Cienciología: La secta a la que mi hermano cayó

Mayo 18, 2009

Introducción

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TRES años antes de su muerte Hubbard escribió: “Yo jamás les he mentido o engañado”. Pero Ron Hubbard Jr. afirmó: “Yo diría que el 99 por ciento de lo que mi padre ha escrito sobre su vida es falso”.

A los estudiantes de Cienciología se les dice que ésta es una reformulación de las verdades místicas que aprendió Hubbard en el lejano oriente, aunque presentada con los rigores de la ciencia occidental. La verdad es que Hubbard hizo exactamente lo mismo que hicieron timadores como Lobsang Rampa, Carlos Castaneda y, en lengua española, J. J. Benítez: escritores que presentaron su ficción literaria como sucesos reales y embaucaron a miles de ingenuos. Al igual que Rampa, el autor de El tercer ojo, un bestseller cuando Germán y yo éramos niños, Hubbard jamás estuvo en el Tíbet. Ni en la India. Y el breve viaje que hizo a China a los diecisiete años con sus padres fue vacacional. Ni siquiera el diario que se conserva del adolescente Hubbard menciona iniciación alguna con los místicos de China. Al contrario: el muchacho Hubbard describió a los templos lama como “miserables, fríos y andrajosos [...]; quienes ahí rinden culto tienen voces como de ranas mugidoras”. Décadas después la iglesia crearía el mito que el joven Ron había pasado veladas enteras con los sabios China. La historia real parece ser que Hubbard cumplía su servicio en la marina norteamericana cuando alcanzó a sus padres, pero al llegar a China no fue bien recibido por ellos, y, posteriormente, intentó inflar su autoimagen con cuentos chinos a fin de que sus admiradores le dispensaran la estima que de chico tan dolorosamente careció.

Contra los deseos de sus padres Hubbard inició su carrera como escritor de revistas sensacionalistasEn los años treinta escribió ciencia-ficción pop, y en los años cuarenta ganaba un centavo por palabra. A ese ritmo tenía que ser prolífico para mantener a su esposa e hijos. A sus amigos, entre ellos Harlan Ellison, les solía decir: “Trabajar por un centavo por palabra no vale la pena; hay que fundar una religión”.

Como la inmensa mayoría de quienes andan metidos en sectas, el estudiante de Cienciología típico es un individuo ignorante. No sabe, ni le interesa siquiera, la biografía real de Hubbard o el marco histórico en que su iglesia surgió. Pocos cienciólogos saben que en 1950 hubo un gran renacimiento religioso en Estados Unidos. Las cruzadas de Billy Graham y otros revitalizaron un cristianismo que al otro lado del Atlántico agonizaba. Todas las iglesias estadounidenses crecieron en prosélitos: movimiento que explica la brecha que se abre cada vez más con el Viejo Mundo. La iglesia de los “moonies”, probablemente con más membresía al principio del siglo XXI que la iglesia de los cienciólogos, nació el mismo año que la Dianética. Además, los primeros cincuenta años del siglo XX fueron los más terroríficos en la historia de la siquiatría mundial, y fue precisamente en el país de Hubbard donde la siquiatría alcanzó su más siniestro nivel. Uno de los datos que mejor retrata el terror siquiátrico que cundió en Estados Unidos en tiempos del Tercer Reich es que algunos médicos alemanes se horrorizaron de las lobotomías de sus colegas americanos.

A manera de reacción ante esta siquiatría bárbara, comparable a los peores experimentos con judíos, en Estados Unidos florecieron sicoterapias alternativas como la orgonomía de Wilhelm Reich o la semántica general de Alfred Korzybski. El cienciólogo común tampoco se percata de la analogía del “electropsicómetro” que a diario usan en su iglesia, inventado por el quiropráctico Volney Mathison en los años cuarenta, con el “neurocalómetro” de los quiroprácticos: un dispositivo eléctrico que supuestamente detectaba enfermedades a través de la médula espinal. Más populares en esos tiempos fueron las “cajas orgón” de Wilhelm Reich, un discípulo de Freud, que cargaban con “energía orgón” al usuario. Lo que es más, la idea de los “tetanes corporales”, el gran dogma de Hubbard según el cual todos sufrimos los recuerdos traumáticos de unos alienígenas, tiene un antecedente en los escritos de otro brillante chiflado: Alfred William Lawson. Lawson creía que en el cerebro humano existían criaturas microscópicas llamadas menorgs que operan los sistemas mentales dentro de las células. Nótese la analogía con Star Wars Episodio I donde la inmensa cantidad de ese tipo de seres en el niño Anakin Skywalker llamó la atención a un maestro Jedi.

La técnica de salud mental de Hubbard hizo su agosto en una Norteamérica desconfiada de una siquiatría opresiva y embaucada con terapias alternativas. Muchos americanos estaban ávidos de sicoterapias simplistas y poco dispuestos a un trabajo interno profundo. Varias veces discutí con Germán acerca de que la única salvación de los desajustes mentales se encuentra en un duelo profundo en la soledad de la recámara. Al igual que millones de humanos mi hermano creyó hallar un atajo, una “técnica” por usar sus palabras, que le prometía curar su alma sin el duelo que me ha llevado a mí, y a otros, a escribir nuestras memorias.

1 comentario »

  1. Estimados

    Definitivamente creo que los adeptos a la Cienciologia se dejan engañar. No es posible que los hagan gastar tanto dinero en las auiditaciones, que no son mas que unas confesiones, que después pueden utilizar en contra de ti.

    De verdad que hay que trabajar en contra de la organización.

    comentario por Ana — Junio 24, 2009 @ 5:28 pm


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