2018 at 10:22 am  Comments (1)  

El sudario de Turín, 2

La Sábana Santa: nudo gordiano cortado por Dios

por Cango. Dr. Antonio Brambila Zamacona

Charla improvisada durante la ceremonia de inauguración del Centro Mexicano de Sindonología. Versión magnetofónica corregida por el autor.

Cuenta el viejo Plutarco en su vida de Alejandro el Grande, que una vez visitó éste la ciudad de Gordium, allá por las regiones superiores del Asia Menor, y que allí lo confrontaron con lo que ahora se llama un reto. Un ocioso había hecho un nudo tan apretado, tan complicado, que nadie podía soltarlo. Le picaron la vanidad al joven emperador, conquistador de imperios. Él dijo “¿Cómo no? Lo que nadie ha hecho lo voy a hacer yo”. Lo llevaron al nudo, batalló, sudó, fracasó y luego sacó la espada y de un tajo cortó el nudo. De allí viene la expresión que se usa en todas las lenguas modernas: cortar el nudo gordiano, que significa resolver una dificultad insoluble por medios normales, valiéndose de medios anormales.

Ahora: Cristo vino al mundo como signo de contradicción. Así se lo dijo el anciano profeta Simeón a María el día de la presentación del niño Jesús en el templo: este niño será puesto como un signo de contradicción. Y toda la historia cristiana ha sido la verificación de la palabra profética del anciano Simeón.

Cristo es Dios, sí, no; Cristo hizo milagros, claro que sí, claro que no porque el milagro es imposible. Entonces, a partir de ese fenómeno de orgullo intelectual que fue lo que se llamó “l’illustration” [sic], el iluminismo de fines del siglo XVIII y todo el siglo XIX, ha sido la historia de un forcejeo entre el sí y el no.

Los racionalistas han agotado el arsenal de los argumentos propiamente intelectuales para probar que Cristo no es Dios; algunos llegan a haber dudado de su existencia; otros conceden que sí existió pero que no hizo nada de lo que dicen que hizo, ni dijo nada de lo que dicen que dijo. Allí están los cuatro evangelios, documentos históricos que el racionalista trata de desvirtuar. Allí están los hechos de los Apóstoles, historia verdadera de la primerísima hora cristiana. Allí tenemos el testimonio de los restantes libros del Nuevo Testamento, y toda la literatura patrística de la primera hora, todo ello centrado en la persona de Jesús que nació en Belén, predicó en Galilea y en Judea, fue crucificado, murió y resucitó el tercer día. Y aquí se ha producido la contradicción: el sí de los cristianos y el no de los racionalistas de si Cristo murió y resucitó.

A las objeciones de los racionalistas han respondido las argumentaciones de los creyentes. Cada ataque ha recibido una respuesta y, sin embargo, queda un estado de duda para muchos.

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Respuesta de C.T.:

En realidad, han sido los cristianos tradicionalistas, como Brambila, quienes no han respondido a las argumentaciones de los exegetas: que básicamente demuestran que gran parte de las narrativas del Nuevo Testamento no son sucesos históricos. Quien sepa inglés puede consultar una colección mía de tres eruditos del Nuevo Testamento: un católico y dos escépticos, enlazada en la última palabra de esta entrada.

Sindonología es el estudio de la llamada Sábana Santa o sudario de Turín, cuya imagen aparece a la izquierda.

Vale decir que el católico de la mencionada colección no es otro que el mismo Ian Wilson, un historiador admirado mucho por los sindonólogos, en tanto que su libro The Turin Shroud intentó, por medio de una ingeniosa teoría, cubrir el vacío histórico desde el siglo I hasta la aparición del sudario en los años 1350.

Aunque el católico Wilson defiende a capa y espada la teoría de que el sudario es la mortaja que cubrió el cuerpo de Jesús, en uno de los textos enlazados abajo reconoce que los evangelios son muy problemáticos desde el punto de vista de la historiografía moderna.

Los párrafos de Brambila citados arriba son como la tercera parte de su charla en la inauguración del Centro Mexicano de Sindonología.

En las siguientes entradas recogeré otros. El enlace prometido sobre la crítica al Nuevo Testamento es el siguiente (en inglés).

Published in: on May 21, 2018 at 10:19 am  Leave a Comment  

El sudario de Turín, 3

Brambila dijo:

La persona de Cristo es como un nudo gordiano: unos creen haberlo resuelto pero se equivocan, otros dicen que nadie lo puede resolver y por eso ellos mismos renuncian a lo que les parece una tarea imposible. La última oleada de racionalismo la tuvimos en Alemania, en todo lo que ha corrido el presente siglo. Todos los aquí presentes habrán oído hablar o leído algo sobre la desmitización. La palabra la inventó Rudolf Bultmann, un pastor protestante totalmente racionalista, profesor universitario, que dedicó su vida a la tarea de probar que lo sobrenatural no existe, que los milagros referidos en los evangelios no fueron tales milagros, sino mitos inventados por la presión religiosa de la primera generación cristiana.

Y tras Bultmann han surgido muchos que hacen sus primeras armas en la desmitización. Y nosotros los creyentes cada vez nos afirmamos más hondo, más claro. Nosotros estamos convencidos de que nuestras respuestas son eficaces; pero del otro lado de la frontera ideológica siempre hay almas que se encuentran en un estado un poco crepuscular, ni de día ni de noche. Parece que sí, porque el cristianismo es un fenómeno tan enorme, que pide una causa enorme. Debe haber siempre una proposición entre la causa y los efectos. El fenómeno cristiano es de tal enormidad que sólo se puede explicar por una causa de veras enorme.

Y sin embargo hay quienes dudan. Están delante del nudo, trataron de soltarlo, no han podido soltarlo y no saben qué hacer. Y hay muchos que oyendo a un racionalista en la universidad y oyendo después a un brillante expositor de la fe católica en otro lugar, se quedan un poco como debió estar Alejandro cuando se convenció de que tampoco él, siendo quien era, podía desatar el nudo gordiano.
 

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Respuesta de C.T.:

“El fenómeno cristiano es de tal enormidad que sólo se puede explicar por una causa de veras enorme” dijo Brambila hace ya treinta y cinco años de este día que le contesto. Pero lo que omite es que la enorme causa fue el mayor crimen que se ha cometido en la historia de Occidente: la destrucción del mundo clásico perpetrado por cristianos, quienes quemaron bibliotecas enteras; destruyeron los bellos templos y las excelsas esculturas, además de prohibir el helenismo. La destrucción inició con Constantino y duró siglos, llevándonos a la edad de la oscuridad.

Una serie cuenta esta tragedia, que estoy recogiendo en La hora más oscura (aquí). Es muy probable que Brambila desconociera el mayor crimen cometido en Occidente. Para una traducción mía del escrito enlazado arriba, véase aquí. La manera en que enseñan la patrística en las escuelas para sacerdotes, donde Brambila estudió, oculta la historia criminal del cristianismo.

Published in: on May 21, 2018 at 10:13 am  Leave a Comment  

El sudario de Turín, 4

En su charla de inauguración del Centro Mexicano de Sindonología, Brambila dijo:

Esta situación de polémica podría prolongarse inconclusivamente hasta el fin del mundo, a menos que tenga o haya tenido lugar una intervención desde fuera y desde arriba de la polémica verbal, comparable al tajo de la espada de Alejandro sobre el nudo gordiano.

Siguiendo la lógica de Brambila, ¿por qué tuvo pues que confundir Dios a los fieles con las pruebas del Carbono 14 que se le harían a la tela cinco años después de su conferencia? El canónigo no parece percatarse de que la prueba central aún no se le había hecho a la reliquia: su datación radio-carbónica. Todo lo demás era secundario en tanto que no es conclusivo. En lugar de esperar la prueba central, Brambila se apresuró a proclamar lo siguiente:

Y este tajo ha tenido lugar. Es la Sábana Santa que Cristo nos legó el domingo de Pascua y que sólo la avanzadísima ciencia del siglo XX nos permite comprender. La situación de las cosas en el momento actual, y prescindiendo de las disputas universitarias, es ésta.

Existe un lienzo de poco más de cuatro metros de largo por metro y diez de ancho que presenta dos improntas, una frontal y otra dorsal de un cuerpo humano flagelado, martirizado y alanceado a muerte y coronado de espinas, y esto con la inversión de luces propias de un negativo fotográfico, impensable antes del descubrimiento de la fotografía hace siglo y medio, y que por sí sola excluye de manera total la idea de la falsificación.

Históricamente la Sábana Santa había sido la más venerable de las reliquias cristianas; pero ahora es un objeto que está ahí, que desafía a la ciencia y a la incredulidad. El tajo se ha producido, el nudo está cortado. Y la Sábana Santa hay que explicarla.

Brambila se refiere a la famosa fotografía de Secondo Pia (artículo de Wikipedia: aquí). Pero el mismo año en que Brambila dio su charla, el americano Joe Nickell publicó un libro escéptico sobre el sudario, donde reprodujo fotografías de unas réplicas que él mismo, Nickell, hizo en un bajo relieve, frotando una tela con pigmentos; réplicas que también muestran un carácter cuasi-negativo.

Brambila exagera un poco al llamarle llanamente “negativo” en tanto que la imagen del sudario es un cuasi-negativo. Si bien podríamos excusar a Brambila que en 1983 desconociera el libro de Nickell, no es excusable que en los siguientes años no corrigiera su posición en este punto específico.

Y aquí debo mencionar una anécdota epistolar que retrata la mente de los sindonólogos.

Cuando estudiaba al sudario, me suscribí al boletín de Ian Wilson; al boletín del australiano Rex Morgan, y a la revista que Wilson llamaba el Rolls Royce en sindonología: Shroud Spectrum International de Dorothy Crispino, que actualmente puede leerse online aquí. Esas revistas yo las tenía impresas, y temo que mucho del material que acumulé sobre el sudario se ha perdido. Aún poseo algunos de los números que pueden leerse en la liga que puse arriba en este párrafo. Pero me duele que, ahora que busqué la correspondencia que había mantenido con sindonólogos hace decenios, sólo encontré una fracción no sólo de la correspondencia, sino de las revistas, boletines e incluso libros.

En otro lugar escribiré cómo fue que se perdió todo aquello junto con otras de mis pertenencias. Ahora lo que quiero decir, y es una pena que no pueda citarla verbatim, es que, cuando en 1987 Nickell publicó una edición revisada de Inquest on the Shroud of Turin, le pregunté a Crispino si iba a publicar una reseña en Shroud Spectrum International. Eran tiempos en que aún no se usaba el correo electrónico. La manuscrita de Crispino era bella como las misivas de mi abuelo a quien nunca conocí. Pues bien: Crispino me respondió que tenía cosas más importantes que publicar. Y eso es en lo que debemos reflexionar.

Los escépticos somos ávidos lectores de la literatura de los creyentes. Pero los creyentes no corresponden el favor. Leer al oponente no sólo lo hacen los escépticos en parasicología, sino aquellos que estudian otras seudociencias, digamos, la ufología. Pero el interés por lo que dice el opositor va de un solo sentido. Cuando uno indaga entre parasicólogos, ufólogos o sindonólogos si han leído literatura escéptica sobre su campo de estudio, nos topamos con que es rarísimo que un creyente lo haga.

Piénsese en la lujosa colección de revistas de Crispino por ejemplo: la única revista sindonológica cuyos manuscritos eran pasados por la revisión de pares antes de hallar lugar en la revista impresa. El primer número de Shroud Spectrum International apareció en 1981 y el último en 1993. Uno podría pensar que, en más de una década, la revista podría haber publicado una reseña del único libro escéptico que entonces una editorial renombrada, Prometheus Books, circulaba en el mercado. Pero no. La editora de la revista me dejó en claro que había libros más importantes que reseñar.

La asimetría entre creyente y escéptico de una seudociencia es mucho más grande de lo que a primera vista pudiera parecer. La gente que traté en el Centro Mexicano de Sindonología (CMS) sólo conocían el trabajo de Nickell por habladurías. El lugar de reunión del CMS, donde yo solía ir, sigue en la Arquidiócesis Primada de México, ubicada en la calle Durango #90 de la capital, conocida popularmente como la “Mitra” y que alguien me dijo que era como la embajada del Vaticano en el país.

Pues bien: cuando investigaba al sudario fui varias veces al lugar de la Mitra donde había una biblioteca. Ahí se realizaban las reuniones del CMS, y aunque ya tiene mucho de que investigaba al sudario, podría apostar que aún no cuentan con el libro de Nickell, y no hablemos de escribir una reseña sobre uno de los más recientes libros escépticos, ni siquiera para rebatirlo.

El contraste de los sindonólogos conmigo, que leía con interés cada número de Shroud Spectrum International que me llegaba, no puede ser mayor.

Published in: on May 21, 2018 at 10:07 am  Leave a Comment  

El sudario de Turín, 5

Brambila aseguró:

Esto es un hecho. Todo converge. Los estudios del criminólogo Max Frei demuestran que la Sábana Santa estuvo en Jerusalén, en la región del Asia Menor, en Edesa, luego en Constantinopla, en Francia y finalmente en Italia. Esto no es opinión personal de nadie, no es cosa de racionalistas o de creyentes; es un hecho.

Este pasaje de la charla de Brambila ilustra a la perfección aquello de lo que me quejaba en la previa entrada. Sin creer que el Sudario era la mortaja de Jesús, me subscribía a la revista de la muy católica Dorothy Crispino: revista que, a pesar de nuestras diferencias, me fascinaba. En cambio, el políglota Brambila no estaba dispuesto a escuchar al incrédulo.

A la izquierda, la copia de la revista del Skeptical Inquirer que hace ya tanto leí: los primeros artículos escépticos que leí sobre el sudario. Se ve así porque le arranqué la etiqueta blanca que le había puesto para sacarle la foto, la cual decía: “Esta revista pertenece a César y jamás debe salir de este estudio” en prevención a la cantidad de invitados que mi familia invita al estudio del piano, donde también se encuentra mi biblioteca.

El previo año de la charla de Brambila se había publicado el número del Skeptical Inquirer cuya copia aparece arriba. De haber seguido la táctica que yo seguía—leer al oponente con avidez—Brambila se habría suscrito a esta revista para escépticos, o al menos habría mandado a pedir ese número específico. Entre esos artículos había uno de Steven Schafersman, un micropaleontólogo profesional: probablemente el primero en sugerir públicamente que Max Frei podría haber cometido fraude científico con sus alegatos sobre el polen respecto a los lugares geográficos que Brambila menciona.

Años después de la muerte de Brambila el Skeptical Inquirer publicó un artículo de Joe Nickell, que tengo enfrente de mí. En el sumario de este artículo sobre el trabajo de Max Frei, puede leerse:

Se ha demostrado que el Sudario de Turín es una falsificación artística, pero un pequeño grupo de entusiastas aún cita la supuesta presencia de polen palestino como un contra-argumento importante. Ahora parece que el estudio del polen fue un ejercicio de autoengaño o de fraude científico.[1]

El mismo año en que Nickell publicó ese artículo asistí a mi primera conferencia estadounidense del CSICOP, celebrada en la ciudad de Seattle, donde lo conocí. Como se lee en el sumario, el artículo del Skeptical Inquirer dejó abierta la posibilidad de que podría haber sido autoengaño o fraude. Ya en persona Nickell me dijo abiertamente, refiriéndose a Max Frei, “He faked his data”, esto es, que creía que Frei había falsificado la recolección de sus muestras.

Para probarlo, en su artículo Nickell cita dos de sus misivas de 1993 con Walter McCrone, quien revisó las muestras de Frei después de que éste muriera. McCrone escribió que era muy dudoso que las muestras de polen estuvieran sobre el Sudario cuando Frei recogió sus partículas durante el examen de 1978.

Frei y McCrone habían sido amigos pero una vez que Frei murió, McCrone se sintió con la libertad de levantar sospechas sobre la integridad de su colega. De cualquier manera, había sido el mismo Frei quien, ya antes de estudiar al Sudario, había dictaminado que los fraudulentos Diarios de Hitler eran genuinos. Esta nueva sombra arrojada sobre la legitimidad del trabajo de Frei, a raíz de lo que McCrone vio en su telescopio después de que las muestras de su colega llegaran a su laboratorio, debiera mover a los sindonólogos a una pausa; a ser pacientes, y esperar el permiso de Turín para volver a hacer una recolección de partículas de la tela: esta vez con un protocolo más estricto.

No obstante, como hemos visto, esta no es la táctica que siguen los sindonólogos. Éstos ni siquiera se enteran de que un estudio que ellos consideran sólido fue puesto bajo severas dudas en el numero del Skeptical Inquirer cuya portada se ve a la izquierda. No me extrañaría que, en sus reuniones, siguieran creyendo las palabras de Brambila sobre el polen de Frei: “Esto no es opinión personal de nadie, no es cosa de racionalistas o de creyentes; es un hecho”.
 
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[1] El original en inglés: “The Shroud of Turin has been shown to be an artistic forgery, but a small group of enthusiasts still cite the supposed presence of Palestinian pollen as a major counter-argument. It now appears that the pollen study was an exercise either in self-deception or outright scientific fraud” (“Pollens on the ‘Shroud’: A study in deception”, Skeptical Inquirer, verano de 1994, páginas 379-385).

Published in: on May 21, 2018 at 10:04 am  Leave a Comment  

El sudario de Turín, 6

Palabras de Brambila:

Y aquí se confirma la tradición histórica no obstante sus lagunas. La arqueología reconoce que se trata de un lienzo tejido con técnicas conocidas en Egipto y Palestina en el siglo de Cristo.

Parece mentira, pero sólo en tres líneas hay tanto que dedicaré una entrada a contestarle a Brambila y a quienes oyeron su charla. Vamos por partes. Primero esto de que la tela “confirma la tradición histórica no obstante sus lagunas”.

Pura fantasía. Brambila se refiere tácitamente a lo que dice el católico Ian Wilson: la identificación del sudario de Turín con el famoso Mandylion de Constantinopla, teoría expuesta por primera vez en su libro The Turin Shroud de 1978.

Aunque esa teoría es generalmente aceptada por la mayoría de los sindonólogos, ha sido vista con gran reserva entre los miembros del Centro Internazionale di Sindonologia, y también por Giulio Ricci en Il Santo Volto di Genova, publicado en 1988 por el Centro Romano di Sindonologia. Nótese que esta gente no es escéptica de la reliquia de Turín. Verdaderos escépticos son, en cambio, Nickell y McCrone. Pero incluso John Heller, un miembro del Shroud of Turin Research Project (STURP), escribió en un libro crédulo del Sudario:

Yo sabía por mis propios estudios que la historia de Wilson era un fantástico collage, y sospeché que su historia del arte lo podría ser también.[1]

Si eso lo escribió un miembro del pío STURP en un libro dirigido a quienes creen que el lienzo es la mortaja de Cristo, ya podemos imaginar lo que Nickell escribió en su libro completamente escéptico.

Para colmo, el número 6 de Shroud Spectrum International, que como vimos en la anterior entrada el mismo Wilson reconocía como el “Rolls Royce” de las revistas sindonológicas, publicó, en marzo de 1983, un erudito artículo de Malcolm Barber, “The Templars and the Turin Shroud”. Barber critica ahí la teoría de Wilson de forma más extensa y académica que la mención pasajera del libro de Heller. Nótese que Brambila aún vivía cuando Barber publicó el artículo arriba enlazado; y no olvidemos que la editora de la revista, Dorothy Crispino, era una gran fan de la autenticidad de la reliquia.

Sobre la otra declaración de Brambila, “La arqueología reconoce que se trata de un lienzo tejido con técnicas conocidas en Egipto y Palestina en el siglo de Cristo”, tengo que hablar. Y tengo que hacerlo porque eso involucra unas anécdotas de mi propia vida con el entonces presidente del CMS, Enrique Rivero-Borrel, quien en la foto de la primera entrada aparece con bigote arriba de Brambila.

Pues bien, yo sabía, por la enorme cantidad de literatura sobre la reliquia que leía, que los exámenes textiles no eran concluyentes. Ya que mencioné a Wilson, debo añadir que él escribió algo que vale citar:

Debe ser reconocido que, durante el medievo, el algodón era producido en Italia, mismo que era manufacturado en Francia, Italia y los Flandes. En términos generales, la evidencia de Raes es ambivalente: muestra que el Sudario pudo haber sido producido en la Palestina del primer siglo, mas también en la Europa del siglo XIV.[2]

Gilbert Raes era un experto en textiles a quien se le permitió cortar una pequeña muestra del sudario de Turín. Pero vayamos a la memoria que quiero recoger.

Ya tiene muchos años, pero aún me llega mucho muy fresco que, en una de las reuniones del CMS, le dije a Rivero-Borrel que lo que había dicho en una reciente conferencia, que los exámenes textiles no dejaban duda de que la tela era del primer siglo, estaba infundado. Le cité la literatura que menciono arriba. De hecho, los pasajes en sangría que puse arriba los saqué de un artículo mío que, por ser demasiado escéptico, no fue aceptado en el boletín del CMS para su publicación. Pero si bien recuerdo Rivero-Borrel había leído el manuscrito.

Después de lo que le dije, en presencia del padre Faustino Cervantes y otros que no recuerdo, me quedé con la idea de que, dado que las fuentes que le mencionaba a Rivero-Borrel provenían de sindonólogos creyentes, las iba a tomar en cuenta.

¡Cuál sería mi sorpresa un par de años después!

Dejé de frecuentar el CMS, No obstante, compré un video de Rivero-Borrel en una tienda. El video se titula La Sábana Santa: un documento insólito. Es un VHS donde Rivero-Borrel ya se veía acabado comparado con el animoso hombre que conocí (luego me enteré que moriría no mucho después). Aunque ahora que escribo el video se encuentra enfrente de mí, no lo puedo ver porque ya no poseo el aparato VHS. Pero lo que me sorprendió sobremanera cuando, hace ya tanto, lo vi, es que ¡Rivero volvía a hablar del textil y de la teoría de Wilson como si fueran hechos absolutamente comprobados! Lo del textil me llamó mucho la atención, porque fue algo que le había dicho a Rivero-Borrel varias veces.

Hace años yo era un ingenuo. Creía que argumentos basados en hechos sólidos podrían persuadir al creyente a que modificara sus opiniones. Pero Rivero-Borrell ni siquiera se dejaba convencer por sus correligionarios sindonólogos (Wilson y el artículo de Shroud Spectrum International). Lo que entonces ignoraba es que las opiniones del creyente convencido tienen más que ver con la fe que con la evidencia.

Quisiera terminar esta entrada con dos imágenes.

Homenaje a Rivero-Borrell por su Conferencia #1000 del llamado sudario, con misa e imposición de la medalla en la Catedral Metropolitana con el Cardenal Ernesto Corripio Ahumada.

 

Condecoración y Diploma de 1986,
Crux Pro Ecclesia et Pontifice a Rivero-Borrell.

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[1] Heller, John. Report on the Shroud of Turin, Boston: Houghton Mifflin, 1983, página 13.

[2] Wilson, Ian. The Mysterious Shroud, NY: Doubleday, 1986, página 42.

Published in: on May 21, 2018 at 9:56 am  Leave a Comment  

El sudario de Turín, 7

El teólogo Brambila le dijo a los fieles:

Y luego toda la observación de las características de la Sábana Santa lleva a un grupo de científicos que durante cinco días y cinco noches, con lo más adelantado de los equipos científicos de la última hora estudian la Sábana Santa y llegan a la conclusión de que allí estuvo un hombre, realmente muerto, que inexplicablemente desapareció dejando intactos los lienzos, y grabada en ellos su impronta. Es que algunos racionalistas, en un esfuerzo desesperado por negar la resurrección, negaron la muerte de Jesús, y afirmaron que se había escapado vivo de la tumba y que se había ido a perderse y morir en lejanas tierras.

Brambila probablemente se refería a uno de los libros que en ese entonces se estaba vendiendo en las librerías mexicanas, alegando que Jesús había muerto en Cachemira. El escritor de semejante bodrio era todo menos un racionalista.

Pero lo que debo analizar en esta entrada es su primera declaración, en que tácitamente se refiere al grupo Shroud of Turin Research Project (“un grupo de científicos que durante cinco días y cinco noches, con lo más adelantado de los equipos científicos de la última hora estudian la Sábana”).

John Jackson y Eric Jumper del STURP con el sudario.

Lo que Brambila dijo es sumamente engañoso. Un lector casual que leyera esa transcripción de su charla pensaría que los científicos que habían examinado la tela eran imparciales. La realidad es que eran más que cristianos: cristianos con la agenda de demostrar que las improntas eran milagrosas.

Hace treinta años yo gasté dos años de mi vida en leer una enorme cantidad de literatura sindonológica. Aunque, como he dicho, perdí la mayor parte de esa documentación, recuerdo perfectamente una sorpresa. Leí un reporte preliminar, titulado Proceedings y escrito en 1977 por uno de los principales miembros del STURP: Ray Rogers. Nótese que en ese año ninguno de los miembros del STURP había puesto mano sobre la tela. Eso no sucedería sino hasta el siguiente año, 1978, cuando se tomó la fotografía de arriba.

Pues bien: al leer el reporte preliminar de Rogers me topé con la sorpresa de que, incluso el previo año a que viajaran a Turín, ¡Rogers ya hablaba del misterio de la imagen! No tengo el reporte a la mano, pero sí recuerdo que Rogers había acuñado la expresión flash photolisis al referirse al flashazo de luz en la tumba: el mero momento en que Jesús resucitó para dejar su impronta sobre la tela.

En otras palabras, más que científicos imparciales aquí tenemos ni más ni menos que cristianos apologistas con una muy peculiar metodología: ¡Escribamos primero el milagroso dictamen (1977) y después examinemos la tela (1978)!

En el reporte de Rogers de 1981, que sí conservo en mis archivos, leemos que la imagen del sudario es un efecto visual causado por celulosa degradada. El finado Rogers era cristiano. Dije arriba que los miembros del STURP eran cristianos. La excepción era Walter McCrone, quien se separó del grupo al notar que, incluso en Turín, los del STURP “tenían grandes cruces alrededor de sus cuellos; pensé que podrían ser tendenciosos”. Recuerdo haber visto esas cruces en unas fotografías.

No pudo ser más significativo que precisamente McCrone (foto arriba), en su propio reporte del mismo año del 81, llegara a una conclusión muy distinta: ¡que la imagen estaba formada por pigmentos!

Ahora bien: por el solo hecho de que hay una discrepancia de tal magnitud entre el STURP y McCrone debiera ser más que obvio que habría que volver a examinar la tela con un nuevo grupo. Pero ese paso no lo dieron los sindonólogos. Simplemente se pusieron de parte de los cristianos apologistas del STURP, dado que la mayoría de los sindonólogos son ellos mismos apologistas.

En la charla de Brambila, ya dos años después de que Rogers y McCrone publicaran sus reportes, ni por asomo se percibe que la controversia McCrone-STURP existía. Habló como si sólo existiera el punto de vista de un bando; el otro punto, el del advocatus diaboli, es invisibilizado para que nadie lo vea. Y Brambila no está solo. Recuérdese lo dicho anteriormente: que si bien los escépticos somos ávidos lectores de la literatura de sindonólogos creyentes, estos últimos ni siquiera se tomaron la molestia de reseñar el libro de Joe Nickell.

Published in: on May 21, 2018 at 9:51 am  Leave a Comment  

El sudario de Turín, 8

Originalmente tenía pensado no sólo citar el resto de la charla de Brambila de 1983, sino otros de sus artículos de Síndone, el boletín del CMS; así como el obituario que su gran amigo, el padre Faustino Cervantes, escribió después de su deceso. Pero los sucesos de la semana pasada en Inglaterra, de los que he estado hablando en mi blog en inglés (por ejemplo aquí), me han dejando molido y prefiero abreviar esta serie. No obstante, aunque ya no lo citaré en extenso sí quisiera responderle a Brambila un par de cosas, como ésta:

La Tumba vacía y la Sábana Santa son el anverso y el reverso del mismo fenómeno.

Brambila era tan tradicionalista que despachaba, en bloque, la exegesis moderna que se le ha hecho al Nuevo Testamento. En uno de los boletines de Síndone que perdí recuerdo que Brambila mencionaba unos gruesos tratados de (si bien recuerdo) unos discípulos de Bultmann; y que le había dado el carpetazo a esos tabiques en tanto que sólo se hacían bolas. Y qué caso tenía, si el tajo al nudo gordiano—el Sudario—lo resolvía todo.

Puedo empatizar en cierto modo con Brambila porque en España compré el libro Jesús del dominico Edward Schillebeeckx; lo estuve leyendo en el barco en ruta de Valencia a Veracruz, y me pareció insufrible ultra-erudición que sólo nos confunde cuando los elementos son simplísimos.

Y es realmente simple el hecho de que, de los escritores neotestamentarios, el primero que menciona la tumba vacía—recordemos que en las Biblias los libros no están ordenados cronológicamente—fue Marcos. La clave es que ese evangelio termina, en su versión original, con el descubrimiento de la tumba vacía.

Los manuscritos más antiguos de Marcos terminan en Marcos 16: 8, cuando las mujeres huyen asustadas de la tumba vacía. La mayoría de los exegetas creen que esa es la terminación original, dictamen respaldado por las declaraciones de los primeros padres de la Iglesia como Eusebio y Jerónimo. El rollo que, en las Biblias que conocemos, nos llegó después de Marcos 16: 8 fue una interpolación de la iglesia tardía; no las palabras del autor del evangelio.

Esto es una verdadera bomba. Pues si Marcos ni siquiera menciona la aparición del Jesús resucitado a sus discípulos, una lectura crítica de los evangelios nos mueve a concluir que esos versículos fueron leyendas posteriores.

Claro: eso no significa ni siquiera que la tumba vacía del evangelio de Marcos haya sido un suceso histórico. Podría haber sido simplemente una leyenda más temprana a los añadidos de los otros evangelios. Pero menciono lo que los eruditos del Nuevo Testamento dicen del evangelio de Marcos, porque no puede contrastar más esta revelación con lo que Brambila nos quiere hacer creer.

En el último párrafo del artículo de Síndone que transcribe su charla, Brambila concluye:

En todo caso, los estudios sindonológicos de 1978 le dan la puntilla a la superstición decimonónica de que la fe y la ciencia no se llevan. En el caso de la Síndone, es la ciencia la que nos empuja a creer.[1]

Seguro que sí: ya vimos lo que McCrone creyó de los estudios sindonológicos del 78 en que él mismo participó.

 
La prueba central

Ya he dicho que todo lo que hizo el STURP fueron exámenes de asuntos secundarios. Lo que debieron haber solicitado con vehemencia eran las pruebas del Carbono 14 que eran capaces de datar la hechura de los tejidos de la reliquia de Turín. De hecho, podrían verse los exámenes de 1978 como poner la carroza adelante del caballo: las pruebas radiocarbónicas que finalmente se le harían diez años después, en 1988.

A lo largo de su libro The Shroud Unmasked, David Sox (1936-2016) nos hace saber que los sindonólogos con los que trató no querían que se le hiciera la prueba obvia a la tela: la datación por medio del Carbono 14. El por qué de ello es explicable: los seudocientíficos siempre nos quieren presentar sus hipótesis de manera que no puedan ser refutadas. En mi sitio en inglés sobre el sudario de Turín expliqué aquí el importantísimo concepto de “la hipótesis irrefutable”, y no voy a repetirme aquí. Baste decir que semejante hipótesis es lo que distingue a la seudociencia de la ciencia real.

Pues bien, Brambila en cierto modo quería presentar su hipótesis sobre el Sudario de forma no refutable.

El último número de Síndone que poseo recoge una gema. Fue publicado el siguiente año de la muerte de Brambila. El encabezado del artículo nos informa: “La tarde del 23 de noviembre de 1985 varios miembros del Centro Mexicano de Sindonología nos reunimos en la casa del Padre Antonio Brambila a charlar con él. Hemos procurado dejar la espontaneidad vivaz y chispeante de su conversación tal y como fue grabada”.

La transcripción pasada al papel ocupó once páginas. En la última hallé la gema. En su libro Sox criticó a los sindonólogos porque le temían a las pruebas del Carbono. Brambila igualmente le temía a esas pruebas. De las últimas dos páginas de la conversación grabada, en la que se veía claro que Brambila le rehuía a la prueba central cuando sus interlocutores la mencionaban, sólo recogeré estas palabras:

…a mí el carbono 14 me “vale gorro”. [2]

Recuérdese que la transcripción respetó la conversación grabada. “Me vale gorro” es mexicanismo por “Me importa un rábano”. Cuando visitaba al CMS incluso llegué a conjeturar que Brambila inconscientemente se había muerto, el 21 de agosto de 1988, para eludir el shock de los resultados oficiales. Y es que, si bien recuerdo, antes de que los científicos encargados dieran su conferencia pública, ya se comenzaban a filtrar los resultados de forma no oficial.

De izquierda a derecha: el Prof. E. Hall (Oxford), el Dr. M. Tite (Museo
Británico) y el Dr. R. Hedges (Oxford) anunciaron el 13 de octubre de 1988
que el Sudario de Turín había sido fechado con radiocarbono “1260-1390!”

En ese mismo número el sacerdote amigo de Brambila, el simpático Faustino Cervantes, citó en su artículo “Signo de contradicción” a una epístola paulina: Si Cristo no resucitó… vana es vuestra fe.

______________

[1] La transcripción de la charla de Brambila apareció en las páginas 16-18 del primer número de Síndone, en julio de 1983.

[2] “Lo que piensa un teólogo de la Sábana Santa”. Además de Brambila, en esa otra charla participaron María de los Ángeles Chávez, Julio López Morales y su esposa Elenita, Adolfo Orozco Torres y su esposa Marisa, y Enrique Rivero-Borrell. Síndone, junio de 1989, páginas 3-13.

Published in: on May 21, 2018 at 9:48 am  Comments (1)  

The fallibility of the gospels, 1

A chapter from Ian Wilson’s
Jesus: The Evidence

It is perhaps a reflection of today’s emphasis on a Jesus of faith that most modern Christians, practising and non-practising, are quite unaware of the sort of conflicts that have riven the world of gospel studies during the last century or so.

Few realize, for instance, that despite the fact that the canonical gospels bear the names Matthew, Mark, Luke and John, these names are mere attributions, and not necessarily those of their real authors. The earliest writers who referred to the gospels significantly failed to mention names of authors, it being apparent that each gospel, both those surviving and those that have failed to survive, was originally designed as the gospel for a particular community.

A canon of the four ‘recognized’ gospels only gradually came into general usage, at the same time acquiring associations with specific names from Christianity’s earliest years, though the connection was not necessarily legitimate. It should also be borne in mind that the earliest texts had none of the easy identification features that they bear now. Everything, without exception, was written in capital letters. There were no headings, chapter divisions or verse divisions, refinements which were not to appear until the Middle Ages. To make matters difficult even for the modern scholar, there was practically no punctuation or space between words.

Given such considerations it does not need anyone with a Ph.D. in theology to recognize that the Christian gospels can scarcely be the infallible works fundamentalists would have us believe. Examples of one gospel’s inconsistency with another are easy enough to find. While according to the Mark and Luke gospels Jesus stayed in Peter’s house, and afterwards healed the leper (Mark I: 29-45; Luke 4: 38 ff; Luke 5: 12 ff), according to Matthew (8: 1-4 and 14 ff) Jesus healed the leper first. While according to Matthew the Capernaum centurion spoke man-to-man with Jesus (Matthew 8: 5 ff), according to Luke (7: I ff) he sent ‘some Jewish elders’ and friends to speak on his behalf. Although according to Acts Judas Iscariot died from an accidental fall after betraying Jesus (Acts I: 18), according to Matthew he ‘went and hanged himself’ (Matthew 27: 5).

Disconcerting though such inconsistencies are, the fair-minded sceptic might be disposed to regard them as no worse than the sort of reporting errors which occur daily in modern newspapers. But New Testament criticism has gone much deeper than pointing out flaws of this order, there having been, in some quarters at least, a fashion for each new critic to be bent on outdoing his predecessors in casting doubt on the gospels’ authenticity.
 
The parallel passage technique

The first forays into understanding the men and facts behind the gospels began harmlessly enough. Many incidents concerning Jesus are related in two or more of the gospels, and an early research technique, still extremely valuable, was to study the corresponding passages side by side, the so-called ‘parallel passage’ technique.

Careful comparison of the three gospel passages above reveals a fundamental common ground the time of morning, the day of the week, the rolling away of the stone, the visit to the tomb by women. But it also discloses some equally fundamental differences which serve to tell us something about the gospel writers. The Mark author, for instance, speaks merely of ‘a young man in a white robe’, with no suggestion that this individual was anything other than an ordinary human being. In the Luke version we find ‘two men in brilliant clothes’ who appear ‘suddenly’. Although not absolutely explicit, there is already a strong hint of the supernatural. But for the Matthew writer, all restraints are abandoned. A violent earthquake has been introduced into the story, Mark’s mere ‘young man’ has become a dazzling ‘angel of the Lord… from heaven’, and this explicitly extra-terrestrial visitor is accredited with the rolling away of the stone.

Published in: on May 8, 2018 at 4:52 pm  Leave a Comment  

The fallibility of the gospels, 2

A chapter from Ian Wilson’s
Jesus: The Evidence

(David Friedrich Strauss.) This method is useful for showing up which episodes are common to all gospels, which are peculiar to a single gospel, the variations of interest or emphasis between one writer and another, and so on. It is immediately obvious that while Matthew, Mark and Luke have a great deal in common, describing the same ‘miracles’, the same sayings, essentially sharing a common narrative framework, the John gospel is a maverick, describing different incidents and devoting much space to lengthy, apparently verbatim speeches that seem quite unlike Jesus’ pithy utterances reported elsewhere. In about 1774 the pioneering German scholar Johann Griesbach coined the word ‘synoptic’ for the Matthew, Mark and Luke gospels, from the Greek for ‘seen together’, while that of John has become generally known as the Fourth Gospel. It has always been regarded as having been written later than the other three.

As different theologians pursued the underlying clues to the gospel writers’ psychology revealed by the parallel passage technique, so increasing scepticism developed, particularly in Germany during the early nineteenth century. There, a century earlier, a faltering start on a critical approach had been made by Hamburg University oriental languages professor Hermann Samuel Reimarus. In secret Reimarus wrote a book, On the Aims of Jesus and his Disciples, arguing that Jesus was merely a failed Jewish revolutionary, and that after his death his disciples cunningly stole his body from the tomb in order to concoct the whole story of his resurrection. So concerned was Reimarus to avoid recriminations for holding such views that he would only allow the book to be published after his death. His caution was justified.

Following in the critical tradition, in the years 1835-6 Tübingen University tutor David Friedrich Strauss launched his two-volume The Life of Jesus Critically Examined, making particularly penetrating use of the parallel passage technique. Because of the discrepancies he found, he cogently argued that none of the gospels could have been by eyewitnesses, but instead must have been the work of writers of a much later generation, freely constructing their material from probably garbled traditions about Jesus in circulation in the early Church. Inspired by the rationalism of the philosophers Kant and Hegel—‘the real is the rational and the rational is the real’—Strauss uncompromisingly dismissed the gospel miracle stories as mere myths invented to give Jesus greater importance.

For such findings Strauss was himself summarily dismissed from his tutorship at Tübingen, and later failed, for the same reason, to gain an important professorship at Zürich.

Published in: on May 8, 2018 at 4:48 pm  Leave a Comment